Es de primero de Hemingway que el autor norteamericano escribó Adiós a las armas basándose en las experiencias que tuvo como conductor de ambulancia de la Cruz Roja en Italia durante la Primera Guerra Mundial. Apenas unos meses después de comenzar su actividad, el futuro escritor, que por aquel entonces tenía dieciocho años de edad, estaba lleno, según dijo, de «una gran ilusión de inmortalidad»; sin embargo, ese entusiasmo no impidió que fuera herido por el fuego del mortero mientras llevaba chocolate y cigarrillos de la cantina al frente. Mientras se recuperaba de sus heridas en un hospital de Milán, se enamoró de su enfermera, la estadounidense Agnes Hannah von Kurowsky, que serviría de inspiración para la Catherine Barkley de Adiós a las armas.

En algún momento de su convalecencia, concretamente el 24 de septiembre de 1918, Hemingway recibió una carta llena de dibujos aparentemente indescifrables de sus compañeros de ambulancia de la Sección IV de la Cruz Roja Americana (ARC) Brummy (Theodore B. Brumback), Bill (William D. Horne) y Jenks (Howell G. Jenkins). Cuando este documento apareció en 2012 Jessica Green, de la Biblioteca Presidencial John F. Kennedy, comentó que podría tratarse de un pictograma, es decir, una forma de utilizar imágenes para representar palabras. A partir de ese momento muchos fueron los entusiastas admiradores de Hemingway que trataron de descifrar el documento, aportando sus conocimientos relativos a la vida del autor. «La carta es una alegre narrativa de los recientes problemas de los tres amigos», escribió Rebecca Onion en Slate.

Con esos comentarios Green montó una interpretación completa de los pictogramas en el blog de la Biblioteca JFK. Así, la sartén con el huevo que hay al principio representa a Agnes von Kurowsky (Ag suena como un huevo) y la jarra de cerveza desbordada es Hemingway (Hemingstein era un apodo habitual y este era un símbolo usado por Hemingway para sí mismo).

A continuación Green va desglosando la carta pictograma a pictograma, dividiéndola en partes según hablen de Brummy, de Bill o de Jenks. En ella podemos descubrir los planes de los tres amigotes, los deseos de Jenks de tomarse un tiempo para irse a Milán, la desafortunada experiencia reciente de Brummy mezclando bebidas, cómo Jenks intentó desinfectar su cama porque tenía chinches y cómo estas pasaron a la cama de un compañero, los gloriosos resultados de Bill recortando y acicalando su bigote, y mucho más.

Para los lectores modernos, la carta ofrece no solo una interesante visión de la vida del círculo social de Hemingway, sino también del frente italiano en 1918. Y recibir una correspondencia tan divertida durante su convalecencia en el hospital debió levantarle el ánimo a Hemingway. Lo que no sabemos es si esa forma de comunicarse tuvo algún tipo de repercusión sobre su escritura.

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