Los imitadores de animales no son un invento del siglo XX. El ser humano siempre ha tenido la necesidad de contar historias en las que aparecían, y cuando estas se representaban, como son imprevisibles, era necesario que un humano se caracterizara para que el animal se comportara tal y como se requería. Lo que sí trajo el siglo XX fue el registro visual de esta costumbre, gracias al séptimo arte, y una cierta profesionalización del oficio. Registros como el de Dancing Pig de 1907, que a pesar de su temprana edad es probablemente una de las mejores caracterizaciones animales de la historia del cine. Encontramos las primeras adaptaciones del Mago de Oz, no solo la de 1939. Y en lo que se refiere a la profesionalización, tenemos a por ejemplo a George Ali como Nana el Peter Pan de 1925 o, hablando de el Mago de Oz, a Pat Walshe. Otro de esos imitadores profesionales de animales es Alfred Latell.

Latell desarrolló su carrera en la imitación de animales en el mundo del vodevil, entre 1902 y la la década de 1950. La culminación de su carrera tuvo lugar en la década de 1940, con una o dos actuaciones en Broadway. En 1909 había ganado cierta fama en el mundillo por sus imitaciones de monos, cabras, osos y perros. Este último era el animal que más fama le dio, con su imitación de Bonzo, y al mismo tiempo el más difícil de imitar para Latell, ya que, como explicó en un artículo en The New York Dramatic Mirror, «Para hacer el papel de perro y no resultar cómico hay que estudiar con detalle cada acción que se hace. El perro está tan cerca del ser humano que es el más ligado a él de todos los animales domésticos, con excepción quizá del caballo… El gato es un animal difícil de imitar, aunque no tanto como el perro, debido a que sus movimientos son más lentos. He salido por la noche con mi traje de gato y me he sentado durante horas mirando a los gatos del patio trasero mientras caminaban a lo largo de la valla o se sentaban viendo salir la luna en algunos edificios». Solo por imaginar a Latell saliendo por la noche, vestido de felino, para observar a los gatos en el patio traserio y aprender imitarlo, hay que amarlo.

También se hizo pasar por pájaros. Dijo Latell: «El loro fue una de mis primeras imitaciones de pájaros, y resultó una de las más difíciles, debido a su postura en cuclillas y la tendencia a caer mientras caminaba. Hay nueve cuerdas que deben usarse para trabajar la cabeza, el pico y las alas, y el trabajo es laborioso en todos los sentidos de la palabra».

Latell incorporó toda clase de invenciones para mejorar los disfraces. En el disfraz de perro, por ejemplo, incluyó un tubo especial para la boca que le permitía hacer como si estuviera lamiendo leche; en el de gato levantaba la piel con una cuerda en la parte posterior. Sus personajes no hablaban, tal vez porque los trajes se lo impedían, y siempre iba acompañado por una persona que era la que hablaba y le presentaba.

Parece ser que murió en la pobreza y que fue enterrado en una tumba que ni siquiera llevaba su nombre. Travelanche, que incluso llegó a ponerse en contacto con la familia de Latell, tiene un artículo más detallado con información biográfica sobre este personaje. En él pone que su viuda estaba tan angustiada que tiró todo lo que le recordaba a su esposo, incluido su famoso traje de perro, el de Bonzo. A esto habría que añadir que, por desgracia, no queda ningún registro fílmico de él haciendo imitaciones y las fotografías que han sobrevivido son muy escasas. Tal vez algún día aparezca alguna grabación. A fin de cuentas, en la época en la que Latell desarrolló sus imitaciones ya se tomaban registros de ese tipo de actuaciones.

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