Imagen vía Shutterstock.

De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a un crecimiento sin precedentes de los audiolibros. De hecho, en la actualidad es el sector con un crecimiento más rápido dentro de la industria de la publicación digital, y se espera que la tendencia se consolide y vaya todavía más a la alza, con servicios como Storytel y Audible. Hace veinte años, Audible de Amazon lanzó el primer reproductor de audio portátil diseñado específicamente para escuchar audiolibros. Costaba 200 dólares y solo podía contener unas dos horas de audio. Hoy en día, los lectores pueden escuchar cientos de horas en sus teléfonos y elegir entre más de 35.000 libros publicados cada año en docenas de aplicaciones y dispositivos.

Sin embargo, contrariamente a la creencia popular, los audiolibros no son un invento moderno y de hecho su historia comienza mucho antes que los libros digitales. El punto de partida de estos puede remontarse a 1971, mientras que los audiolibros tienen al menos un siglo más de antigüedad. No es de extrañar, porque al fin y al cabo la tradición oral es la forma de difusión de la literatura más antigua de la humanidad y a lo largo de la historia ha servido para unir a los pueblos y para recordarles su historia. Desde el momento en que esa tradición oral se pudo grabar y almacenar se hizo.

De Cuentos para bibliófilos de Octave Uzanne y Albert Robida, de 1895 (Fuente).

1877

Todo comenzó en 1877, año en que Thomas Edison inventó el fonógrafo, un dispositivo para grabar y reproducir sonido. Recitó y grabó una canción infantil popular Mary Had a Little Lamb, y este es el primer registro de un verso grabado. Edison propuso usar su invento para grabar Nicholas Nickleby de Dickens, y este habría sido el primer audiolibro si se hubiera sido posible, aunque para la tecnología de la época grabar una novela completa sobre cilindros de cera era imposible. Los primeros registros solo podían contener unos minutos de audio, por lo que grabar un libro completo aún era imposible. Sin embargo, ese tiempo reducido permitió recoger versos sueltos y poesía infantil.

Mujer escuchando un audiolibro, aproximadamente en 1939 (Fuente).

1930-50

La idea del audiolibro, o libro parlante, se originó por primera vez en el Reino Unido cuando el Real Instituto Nacional para Ciegos probó diferentes formas de producir «libros parlantes» en la década de 1920, a la vez que investigaba el uso de discos de larga duración. como un medio viable para producir la novela de palabras habladas. Sin embargo, la idea acabó cuajando en Estados Unidos. La Biblioteca del Congreso invirtió en un proyecto conocido como «Books for the Adult Blind Project». Puesto que muchos soldados sufrieron lesiones en la visión durante la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, se intentó que los veteranos, y de paso todos los estadounidenses con discapacidades visuales en general, pudiera acceder a libros en formato audio. El cuerpo Auxiliar de Mujeres de la Biblioteca Pública de Nueva York, encabezado por Anne T. MacDonald, se encargó de la Grabación para Ciegos. La organización utilizó un estudio para grabar pasajes de libros de texto para veteranos y otras personas que necesitaran acceso a esas grabaciones con fines educativos. La primera grabación fue en discos de vinilo y duraba 15 minutos. Al año siguiente, el Congreso aprobó una enmienda que permitió a la Biblioteca del Congreso comenzar a producir audiolibros.

Las primeras grabaciones incluyeron lecturas de Helen Keller, La Biblia, O. Henry, Edgar Allen Poe y algunas obras de Shakespeare. Las grabaciones se hacían en LPs, para reproducirlas en gramófonos. El Reino Unido, por su parte, también invirtió en programas similares. El 7 de noviembre de 1935 el Real Instituto Nacional para Ciegos entregó los primeros libros parlantes a personas ciegas y con discapacidad visual. Sus primeras grabaciones fueron El asesinato de Roger Ackroyd de Agatha Christie y Tifón de Joseph Conrad, que se grabaron en discos LP de 25 minutos por cara. La mayoría de los libros ocupaban aproximadamente diez discos cada uno y se reproducirán en un gramófono.

