Los estereotipos de género no van a desaparecer en la próxima generación. ¿Pesimista? Quizá, pero es probable que mis bisnietos se enfrenten al estigma social de llorar en público y mis bisnietas al de ser ninguneadas en la selección de jugadores del patio del recreo. Estos roles tienen un fuerte arraigo social y tienden a perpetuarse. Para evitarlo solo hay una salida: educación y empatía.

somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar

Esto lo sabe bien Ame Soler, autora de ‘Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar’, un libro ligero en apariencia y profundo en contenido que trata de hacernos conscientes de cómo los roles de género y ciertos comportamientos “normales” asociados a ellos pueden resultar, vamos a decirlo con suavidad, en una enorme presión para una mujer.

Una mirada a la vida de una mujer

Si me veo obligado a resumir el complejo libro autoilustrado de Soler me quedaría con la frase “una mirada en la vida de una mujer desde la perspectiva de una mujer”. Empezando por su infancia (el libro también contiene marcados tintes autobiográficos) la autora nos hace recorrer el tortuoso camino de quien juega a vivir en un rol definido mucho antes de su nacimiento, un camino de baldosas moradas a final de las cuales hay una bruja frente al espejo.

Con evidentes connotaciones feministas, el libro establece sin necesidad de mencionarlo de forma directa la necesidad de cambiar determinados condicionantes de género. Después de todo, ¿vamos a dejar que “bruja” siga latiendo con sus connotaciones negativas; o vamos a tomar cartas en el asunto y normalizar el hecho de que nuestros genitales no definen el valor que tenemos como personas?

Soler es una Maitena que no busca hacer gracia

Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar interior

He observado detenidamente a mi pareja mientras leía el libro. Seria y con los labios blancos (fruto de apretarlos) en la mayoría de pasajes ilustrados con el evidente toque de Soler, sonreía en algunos y en muchos dejaba escapar una carcajada casi muda. El tipo de risa nerviosa y agridulce de darse cuenta que una se identifica con el personaje del libro. “Es que es verdad”, dice en voz alta ajena al hecho de que estoy allí escuchando.

Soler me recuerda a una Maitena sin gracia, a una Sarah Andersen que no busca hacer reír y sí hacernos ver lo complicado que puede ser el nacer niña, crecer adolescente, y vivir mujer. Parafraseando a Diana Sierra, si los hombres tuvieran la menstruación los tampones los llevarían de llavero. Pero hemos creado una sociedad en la que tener la regla (estar sana, vaya) es motivo de vergüenza.

¿Por qué? Porque seguimos perpetuando estereotipos. Seguimos viendo brujas y marcando una diferencia con los magos. Estos últimos son la cúspide del conocimiento y han de ser venerados por ello. Las brujas están locas, despeinadas y tienen como cura el fuego. Una división cultural basada en los genitales que sigue presente en muchas partes del mundo.

Un libro con el que sentirse identificado

Hace muchos años me desternillaba en un sillón con el genio de Maitena. La facilidad que tenía esta mujer a la hora de retratar con humor los estereotipos de género sin necesidad de apoyarlos me recordaba, al otro lado del espectro, al también genial Dave Barry y su ‘Nosotros los tíos’. Resultaba imposible leer ninguno de los dos sin sentirse identificado, algo para lo que no hacía falta estar equipado con unos genitales u otros.

Encuentro el libro de Soler la vertiente agridulce de estas situaciones. El golpe de realidad que te devuelve al mundo y te saca de viñetas fantásticas y genéricas para introducirte en diseños cuidados al milímetro en el que todos somos capaces de ver el mundo tal y como es. A través de los ojos de una mujer, y en apariencia dirigido a estas, resulta imposible evitar leerlo sin pensar “es que es verdad”.

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