Hace unas semanas llegó a mi casa un libro que, creo, ha cambiado mi relación con las redes sociales. Marc Argemí, autor de ‘El sentido del rumor’, lo ha vuelto a lograr en la misión de diseccionar la realidad digital y su impacto en las personas. Su libro ‘Los 7 hábitos de la gente (des)informada’ (Conecta, 2019) se va a volver un imprescindible en los manuales de cómo comportarse en redes sociales.

los siete habitos de la gente desinformada marc argemi

Más allá de la cuestión de etiqueta, Argemí establece en este volumen una hoja de ruta para ayudarnos en la difícil misión de no vivir desinformados. Y es complejo, que conste. Si internet se ha convertido en una fuente de la que beber de forma obligatoria, al menos aprendamos a seleccionar la información que nos interesa alejándonos de supercherías, magufadas y cuñadismo… si podemos.

No seas fuente de desinformación

Tras la doble lectura del libro hay un concepto que se ha mantenido conmigo. Es la forma en que la información (falsa o verdadera) se propaga por internet, con evidente preferencia de esta última. Los rumores corren más rápido que los datos objetivos y contrastados. Por eso es importante no convertirse en un nodo de la cadena de la desinformación. Toca vacunarse.

El modo en que se comparte información falsa depende de una intrincada red de personas que funcionan como nodos de distribución. Uno recibe una fracción de información, la consume y la transmite tras un periodo de incubación (de unos pocos segundos en la mayoría de los casos). El resultado puede ser Trump y consecuencias de corte similar.

Después de meditar sobre el texto he tomado la decisión de no convertirme en una de esas fuentes de histeria colectiva en forma de falsa información. Como introducía, ha cambiado el modo en que opero en redes sociales: si no sé algo, no lo he leído de fuentes fiables o no he podido contrastarlo, no voy a compartirlo.

Los siete hábitos de Argemí

Sin ánimo de destripar el libro, los hábitos del cuñadismo, la incredulidad crédula, la indecisión crónica, la ansiedad informativa, el confusionismo relacional, el activismo visceral y la precariedad informativa son grandes pilares sobre los que se construye el desconocimiento fruto de la desinformación.

“En la base de la libertad de elección está la información veraz”, como me contó hace tiempo Emilio José Molina, vicepresidente de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP) y autor de ‘Las pseudoterapias’ (Editorial Popular, 2019). Si no contamos con información fiable, ¿cómo vamos a ser libres para tomar decisiones coherentes y beneficiosas para nosotros?

Cada uno de los siete pilares de la desinformación tiene una forma de ser combatida, empezando por entender de dónde vienen los errores, y de tener la voluntad de querer luchar contra ellos en una batalla sin cuartel muy propia del nombre de este blog. Porque os confesaré que la desinformación no tiene visos de detenerse, y que el libro exigirá un esfuerzo por vuestra parte.

La dificultad de cambiar de hábitos

Me ha dado la impresión de que muchos de los hábitos del libro tienen un origen biológico-social difícil de vencer. Si alguna vez has contado una mentira a sabiendas solo para ganar unos segundos de atención en una conversación con tus amigos o familiares, sabes de qué te estoy hablando. El beneficio de ser admirado durante unos segundos, ¿vale la pena mantener a la gente engañada?

Los hábitos se construyen a través de un uso continuado, y es muy probable que la desinformación campe a sus anchas porque pocos se hayan planteado cambiar su forma de ser en las redes sociales. Para eso primero hay que entender que todos somos piezas básicas de la desinformación de los demás, pero también su último filtro antes de que el veneno llegue al cerebro.

No compartir sin más, analizar la información, contrastar fuentes, consultar a expertos, poner en cuarentena determinadas fuentes, acudir al informe original, cuestionar sus métodos… ser crítico, una forma de vivir que requiere entrenamiento y un toque de atención.

‘Los 7 hábitos de la gente (des)informada’ han sido para mí ese toque y, como digo, ha hecho que me plantee mi relación con las RRSS. No diré que la lectura del libro me ha hecho ser mejor persona, pero sí que va a evitar que me comporte como un imbécil (online), y eso es casi igual de bueno.

 

Imágenes | Marcos Martínez

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