Primer audilibro en cintas. La foto es de mediados de la década de 1950 (Fuente).

1949

La cinta magnética se vio como un reemplazo viable para los discos de gramófono. Estas cintas eran un formato todavía poco práctico, puesto que tenían que cargarse y enhebrarse manualmente, lo cual era difícil para las personas ciegas. También eran pesadas y voluminosas, por lo que tenían que ser entregados por separado del resto del correo y devueltos a la oficina de correos en mano.

Audiolibro de Virginia Woolf hecho por Caedmon en 1958 (Fuente).

1952

El primer audiolibro fue grabado en la década de 1950. En enero de 1952, los recién graduados universitarios Barbara Cohen y Marianne Roney, se sentaron con Dylan Thomas en el bar del hotel Chelsea y lo persuadieron para que grabara algo de su poesía. Los registros de palabras habladas eran casi desconocidos en ese momento. Cohen y Roney sabían que la poesía de Thomas era impactante y conmovedora, y que querían grabarla para preservar su sonido. Con la promesa de 500 dólares consiguieron engatusarlo y se organizó una sesión de grabación en la que Thomas seleccionó los poemas.

Caedmon Records nació la semana siguiente, nombrada apropiadamente por el primer poeta que escribió en el idioma nativo de la vieja Inglaterra. Luego, el 22 de febrero, Peter Bartok, hijo del compositor Bela Bartok, había instalado su equipo en Steinway Hall para hacer la grabación. El lado A incluía una colección de sus poemas, mientras que el lado B contenía una grabación de La Navidad de un niño en Gales, una historia que Thomas le vendió a Harper Bazaar y que hoy en día es una de sus obras más conocidas. Caedmon Records, que hoy en día forma parte de HarperCollins, registró lecturas de muchos de los nombres más importantes del siglo XX, incluyendo a W.H. Auden, T.S. Eliot, Ernest Hemingway, William Faulkner, Gertrude Stein o Eudora Welty.

Audilibro de La isla del tesoro de Stevenson de 1958 (Fuente).

1963

Se inventan las cintas, que se convierte en el mejor medio para reproducir y almacenar audiolibros. A diferencia del formato anterior, las nuevas cintas podían producirse fácilmente y eran ligeras, compactas y mucho más fáciles de usar. Muy rápidamente, la cinta pasó a ser el medio predilecto para los audiolibros, y así fue hasta la invención del disco compacto a principios de los años 80. Las bibliotecas públicas de Estados Unidos y del Reino Unido comenzaron a llenar sus estanterías con libros parlantes, a medida que los editores comenzaron a publicar las versiones habladas de sus libros junto con la edición de tapa dura. Como ocurre en la actualidad, los audiolibros se convitieron en una forma de entretenimiento perfecta para los viajes.

1973

Duval Hecht decidió fundar Books on Tape Inc. mientras viajaba a Los Angeles. Su primer libro grabado fue Paper Lion, de George Plimpton. Compañías como Books on Tape Inc., Books in Motion o Recorded Books sentaron las bases de la industria de audiolibros de hoy.

Audiolibro de Pinoccho en cintas de cassette (Fuente).

1980

Al igual que la historia de la música, la historia de los audiolibros sigue de cerca los giros de la industria de la grabación. Uno de los puntos de inflexión más notables fue la década de 1980, con el formato de audio más largo de las cintas de cassette y el Sony Walkman, económico y portátil, que se hizo tremendamente popular. Con un formato de grabación mucho más accesible, la industria de los audiolibros estaba en auge. Para 1984 había once editoriales de audiolibros. Sin embargo, fue Brilliance Audio quien revolucionó la industria inventando una forma de grabar el doble en cassettes. Esto significaba que los editores de audiolibros ahora podían producir ediciones asequibles no reducidas de sus libros más populares. Apenas un año después, había dos veces más editores de audiolibros en el mercado. Nuevos importantes editores de libros, como Harper and Row, Random House y Warner Communications se unieron a la distribución de audiolibros.

Imagen vía Shutterstock.

