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Un estudio reciente llevado a cabo por Scholastic bajo el título de «Informe de Lectura para Niños y Familias» indica que el 14% de los niños de entre 9 y 11 años no leyó libros durante el verano de 2018, en comparación con el 7% de 2016. Entre los niños de 15 a 17 años, la cifra sube al 32% en el verano pasado, en comparación con un 22% en 2016. Pero aunque parezca que el interés de los más jóvenes por la lectura ha ido a peor, esa misma encuesta concluyó que casi el 60% de los niños de 6 a 17 años estaba de acuerdo con la afirmación: «Disfruto leyendo libros durante el verano».

La cuestión es cómo ayudarles a que disfruten leyendo. En el mundo en el que vivimos, lleno de distracciones y casi dominado por una dictadura de la pantalla, parece toda una odisea fomentar la lectura entre los más jóvenes Lejos de ser una época complicada, el verano es, además de un momento crucial, un periodo perfecto para fomentar la lectura poniendo en práctica algunas estrategias. Bibliotecarios y expertos en fomento de la lectura dan algunos consejos recogidos en un artículo del Washintong Post.

1. Deja que elijan sus propios libros

Todo parece indicar que los niños que pueden elegir qué leer en su tiempo libre tienen más probabilidades de disfrutar de la lectura y, en última instancia, de convertirse en lectores de por vida. Por tanto, hay que ser tolerante con todos los libros que les interesen, incluso aunque sus cualidades literarias brillen por su ausencia. Todo debería tener cabida: desde las típicas novelas de ficción hasta novelas gráficas o cómics, libros de no ficción o series. Los programas educativos marcan qué tienen que leer los niños dependiendo de su edad y nivel, y eso a veces es más un obstáculo para disfrutar de la lectura que otra cosa, porque se les obliga a leer libros que no les interesa. Si de verdad se quiere fomentar la lectura debería haber libertad total para escoger cualquier libro para el tiempo libre.

2. Ampliar la definición de lo que entendemos por lectura

No es suficiente con que los niños tengan libertad para elegir temática, también deberían poder escoger el formato que más les interese. Los audiolibros y los libros electrónicos son tan válidos como el libro tradicional. Por ejemplo, los audiolibros son perfectos para los niños inquietos, que pueden hacer otras actividades, como dibujar, mientras escuchan. Por otra parte, los libros electrónicos funcionan bien para los lectores jóvenes con dificultades de aprendizaje, que pueden necesitar un tamaño de letra ajustable o funciones de texto con voz, así como para niños a quienes les encanta agregar algo de tecnología a su lectura. Las novelas gráficas son otro formato completamente aceptable. Los dibujos pueden hacer que los libros sean más accesibles, pero eso tampoco significa que siempre sean fáciles. De hecho, algunos expertos en lectura argumentan que las novelas gráficas en realidad ofrecen un ejercicio cerebral real, ya que los lectores deben interpretar simultáneamente palabras e imágenes.

3. Hacer de la lectura una prioridad familiar

Aquí es donde la participación de los adultos juega un papel especialmente importante. La mayoría de los padres ya conocen el valor de establecer límites de tiempo de pantalla. Sí, rechazar las distracciones digitales puede ser difícil, por eso es importante que los niños vean a los adultos leer por placer. Encontrar incluso diez minutos para simplemente sentarse y leer algo que no sea el correo electrónico o las redes sociales puede parecer imposible para los padres ocupados, pero modelar la lectura por placer es una forma fundamental de convencer a un niño de que leer es divertido. ¿Por qué no hacer de la lectura una actividad para toda la familia solo para pasar el rato? Una forma de conseguirlo es incluir tiempo de lectura a las actividades del fin de semana. Treinta minutos para leer en silencio es suficiente.

4. Hacer de la lectura una actividad social

Otra opción es olvidarte de la tranquilidad y planear un tiempo de lectura en voz alta. Esto se puede traducir en leer con un niño o escuchar un audiolibro, por ejemplo, durante un viaje en coche. De esta manera, niños y adultos pueden compartir y discutir el mismo libro. Existen otras formas de hacer que los libros sean sociales: clubes de lectura en los que participan padres e hijos o momentos para leer en familia, donde todos escuchan un audiolibro o leen su propio libro. Además, un libro se puede convertir en la excusa perfecta para ir al cine. Hay muchos títulos que se han acabado convirtiendo en película.

5. Convertir la lectura en un juego

Muchos bibliotecarios infantiles recomiendan agregar un componente lúdico a la lectura. Para ello se pueden elaborar tarjetas de bingo relacionadas con el libro o preguntas que permitan convertir la lectura en un juego. Un ejemplo sería «Spoilers», creado por la bibliotecaria infantil Kendra Wight, que trabaja en la Biblioteca de Sno-Isle, en el estado de Washington. La idea es simple: un adulto y un niño eligen un libro que ambos leerán. El adulto deja de leer exactamente a la mitad del libro, mientras el niño lee hasta el final. Después de terminar el libro, el niño aparece con un final alternativo, luego presenta ese final y el final real para ver si el adulto puede adivinar cuál es el correcto. Wight sugiere iniciar la conversación pidiéndoles a los niños que relacionen la historia con algo que sucedió en la vida real o que hagan una pregunta que les gustaría preguntar al autor. El límite a la hora de crear juegos es la imaginación.

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