Macedonio Fernández (Fuente).

Si las nubes se disipan o transforman, su belleza  permea constante en el júbilo que otorga la existencia dentro del imaginario colectivo, si se parecen a todos los animales o tan solo a un hombre de perfil, se olvidará; solo será resguardado en la memoria su imponente e inevitable presencia como símbolo de la vida. Si no lo crees sal ahora, busca todas las nubes, observa con calma e intenta diferenciar su altura,  reconocer su movimiento; intenta seleccionarlas etiquetándolas con nombres, distingue sus características más nobles. Luego vuelve al interior de tu casa y con los ojos puestos en la pantalla de cualquier dispositivo, piensa en cómo era todo eso que viste; para tu sorpresa verás que sigue siendo igual de hermoso, pero no hayas detenidamente todo lo observado, sino navegas en un genérico que te acerca a lo vivido y te engaña haciéndote admirarlo.

Así se disipa en mí la imagen de lo que es la literatura; y cada autor que aparece crea nuevas formas las cuales con todo su esplendor no durarán, pues serán con el tiempo genéricos o ideales. Sin embargo podría afirmar que autores me forman tormentas; entonces no hay nubes diferenciables sino un ataque y voluntad salvaje que destruye lo construido. Autores cuya naturaleza es el ósculo de su obra y una personalidad palpitante siendo consumida por un estupor incomprensible para muchos. A éste tipo de autores se llega muchas veces por senderismo, andando en caminos apenas diferenciables por poco transitados entre los helechos y los troncos de tan extenso jardín de información; por un senderismo alimentado de una voluntad que dicta no conformarse con la poca visión del sistema educativo. Así llegue a Macedonio Fernández.

Lo más cercano que había estado de él, era en una línea paralela donde navegaba repentinamente, dentro de las líneas de Cortázar y sus historias de giros y entrelazamientos extraordinarios. Julio fue quien me acercó a Macedonio, pero por ser Julio quien me acercó a Borges, con quien sin saberlo, había caído en las redes macedonianas. (Que más que red, es un laberinto).

Ese espíritu que sentía trabajado con las creaciones de Cortázar, digamos, esa sorpresa que generaba la creación o generación ideal de un cronópio, lo sentía un poco más puro en la insistencia de Borges por el orden y su capacidad de ayudar a crear la realidad, presente en diferentes escritos siendo el Aleph o siendo el Idioma analítico de John Wilkins.

Pasaría que ese mismo brío lo hallaría en su estado casi natural al retroceder por las laderas del ideal filosófico borgiano, comprendido desde mis limitaciones; pues andando en dichas laderas de forma inversa, no siguiendo las infinitas bifurcaciones de su creación, sino regresando hasta sus orígenes primeros y más atrás es como llegue montado en barca naufraga a las costas donde Macedonio dejó inscrito todo su pensamiento; la obra Macedoniana no se limitó a los escrupulosos y maravillosos escritos dejados por su autor, sino creció como ser con autonomía implantándose donde mentes fértiles se interesaban por un mundo nuevo. Y quizá, por ese potencial, es que ahora es necesario retomarlo para llevarlo a nuevas generaciones, tan valioso como toda la gama de escritores ya de giro educativo o plenamente comercial. (Existe cierta triste situación: Las obras de ciertos autores pierden su impacto literario/filosófico tras su éxito popular/comercial).

 Quizá al final de leer su obra, si eres pensador de la línea de Foucault, notarás que al haber éste, citado a Borges en su libro Las palabras y las cosas, ha indirectamente resuelto, que ha sido obra de una voluntad Macedoniana, si no es verdad esto, que se lo pregunten a Alphabeticus.

Es necesario que no se olvide  a Macedonio Fernández, es parte de las nubes que faltaban en la tormenta; porque es entonces cuando se lee, que todo empieza a cobrar un sentido nuevo; rayuela;  lo que de lejos parece mosca; las libretas perdidas de Borges, el sentido de orden de Descartes; la arqueología del lenguaje de Foucault; las pérdidas de tiempo sin órdenes nuevos; es necesario unir todo más allá de un collage excéntrico donde pueda viajar Alphabeticus junto a un cronópio atravesando el Aleph.  En éste sentido, es necesario unir todo en un orden arbitrario donde entre más se conoce a cada autor de éste sincronía, más se asegura la conveniente línea de ascensión. Posible que no termine hasta Macedonio, pero hoy interesa detener la línea ahí para comprender lo determinante de us pensamiento.

La unión de todos los puntos se da de forma casi instintiva; es en cierto punto que se cae en cuenta que uno puede moverse en el tiempo en diferentes direcciones cuando divaga entre autores, obras, pensamientos. Generalmente uno se mueve hacia delante, conociendo la evolución de tal o cual autor. Poco se incursiona en otro sentido, si vagamente se mira en su pasado es para conocer su vida íntima superficial. Sin embargo ésta otra posibilidad de movimiento; retroceder en la evolución ideológica del autor hasta sus orígenes más remotos donde hubo algún autor, causa principal del estupor que lo hizo crear su propia obra.

Esta posibilidad puede unir autores de formas impredecibles. No podría parecerme más una nube aislada ésta parte de la literatura y la filosofía, minúscula pero significativa. Significativa en tanto demuestra el camino que lleva un pensamiento fecundando de mente en mente y evolucionando.