1982

Se lanza el disco compacto, lo que hace que los audiolibros se vuelvan todavía más populares a medida que avanzaban los años 90, con decenas de miles de grabaciones. Casi todos los libros más vendidos son grabados. Los libros íntegros seguirían teniendo muchos CDs, por lo que la mayoría de los libros grabados siguen siendo abreviados.

1987

Los audiolibros se vendían en el 75 por ciento de las librerías regionales e independientes y, al finalizar el año, se estimaba que la industria de los audiolibros tenía un valor de 200 millones de dólares.

1994

Originalmente los audiolibros se llamaban «libros parlantes» y se tardó bastante en abandonar esta terminología. No fue hasta 1994, casi 120 años después de la primera grabación, cuando la Asociación de Editores de Audio anunció que el término «audiolibro» pasaría a ser el término con el que se conocería a estas grabaciones dentro de la industria.

Logo de Audible (Fuente).

1997

A finales de la década de los 90, los nuevos formatos de audio comprimido y los reproductores portátiles aumentaron la popularidad de los audiolibros entre los consumidores. Tal vez no sea sorprendente que para mediados de los 90, la industria de los audiolibros creció hasta alcanzar un valor de 1.500 millones de dólares anuales, lo cual no está mal para algo que comenzó como curiosidad experimental. Además, la industria de los audiolibros presentó los Premios Audie, que se conocerían como los «Oscar de la palabra hablada».

En 1997, Audible.com fue pionero en ser el primer reproductor digital del mercado con el llamado «Audible Player», que se vendió por 200 dólares y que se anunciaba como «más pequeño y menos pesado que un Walkman».» A medida que la tecnología digital creció, hubo un movimiento en audiolibros digitales que permitió a los consumidores acceder a sus audiolibros instantáneamente desde un número creciente de bibliotecas online. Audible.com fue el primero en establecer un sitio web en 1998, donde se podían comprar y descargar audiolibros digitales.

Imagen vía Shutterstock.

2000

La llegada de Internet cambió, como tantas otras cosas, la forma en que la gente escuchaba no solo la música sino también audiolibros. Se comienza a aprovechar el potencial de los podcasts para llevar audiolibros a las masas. Las descargas han hecho mucho más fácil escuchar audiolibros, lo que genera una demanda creciente de material de alta calidad.

2003

En 2003 y 2004, los casetes fueron eliminados y reemplazados por los CD como el formato dominante para los audiolibros, pero al mismo tiempo el uso del CD disminuía constantemente a medida que la tecnología digital se hacía más accesible y la popularidad de los audiolibros seguía creciendo.

Hugh McGuire, fundador de LibriVox (Fuente).

2012

Hugh McGuire creó LibriVox, un sitio web donde los voluntarios seleccionan libros de dominio público para narrarlos ellos mismos. Cuando comenzó en 2012, LibriVox tenía un catálogo de más de 6.244 libros sin resumir y continúa produciendo docenas de títulos al mes. Esta plataforma proporciona una buena manera para que los usuarios practiquen el arte de narrar audiolibros.

2013

A finales de 2013, la Audio Publishers Association publicó un informe que indicaba que los ingresos por CD bajaron un 7 por ciento, pero que aún representaban aproximadamente el 53 por ciento del mercado, mientras que las descargas aumentaron un 29 por ciento y representaron aproximadamente el 61 por ciento del mercado. Los ingresos por descargas aumentaron un 24 por ciento, representando aproximadamente el 41 por ciento del mercado. Según el informe, «el mayor potencial de crecimiento existe en los formatos digitales».

Hoy

En la actualidad es posible, con un puñado de clics, escuchar a tu actor favorito leyendo literatura clásica, que de otra manera nunca te habría interesado. La descarga de audiolibros se está volviendo cada vez más popular entre personas de todas las edades, facilitado en gran medida por la enorme cantidad de tecnología que nos permite disfrutar de este tipo de literatura en grandes cantidad y a bajo precio. ¡Nada que ver con los viejos gramófonos o las cintas de cassette!

Comentarios

comentarios