La Feria del Libro de Madrid es un evento mágico para los que amamos la lectura. Cientos de puestos, novedades editoriales y autores esperan a que les visitemos en El Retiro, uno de los espacios más bonitos de la ciudad. Pero el mismo parque que resistió (no demasiado bien) a las tropas francesas en 1800 ahora se resiente ante la llegada de millones de visitantes y sus refrescos.

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Y es que uno de los mayores problemas que tiene este pulmón de la ciudad es la asistencia masiva de más de dos millones de personas al parque. Cuando las multitudes crecen en número y se localizan en un solo punto, el entorno se resiente. Y aunque los organizadores de la feria han dicho que se quedarán en El Retiro, igual es buen momento para considerar moverse (un poquito).

2,2 millones de personas y  8,2 millones de euros

Durante 2018 la Feria del Libro de Madrid vendió 8,2 millones de euros en libros y tuvo una asistencia media de 2,2 millones de visitantes. Las cuentas no son muy difíciles: a 3,72 euros brutos el visitante resulta obvio que el impacto económico de la lectura no está en los libros sino en el alojamientos de los visitantes, el transporte y otros servicios de ocio relacionados.

Aún así el impacto es enorme para la ciudad, y nada en contra con que Madrid tenga este estupendo evento. De hecho, es un orgullo contar con ello. Ahora, cuando la Concejalía de Medio Ambiente aconseja cambiar el espacio de ubicación no lo hacen porque sí. Las visitas están erosionando el espacio.

Así lo atestigua Pilar Sarmiento, Subdirectora General de Parques y Viveros, cuando dijo que “el ideal para el parque sería encontrar un lugar alternativo a la Feria del Libro” por motivos evidentes. Aunque el parque recibe decenas de millones de visitantes al año, la elevada concentración de personas en él durante un par de semanas genera un daño elevado a la flora y fauna.

Evento neutro en carbono, cuestionable

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Quizá por eso la organización de la Feria del Libro de Madrid, en un greenwashing de manual, ha realizado una inversión de cuantía indeterminada para “compensar las 43 toneladas de CO2 generadas en la última edición”. Así lo atestigua el certificado de compensación de emisiones.

Como se desprende del documento se ha intentado compensar el impacto invirtiendo en la selva amazónica de Brasil, a unos 8000 km en línea recta. Intentado es la palabra clave porque resulta evidente que un desperfecto local no puede arreglarse a tanta distancia, además de que es absurdo pensar que 2018 solo generó 48 toneladas de CO2. Los cálculos no salen por muchos motivos.

Para empezar, respirar emite unos 0,72 gramos de CO2 por minuto, lo que multiplicado 2,2 millones de personas por pongamos 10 minutos de visita, dan lugar a 15.840 toneladas de CO2 directo. Pero el certificado dice claramente “CO2 equivalente”, por lo que también habría que contar otras emisiones, generación de residuos, impacto sobre fauna y flora, consumo de agua, transporte, etc.

Eso sin tener en cuenta que el CO2 equivalente no es una medida demasiado precisa a la hora de medir el impacto total de un evento porque, como ya dije en su momento en el artículo ‘¿Cuánto CO2eq ”cuesta“ un ciervo?’, el carbono no es la única métrica de contaminación ambiental.

¿Podemos salvar El Retiro y seguir realizando la Feria del libro?

No me cabe duda de que sí. Como lector voraz y amante de los libros y la cultura me duele cuando se anuncia que la Feria se reducirá cientos de metros de un año para otro. Pero como ciudadano de un lugar como Madrid, y paseante de la misma, nada me gustaría menos que ver languidecer el Retiro.

¿Y si movemos un poco la Feria del Libro de Madrid, quizá solo cientos de metros? Resulta obvio que la sinergia libros más árboles es un clásico del evento, pero será por espacio en la ciudad, empezando por el cercanísimo Paseo del Prado.

Con tres carriles para cada sentido más varios carriles para el transporte público, en el Paseo del Prado ya se encuentran varias decenas de museos y podría ser el espacio ideal para el evento. En su nervio central, también arbolado, caben cientos de casetas. Y siempre está la posibilidad de redirigir el menguante tráfico rodado por Alfonso XII o Menéndez Pelayo.

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La calle Alcalá desde Sol, o incluso la propia Plaza de Sol, también son candidatos a albergar las casetas junto a la cada vez más peatonalizada Gran Vía (con varios kilómetros disponibles) o las plazas Mayor (arriba, en otras ediciones de la Feria), España, Callao y de Santo Domingo. Una feria distribuida por el centro facilitaría su acceso en transporte público y daría aún más espacio a la lectura.

Pero hay más. Desde el Campo del Moro al Matadero existe un pasillo verde hoy infrautilizado y destinado únicamente al paseo peatonal y ciclista que podría nutrirse con kilómetros de libro. Además de tener vistas al río también hay árboles, está bien comunicado desde una docena de distritos, y cerca de los barrios con mayor densidad poblacional.

Más afluencia, menos impacto, más lectura. Opciones hay, y con algunas ganamos todos más, incluido el Retiro.

 

Imágenes | Gentio IV, KaMpErƎ & Le-tticia, Diario de Madrid

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