Ahora: ¿Sigues pensando que las personas tenemos que esforzarnos continuamente por ser más atractivas o productivas? ¿O que existen las personas tóxicas?

Si la respuesta es sí, continuemos un poco más: No soy un producto, no soy un producto, no soy un producto…

Que tal vamos ¿Todavía crees que cuantas más cosas consigues más valor tienes? ¿Qué hacer muchas cosas da felicidad? ¿Si? Continuemos un poco más pues:

No soy un producto, no soy un producto, no soy un producto…

 Muy bien, ya vamos entendiendo que las personas no somos productos consumibles. Cierto es que la vida se gasta, y cuanto más la aprovechemos mejor, pero, pensemos un momento en el concepto «aprovechar la vida». ¿Qué es aprovechar la vida en realidad? Pues para unos puede ser hacer cientos de cosas y ser súper productivos, y para otros dedicarse a cultivar manzanas y vivir con lo justo de una forma sencilla. No aprovecha más la vida el que más hace, si no el que más disfruta lo que hace.

 Tampoco podemos negar que es muy útil aprender a administrar nuestro tiempo para ser personas eficientes si eso es lo que deseamos, de acuerdo. Pero de ahí, al bombardeo continuo por hacer más, rendir más, o ser más productivo al que nos vemos sometidos hoy en día, deberíamos poner una línea que diga: «Hasta aquí.» Soy una persona, no un producto, y no tengo porque gastar mi vida exprimiéndome por ser el más atractivo, productivo y versátil del mercado. ¡Relajémonos por dios bendito! Creo que en los artículos sobre cómo rendir más, o ser siete veces más fuerte y veloz como David el gnomo, debería aparecer en la parte inferior un aviso como en las cajetillas de tabaco que diga: «Tómese estos consejos con moderación, no olvide que el estrés es hoy en día la principal causa de mortandad mundial».

 Una etiqueta que se coloca muy a menudo, la cual deja bastante en evidencia el hecho de que nos vemos como productos, es la de «persona tóxica». Anda que no hay libros ahora sobre personas tóxicas, relaciones tóxicas, etc.  Por lo tanto, veamos qué pasa aquí:

 Una persona tóxica es, en resumidas cuentas, alguien que con su actitud te contagia algo, o te hace sentir mal. Me parece absurdo ponerme a enumerar las características que se le otorgan a este tipo de personas, ya que son infinitas. Todas las características negativas que se nos puedan ocurrir, ahí, a la caja de las personas tóxicas; con lo que está tan llena que no queda casi nadie fuera, creo que el Dalai Lama y cuatro más de su cuadrilla.

 Las personas tóxicas, en realidad, son personas que no están bien. Una persona que: se queja continuamente, es abusiva,  envidiosa, etc. es alguien que vive expresando su infelicidad. Este tipo de personas han existido siempre, desde antes del descubrimiento de la rueda, lo único nuevo aquí es la titulación de tóxicos que les hemos concedido. Esto es algo con lo que deberíamos tener más prudencia, ya que el hecho de poner nombres o etiquetas, dependiendo de cuales sean, puede dar o quitar poder a las cosas. Me explico:

¿Qué es lo que nos viene a la mente cuando nos dicen que algo es tóxico? Algo tóxico es algo dañino, que en caso de que invada nuestro organismo nos puede intoxicar. Si hay un escape de gas en algún lugar y ese gas nos alcanza, seremos inevitablemente intoxicados.

 ¿Es correcto, o nos conviene para algo el otorgar a las personas este poder sobre nosotros? No, absolutamente no. Aunque afortunadamente las personas somos seres empáticos, y cuando más empáticos somos más expuestos estamos a sentirnos INFLUENCIADOS (no intoxicados) por los demás, disponemos de mecanismos de autoafirmación que nos permiten diferenciar lo que es nuestro de lo que no. Con esto quiero decir que no tenemos por qué INcorporar en nosotros lo que no es nuestro. Y para esto tenemos un poderoso mecanismo de defensa que es la VOLUNTAD. Yo puedo relacionarme con una persona que se queja continuamente o intenta fastidiarme de algún modo, per si mi voluntad es fuerte no incorporaré nada de lo que esa persona proyecta hacia los demás en mí. El modo en el cual se concibe la idea de lo que es una persona tóxica, nos ha hecho creer que esas personas nos contagian algo, y nosotros no podemos hacer nada por evitarlo. Nos hace pensar que no tenemos poder personal. Peor aún, nos motiva a colocar nuestra voluntad propia en los demás, ya que nos confunde, y hace que nos centremos más en señalar y criticar al supuesto tóxico que en fortalecer nuestra voluntad y capacidad de discernimiento para distinguir lo que es nuestro de lo que no.

 Para finalizar este artículo, me gustaría mencionar un pequeño ensayo que leí hace tiempo, del cual no recuerdo el título. En él, una reportera de guerra hablaba sobre el precio de las vidas humanas como productos más o menos caros. Explicaba como en el mundo del periodismo los precios de las vidas humanas están claramente estratificados. Recuerdo que decía que nadie te compra una noticia sobre 200 muertes en África, porque eso no tiene valor y no interesa, pero si ocurre algo en Europa o Estados Unidos y mueren siete personas, los medios de comunicación se pelean por conseguir cualquier información al respecto.

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