Tenemos un reto como especie, y ya que parece que la tendencia es la de que las ciudades vayan agrupando cada vez un mayor porcentaje de la población mundial, entonces pongámonos a pensar cómo vivir mejor y mejor y mejor en ellas.

Cómo han crecido todas las ciudades del mundo: ver en un mapa interactivo.

Mi idea siempre gira en torno a la misma cosa: veo la ciudad de Sevilla, en la que vivo ahora, o cualquier otra en general, siempre atendiendo a sus particularidad climáticas,  como una unidad, en la que se armonizan las diferentes zonas como si fueran partes del mismo organismo, vivo; y quisiera que a lo largo del tiempo, al igual que se cuida un jardín o un hijo, ese Todo sea un lugar mejor en el que las personas puedan vivir bien, en todos los sentidos.

Una definición

«Una ciudad ecológica es un asentamiento humado modelado en una estructura de autosuficiencia y abastecimiento y con funciones de sistemas ecológicos y naturales. Las ciudades ecológicas ofrecen una abundancia saludable de recursos para sus habitantes sin consumir más recursos (renovables) de aquellos que produce, sin generar más basura de la que pueda asimilar, y sin crear toxicidad para la propia ciudad o el ecosistema. Su impacto ecológico en sus ciudadanos refleja un estilo de vida beneficioso para el planeta; su orden social refleja los principios fundamentales de justicia, igualdad y reparto igualitario

Alemania: cómo es vivir en Friburgo, la ciudad “más ecológica y sostenible” del mundo

«Friburgo era gris como la ceniza, pero ahora es verde y quiere ser aún más verde. Esta ciudad ubicada en el sudoeste de Alemania, a los pies de la fabulosa Selva Negra, fue arrasada por las bombas durante la Segunda Guerra Mundial y decidió reconstruirse con un solo propósito en mente: ser la urbe más ecológica y sostenible del mundo.

Uno lo nota al caminar por Friburgo. En el centro —reconstruido respetando la fisonomía medieval que tuvo desde su fundación en 1120— no se ve un solo automóvil: Sólo entran furgonetas que descargan su mercadería bien temprano por la mañana o taxis que dejan o recogen a visitantes en los hoteles. Tranvías, bicicletas y peatones son los dueños de la calle. De inmediato se aprecia el bajo nivel de ruido. Lo que más se escucha es el timbre de alerta de los tranvías, su suave deslizamiento por los rieles, o el bullicio de los 24.000 estudiantes que avivan esta ciudad universitaria.

El aire que se respira es más puro que en otros sitios. Los lugareños se enorgullecen del bajo nivel de CO2 que emite Friburgo: según datos oficiales, han logrado reducirlo en un 20% desde la década de 1990 y aspiran a disminuirlo un ambicioso 50% en 2030.

Pero eso no es todo: a simple vista pudimos observar que edificios públicos, viviendas, negocios, industrias, instalaciones académicas y hasta iglesias y el estadio del club de fútbol local están cubiertos por paneles solares para asegurarse un suministro eléctrico renovable. Estamos en una de las urbes más soleadas de Alemania. Gracias a esa y otras fuentes de energía verde, además de una política de construcción que apunta a la eficiencia, los edificios de Friburgo consumen un promedio de 65 kilovatios/hora por año, mucho menos que en el resto de Alemania y otras partes del mundo.»

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Masdar city

«La solución al Cambio Climático es una realidad.  El 2016 se termina de construir la ecociudad de Masdar en Emiratos Árabes Unidos, una metrópoli para 50 mil personas 100% sustentable y que reúne todas las soluciones al problema del Cambio Climático».

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