Cristo Salvador del mundo, el Greco (Fuente).

El Nuevo Testamento da infinidad de detalles acerca de la vida de Jesús, pero hay dos cuestiones sobre las que no se pronuncia: su vida sexual y su digestión. Si todos los seres humanos hacen caca y Jesús es un ser humano, entonces Jesús hace caca. Es de primero de lógica. Tal vez este pueda parecer un tema completamente irrelevante, pero a lo largo de la historia para muchos de los Padres de la Iglesia esta cuestión llegó a ser más importante incluso que la del sexo.

En el siglo II Valentín el Gnóstico, que llegó a ser obispo de Roma pero que más tarde fue destituido y condenado como hereje, afirmó que Jesús podía comer y beber sin necesidad de expulsar nada al exterior, que tenía una capacidad de contención tan grande que los alimentos no se corrompían en su interior. En otras palabras, Jesús era especial porque nunca llegó a defecar, aunque según el erudito Christoph Markschies, Valentín se refería a Jesús después de su muerte y resurrección, por lo que ya estaríamos en una situación especial. Tal vez la opinión de Valentín no sea tan relevante, porque al fin y al cabo era un hereje, pero otros cristianos ortodoxos estuvieron de acuerdo con él. Ismo Dunderberg, profesor de la Universidad de Helsinki y autor de Más allá del gnosticismo, señaló que el filósofo y santo cristiano Clemente de Alejandría sí estaba de acuerdo con Valentín. Para Clemente Jesús, al ser divino, no tenía necesidad de comer pero lo hacía para evitar dar la impresión de que no era humano.

¿Por qué es tan importante esta cuestión? En realidad, detrás de este debate aparentemente irrelevante hay bastante en juego. Tiene mucho que ver con el debate teológico sobre cómo Jesús es una divinidad y un ser humano al mismo tiempo. En un primer momento algunos cristianos primitivos pensaron que Jesús solo parecía tener cuerpo humano, pero en realidad era una divinidad, y eso explica por qué no tendría necesidad de ir al baño. Esta forma de pensar, conocida como docetismo, finalmente fue rechazada y declarada herejía. Sin embargo, para aquellos que querían explicar cómo funcionaba la combinación de naturaleza humana y divina en Jesús era complicado pasar por el tema de los excrementos, sobre todo porque se quería evitar la idea de una divinidad manchada o corrompida por los aspectos más repugnantes del cuerpo humano.

En los siglos IV y V d.C., un período en el que casi todos los cristianos estaban de acuerdo en que Jesús tenía un cuerpo humano real, los cristianos todavía estaban debatiendo sobre la cuestión de la caca. Epifanio de Salamina, un monje y obispo de finales del siglo IV que defendió la ortodoxia contra aquellas enseñanzas consideradas como heréticas, negó que Jesús expulsara residuos sólidos, por lo que su humanidad sí sería algo diferente a la nuestra. Como argumento, Epifanio a refiere a otro caso similar, el de los israelitas liderados por Moisés que vagaban por el desierto comiendo el maná suministrado por Dios. Las interpretaciones rabínicas de lo que sucedió en el desierto sostenían que cuando los israelitas comían maná, no lo excretaban porque el pan de los ángeles se absorbía en las extremidades. Aunque Epifanio no los menciona, entre los antiguos griegos también se hablaba de filósofos que nunca habían excretado desechos sólidos.

Epifanio de Salamina (Fuente).

Este debate refleja un aborrecimiento cultural hacia los excrementos. En ese sentido, en las primeras descripciones cristianas del infierno se habla de personas que están enterradas hasta el cuello en pilas de excrementos. Es normal que no se quiera asociar eso con una deidad encarnada.

Al mismo tiempo, hay algunas cuestiones médicas en medio del debate. Según las teorías antiguas, la digestión se basaba en el calor individual y en la capacidad de cada persona para generarlo. Para Aristóteles el calor es lo que convierte los alimentos ingeridos en nutrientes adecuados para el cuerpo. Además, el grado de calor es diferente en cada individuo, siendo más perfecto en unos que en otros. Por tanto, para alguien que se encuentra dentro de la tradición aristotélica no sería difícil llevar esta afirmación al siguiente nivel y argumentar que una persona con el grado de calor más perfecto sería capaz de digerir perfectamente su alimentos. Afirmar, entonces, que Jesús no digería lo que comía no era negar su humanidad sino resaltar que su cuerpo era perfecto. Aunque no todos estaban de acuerdo con esta forma de pensar. Para el médico de la época romana Galeno, la cantidad de productos de desecho dependía de la naturaleza de los alimentos consumidos, y casi todo lo que se consumía debía ser excretado, incluso aunque el cuerpo fuera perfecto.

Hoy en día la Iglesia no tiene una postura oficial sobre este tema. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma, siguiendo el Concilio de Calcedonia del año 451, que Jesús es «verdaderamente hombre y verdaderamente Dios» y es «como nosotros en todas las cosas, excepto en el pecado». Así que, como hacer caca es algo propio de todo ser humano, hay que dar por hecho que Jesús iba al baño como cualquier hijo de vecino. Es más, teniendo en cuenta que llevaría una dieta mediterránea rica en fibra, no tendría precisamente problemas de estreñimiento.

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