El lanzamiento de una nueva novela de Félix J. Palma, autor gaditano nacido en 1968 y que ha cosechado un gran éxito dentro y fuera de nuestras fronteras gracias a la Trilogía Victoriana, una genial reinterpretación en clave de fantasía y ciencia ficción de las novelas más célebres de H.G. Wells, siempre resulta un suceso a tener en cuenta. Pero la carrera literaria de este autor consta de mucho más que la citada trilogía: varias novelas, antologías de cuentos y una lista de premios ganados imposible de abarcar componen en currículum de una de las voces más sólidas del panorama literario español.

La editorial Destino se decide a lanzar esta novela, El abrazo del monstruo, un thriller que nos pone delante a un autor de éxito cuya carrera va decayendo y que se encuentra con el secuestro de su hija: digo más, el secuestrador imita al villano de la novela que le hizo famoso y le obliga, igual que en el libro, a acometer una serie de pruebas grotescas para rescatar a la niña. Una novela inmediata, rápida, llena de pistas escondidas a simple vista, a medio camino entre la novela de terror y la de misterio.

Pero con luces y sombras.

Y es que, ¿a alguien le suena el argumento de El abrazo del monstruo? Pues sí, es el mismo que el del videojuego Heavy Rain, escrito por David Cage y desarrollado por Quantic Dream. Misma premisa, diferentes personajes, a mitad de la novela de Palma los caminos se bifurcan más aún y, por suerte, no llega al mismo destino.  Una nueva novela de Palma siempre hace que me lance a leer, devorador, como si alguien fuera a llevarse las palabras y hacerlas desaparecer si dejo pasar demasiado tiempo. Pero esta obra, lo confieso, me tiene dividido: por un lado porque me ha encantado su desarrollo, me ha hechizo su prosa (como me ocurre siempre con este autor) y me ha tenido en tensión en los momentos en que, creo yo, más quería provocarme esa sensación.

Hasta ahí, todo bien.

El problema es que me frustra la falta de originalidad del libro. Sí, tiene un par de giros que dan sentido a la trama y que la impulsan y alejan de sus referentes, pero no deja de ser una mezcla entre Heavy Rain, casi cualquier novela elegida al azar de Stephen King, El sacrificio de un ciervo sagrado de Yorgos Lanthimos y un episodio de Black Mirror. Y es esta falta de originalidad la que no comprendo: el lector avispado podrá objetar diciendo que también la Trilogía Victoriana tomaba personajes y elementos de otras obras y los combinaba para dar un nuevo resultado, y estoy de acuerdo. Todo está inventado y tal, pero en anteriores obras el autor usaba elementos conocidos para darnos una historia por completo nueva y desconocida, mientras que en El abrazo del monstruo tengo una sensación de familiaridad que no me gusta: todo me parece conocido, todo me parece una versión de otra cosa que ya me han contado. Por momentos, incluso veo a Palma disfrutando de un episodio de True Detective y pensando que ese tipo de relación policial, entre el cascarrabias y el simpático, ambos con muchas cosas que ocultar, le vendría bien a su novela. Y no es esto lo que le pido al autor de importantes obras como El menor espectáculo del mundo. Toda la novela despide unas ganas desesperadas de aglutinar todos los elementos del best seller más canónico.

Y aunque estas palabras suenen duras (las lea el lector con la entonación que guste), lo cierto es me ha gustado el libro. Entiendo lo que quería hacer el autor, entiendo el por qué de esta trama, de estos personajes, y le veo las costuras, pero quizás ya he leído mucho, ya he jugado y visto mucho, y sea difícil esconderme los trucos. Otro tipo de lector, el que se acerca a una obra sin la presión de escribir una reseña sobre ella, disfrutará mucho más y tendrá una visión más inocente, más placentera, más cercana a lo que el autor quería conseguir, de la que pueda tener cualquier crítico. No soy fan, en absoluto, de expresiones como “se lee muy rápido”, pues el arte del buen leer no debería medirse como se mide una maratón o una sesión de duro entrenamiento, y no aporta nada sobre la calidad de la misma, pero lo cierto es que he devorado las más de setecientas páginas de que consta El abrazo del monstruo en bastante poco tiempo. Esta sería una gran serie de HBO, y no dudo de las posibilidades que tendría el autor para que fuera adaptada a un medio así, y hace las delicias del lector oscuro, el que gusta de la esencia del puro thriller, y se podría medir con Gillian Flynn sin agachar las orejas. Por esto, no quiero que mis impresiones sobre la trama echen para atrás a nadie (que ya se sabe que entre un montón de alabanzas, en lo único que nos fijamos, al final del día, es en la críticanegativa). Dejemos a un lado los lloros: El abrazo del monstruo no es perfecta, no es demasiado original, pero es literatura en vena, misterio puro y una voz potente y elegante, la que eché de menos en la anterior obra de Palma.

Cierto es que, como admirador, le pedía otra cosa al autor: algo más íntimo, más arriesgado, quizás, pero recomendaría este libro a casi cualquiera que guste de leer por el simple y honesto placer de leer.

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