En mi primera lectura de un cómic de Autsaider Cómics (El club de las chicas malas: Amanecer Rosa), editorial fetiche que acabo de descubrir y que ya tiene un hueco de por vida en mi estantería, me he encontrado riendo, babeando, blasfemando y sin poder cerrar la boca, todo al mismo tiempo. También es la primera obra que leo de Ryan Heshka, y la conjunción de ambas cosas ha dado en uno de los cómics más irreverentes y divertidos que me he echado a la cara. Según la propia editorial, El club de las chicas malas es, entre otras cosas, una mezcla de Archie, Tura Satana y una docena de novelas pulp. Y tiene razón:

«Una banda de mujeres de armas tomar se enfrentará al alcalde y a su corrupto cuerpo de policía para frenar los excesos y abusos que infringen impunemente a la población local. Desde el ayuntamiento se ejerce un poder exagerado, despótico e injusto, cómplice del párroco local y su diácono, implicados en turbios casos de abuso sexual. El Club de las Chicas Malas libra una dura batalla en clave pulp años 50 pateando el culo del patriarcado sin compasión.»

Lo que no te dicen es que el estilo visual de El club de las chicas malas oscila entre los dibujos animados de los años cincuenta y un videoclip de la mejor época de Marilyn Manson. Que su guion es deslenguado, sucio y macarra en los mejores sentidos de estas acepciones, y que el brutal desparpajo con que presenta su crítica al patriarcado y el capitalismo solo es comparable con lo divertido que resulta ver a un grupo de mujeres pin-up dar bien de leches a cuanto tipejo se cruza en su camino. Un cómic que se presenta en blanco y negro salvo por el omnipresente rosa, que sirve como referencia visual, correlato objetivo y todo lo que se quiera. Asimismo, se puede horadar su superficie en búsqueda de un mensaje más profundo, pues el humor es la espada que blanden los inteligentes para hablar de realidades y calado social. No es difícil adivinar en la figura oronda y enrojecida del alcalde un símbolo del patriarcado opresor, en consonancia con el sistema capitalista, que encierra bajo llave los dólares que tanto necesita la mujer protagonista para paliar la enfermedad de su abuelo y que se le niega en virtud del servicio previo que debe realizar. Un mensaje que se acerca a un tipo de feminismo satírico que va en consonancia con la totalidad de la propuesta. Finalmente, y como hablamos de temas, el tratamiento de la violencia tiene algo de inocente en El club de las chicas malas; algo de onomatopeyas que aparecen en pantalla a cada golpe, al estilo de la serie Batman de los 60s.

Todo en esta obra rezuma una insólita unión de pulp y pop.

Decía que era la primera vez que me acercaba a Autsaider Cómics, pero es que su propuesta me ha parecido tan fresca y tan cercana al espíritu verdadero del cómic, que me ha encandilado. Además, la elegante edición en tapa dura y a color resulta magnífica y su precio más que asequible. La linea editorial de la misma parece un caos de rara avis que todo amante del cómic enfocado hacia lo más raro de la cultura pop debería vitorear. Este en particular, del que por su subtítulo se infiere que podría haber más aventuras en camino, parece una versión para mayores de 18 de Esther, o quizás el cortometraje con que Robert Rodríguez vuelva a ser relevante de alguna manera en el cine. Una pequeña delicia llena de mala baba.

Ryan Heshka hace gala de un dibujo simple pero efectivo: un diseño de personaje caricaturesco pero con especial atención a la estética sacada de los años cincuenta; un gusto por el dibujo pin-up que casa a la perfección con el curioso guion y una elección del rosa como color único y predominante (chúpate esa Spielberg) que convierte las páginas de El club de las chicas malas en una suerte de programa de la MTV a través del LSD. Todo muy incorrecto, todo R, todo violencia. Si bebe de alguna fuente, es de Sin City, aunque esto cogido con pinzas, pues El club de las chicas malas no se preocupa en tomarse enserio a sí misma. Tampoco es una sátira, es un divertimento artístico, una obra que se nota sacada del goce puro del artista, y su entusiasmo se contagia al lector.

Autsaider Cómics ha pegado fuerte y su catálogo no podría ser más apetecible. Lo que las grandes editoriales no se atreven a publicar por decoro y por agradar al público más generalista, es de admirar que alguien se atreva a lanzarlo. Esta ya es una de mis editoriales de cómic favorita.

Ryan Heshka, el autor de El club de las chicas malas, es un ilustrador canadiense que ha publicado en medios tan importantes como Esquire, Vanity Fair o Playboy. 

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