Pues no es que vaya a cambiar el mundo, pero cierta fuerza impulso una sonrisa infantil en mi rostro, postularme, “Las palabras y las cosas” es una obra Macedoniana. ¡Vaya héroe, Macedonio!

Y bien ¿Qué pensó Foucault que Borges pensó? ¿Qué fue lo que Borges pensó por pensar cómo Macedonio? : ¿Qué predispone a la realidad a ser compatible con el orden?

Y sea tal vez que todo orden es aleatorio, no completamente razonable, pero funcional. Como el alfabeto.

Pues de ser correcto que fuera el alfabeto una demostración fehaciente del sinsentido del orden, que viene con todo su sinsentido a confeccionar la realidad, qué se puede esperar de la relación de las palabras y el mundo material que le rodea.

Y aunque la obra de Macedonio no se detiene hasta éste punto, sino que es un tanto más compleja, pues que está guardada dentro de todo el desplegado ideológico que despertó y lo encubre, es ésta parte de su pensamiento la que encausa  un punto fundamental de la incursión de varios autores en nuevas formas de expresión demostrando el potencial de su filosofía.

Y entonces querido lector, no hay más que perder. También puedo afirmar que si había cabezas comerciales del boom latinoamericano, las raíces no abrían sido en todo caso Borges u Onetti; no lo sería Roa Bastos. Y si lo fueran entonces sabemos que parte de las semillas es Macedonio.

No es en todo caso la mejor opción que yo te diga por qué. Pues acercarte al autor y leer su obra pronto te golpeará mostrándote con naturaleza cruda, todo lo que has visto trabajado en autores que llegaron a ti durante tus años de estudiante. Te abrirá en parte la posibilidad de comprenderlos desde un origen.

A su vez, Macedonio es también un cúmulo de pensamientos y personas. Su amigo, y desde mi punto de vista, una de sus mayores influencias, Williams James, filósofo y psicólogo americano, quien trabajaría en comprender el funcionamiento de la consciencia, fue en parte quien ayudó a Macedonio en comprender sus propias incógnitas, pues sus creaciones literarias y pensamiento mostrado, no distan mucho de la incógnita filosófica de la consciencia y la realidad.

Y por supuesto que sí, que todo esto al final, influencia la escritura mexicana. No hay porque negar la influencia ambivalente, y en éste caso, el cómo la escritura argentina ha también potencializado la mexicana.

Esto me termina de convencer, de que todo movimiento tiene influencias casi invisibles, o al menos, pensadores, creadores que trabajan dándole base a nuevos movimientos, quizá, sin saberlo. Creadores del néctar que luego beberán otras generaciones dando vida a lo que en el pasado fue engendrado con paciencia. Siendo ideas, filosofías, imágenes, sentimientos, que conectan atemporales con las mentes contemporáneas interesadas aún en el despertar que causa el trabajo de la escritura o las artes en general.

Estos creadores yacen desprendidos de la necesidad del humor público, o del reconocimiento de un grupo. Son creadores benditos o malditos por el potencial de la convicción, en la búsqueda de una verdad.

Pero… quizá como es mencionado por Borges en una de sus entrevistas con Antonio Carrizo, algo que imposibilita la lectura de Macedonio para las nuevas generaciones, es desconocer el personaje que Macedonio en carne propia reflejaba; −Yo solo puedo leer a Macedonio con la voz de Macedonio –dice Borges a Carrizo.

Sin embargo, no es totalmente imposible, y con una investigación paciente se puede empezar a conformar en la imaginación la nube Macedoniana. Comenzar a retroceder lo suficiente, en la dirección correcta, permite recolectar lo necesario para crear una imagen del personaje y a través de él comenzar a vislumbrar su obra y las consecuencias mencionadas de la misma.

Con la cantidad de información disponible actualmente, es más que posible y necesario que nuevas generaciones retrocedan para alimentarse de los frutos guardados como oro bajo tanta información. En una apocalipsis de nuevos autores que alimenten con ideologías realmente nutritivas, éste tipo de manjares no solo alimentan sino que incentivan nuevas creaciones, pues no pierden el potencial que siempre han tenido.

Es el potencial de un ser que se hace de sí su mejor obra, donde su persona, pensamiento y voluntad, demuestran que lo escrito es apenas asomo de la maravilla de sus ideas. La conexión tan necesaria que debe surgir del mundo contemporáneo con Macedonio, es parte de lo que necesita para destrabar el mecanismo literario y filosófico, dar un giro al pensar, al crear. Su propia personalidad, o el personaje en parte formado por su personalidad, es el complemento que conecta la obra con la realidad haciéndola reconocible.

La mejor forma de comenzar con él, es posible que no sea leyendo su obra solamente; como ya puedes suponer, también contemplar el terreno que abarcó su influencia y el desarrollo de su pensamiento dentro de su vida, su mejor obra fue él; por el pensamiento con el que influenció a los demás.

Por lo que la invitación amable a incursionar en dicho autor, es proponer retomar viejos valores de la escritura y la creatividad que en su labor con la filosofía, movilizan la voluntad de creación; pues si algo hay en Macedonio es el recordatorio de la importancia del crear humilde y firmemente entregado a la verdad que sostenga al autor como su propia obra. Ese es el brío que permite cada autor experimente sin nunca perder noción de quien es, pues sabe que por sincera, su obra es el reflejo de su crecimiento o decadencia humana.

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