«La cólera canta, oh diosa, del Pélida Aquiles, maldita, que causó a los aqueos incontables dolores, precipitó al Hades muchas valientes vidas de héroes y a ellos mismos los hizo presa para los perros y para todas las aves -y así se cumplía el plan de Zeus-, desde que por primera vez se separaron tras haber reñido el Atrida, soberano de hombres, y Aquiles, de la casta de Zeus. ¿Quién de los dioses lanzó a ambos a entablar disputa?» (Homero, 2015, canto I, p. 1).

Ningún concepto es estático, y el de la guerra lo es menos todavía. Para Gastón Bouthoul era un tipo de fenómeno social; para Karl von Clausewitz, la continuación de la política por otros medios, y para Paneblanco, la institución del sistema político internacional. Los griegos la presentaban en toda su extensión y crueldad. No trataban de justificarla o darle fundamento, pues la vida y los dioses no siempre son justos. Incluso los héroes de la guerra de Troya, presentados en la Ilíada de Homero, eran injustos. Eran personas viles y orgullosas que encontraban en la guerra y la muerte gloria y reconocimiento. Los conceptos requieren de límites para poder ser aplicados con exactitud a la realidad y a las circunstancias que nos rodean. Sin embargo, la guerra y sus confines son enormemente imprecisos en tanto que no es necesario que sean marcados por la violencia. La guerra va más allá de lo militar y de la violencia física. Ni siquiera es capaz de cubrir «todos los fenómenos de violencia organizada posibles, y ni siquiera alcanza a definir la naturaleza de la rivalidad» (Aznar, 2015, p. 8) y es por esto que debemos adentrarnos en ella.

La guerra es en sí misma cambio, improvisación, incertidumbre, superación y oportunidad. Razones suficientes para que se puedan desarrollar numerosas concepciones y acepciones que van desde lo político a lo ético, desde la práctica moral hasta la lucha armada. Sin embargo, pocas veces ha sido un motivo de reflexión y preocupación filosóficas. La perspectiva filosófica de la guerra siempre ha quedado atrás frente a la crónica bélica, más preocupada por su desarrollo, tácticas, estrategias, consecuencias históricas, innovaciones, etc., que por su naturaleza, fondo y estructuras. La filosofía de la guerra solo tiene un objetivo: unir en un punto común la guerra y el hombre.

¿Cuáles son los orígenes de la guerra y dónde se encuentran? La posibilidad de que surja la guerra, ya sea interna o externa, se debe a las percepciones (afectos, pasiones y consideraciones), a los instintos de poder y al miedo. Las percepciones siempre están presentes, en mayor o menor medida, en todo individuo o colectividad, pero es el instinto de poder, que implica el uso de la razón de poder como motor de la política y toma de decisiones, el que nos puede llevar a la guerra en mayor medida. Entonces ¿dónde queda el miedo? Al igual que en todo procedimiento social, en la guerra, el miedo se encuentra en estado latente, es decir, ni aparece ni se manifiesta, no se ve pero existe. Muchas veces es la latencia del miedo la que nos lleva al conflicto. Ya advirtió el historiador griego Tucídides que «la causa más verdadera (aunque la menos aclarada por lo que me han contado) es, según creo, que los atenienses, al acrecentar su poderío y provocar miedo a los lacedemonios, les obligaron a entrar en guerra» (Tucídides, 2014, p.68). No obstante, las guerras no tienen por qué verse afectadas por el miedo. Geoffrey Blainey dejó muy claro que estas

«son simples variantes del poder. La vanidad del nacionalismo, la voluntad de extender una ideología, la protección de familiares en un país contiguo, el deseo de ensanchar el territorio propio (…) todo ello representa poder bajo distintos ropajes. Los fines encontrados entre naciones rivales son siempre conflictos de poder» (Blainey, 1973, p. 149).

Resulta que determinados conflictos de poder son los que desembocan en una guerra, haciendo de esta una consecuencia basada en

«una relación conflictiva entre dos o más colectividades organizadas política y militarmente, que se desarrolla mediante el uso generalizado y continuado de la violencia armada como el principal, aunque no exclusivo, instrumento para su resolución» (Calduch, 1993, p. 100).

La guerra y conflicto armado requieren de al menos dos enfrentados entre sí, que generalmente son siempre Estados o colectivos con la voluntad de configurarse en/dotarse de/ construir un/parecerse a/arrebatar un Estado.

Los orígenes de la guerra pueden encontrarse, como se ha dicho anteriormente, en las percepciones, los instintos de poder y el miedo, pero también se encuentra en las tres condiciones más básicas del ser humano: la humana (biología, psicología, religión, cultura…), la social (aspiraciones, motivaciones, objetivos, etc., de un colectivo organizado como mínimo social y políticamente) y la internacional (constituida por la pluralidad de grupos, los cuales están enfrentados o incluso hermanados). Ninguna de estas condiciones es independiente de las demás, siempre van unidas.

El ser humano puede ser agresivo si así lo requiere la situación para sobrevivir, los intereses del grupo están por encima de los intereses de otros grupos, el grupo puede verse acorralado o tener miedo frente al comportamiento de otros y las guerras entre colectividades son aquellas que organizan y sistematizan el conflicto. Estas son las consideraciones principales y más básicas que se pueden extraer de toda guerra que, a pesar de que atiendan a distintos aspectos de un conflicto, comparten la búsqueda de un otro, al que necesitan y tratan de identificar y definir. Enfrentarse a ese otro implica plantearse la manera o la actitud de enfrentarse con él, planteando así la duda de si el otro es mi amigo o mi enemigo, y la necesidad de descubrir o de definir a ese otro en función de estas categorías.

Para la búsqueda e identificación del enemigo (la cual también serviría para encontrar al amigo), personalmente recomiendo recurrir a las visiones del siglo XX del español José Ortega y Gasset y del alemán Carl Schmitt.

Bibliografía utilizada 

Aznar, Federico (2015): Filosofía de la guerra: http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/ view/1898/2107. Recuperado: 20/04/2019.

Blainey, Boeffrey (1973). The causes of war. Reino Unido, Londres: Macmillan Education.

Calduch, Rafael (1993). Dinámica de la sociedad internacional. España, Madrid: Editorial Universitaria Ramón Areces.

Homero (2015). Ilíada. España, Madrid: Biblioteca Gredos.

Tucídides (2014). Historia de la guerra del Peloponeso. España, Madrid: Alianza Editorial.

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