El casting  es una tarea desafiante que requiere de múltiples habilidades y conocimientos: es el arte de encontrar para cada rol a la persona indicada. Se debe ser paciente, observador y detallista pero también se requiere intuición, tacto y un conocimiento sin igual de la condición humana. La dirección de casting es una profesión compleja y multifacética en la que Eugenia Levin se ha perfeccionado durante décadas hasta convertirse en una referente.

El casting es un mundo desconocido que genera mucha curiosidad porque nadie sabe cómo opera y el desconocimiento puede generar cierto desprecio en algunos, incluso puede producir que se  descarte como proceso, me comenta mientras tomamos un café en un bar de Palermo.

La actitud de Eugenia es apacible y sus ojos se iluminan mientras habla de su pasión. Su trayectoria es vasta e incluye: La noche de los lápices, El Aura, Un cuento chino, Cleopatra y muchas más.

 ¿Cómo empezaste?

Cuando tenía diez años les dije a mis viejos que quería estudiar teatro y entonces me anotaron en un curso para niños en el teatro IFT. A los diecisiete les dije que me quería dedicar a la actuación, lo que fue todo un desafío porque en mi familia todos eran intelectuales y científicos. No les cayó bien, no era lo que soñaban para mí. Igual me acompañaron a inscribirme con Raúl Serrano. Al terminar el secundario entré a un conservatorio para estudiar pedagogía teatral.

¿Qué ocurrió después?

Más tarde decidí estudiar dirección teatral con Rubens Correa. Fueron cuatro años hermosos y en el último año tuve que armar una obra teatral. Dirigimos Mockinpott con Javier Margulis. Fue una experiencia maravillosa y ganamos varios premios. En paralelo ejercía como profesora de teatro dando clases de actuación para niños y adolescentes.

¿Cómo llegaste a La noche de los lápices?

Tenía veintiséis años cuando recibí la convocatoria de Héctor Olivera. Él necesitaba encontrar a nueve protagonistas de dieciséis años. En esa época no existía el casting como profesión y fue por eso que él decidió realizar la selección con profesores de teatro que trabajaban con adolescentes. A la convocatoria respondieron dos mil jóvenes actores. Olivera había tenido entrevistas con cuatrocientos de los cuales quedaron cien. A mí me eligieron para trabajar con ese grupo de cien.

¿Cómo fue el proceso de selección?

Luego de leer el guion y conmoverme mucho con la historia, armé varios grupos de los que seleccionaba a los que más daban con el perfil de los personajes. Se me ocurrió que lo mejor era armar clases colectivas de teatro para trabajar escenas parecidas a las que se planteaban en el guion. Fue una sucesión de varios encuentros que sirvió para llegar a una selección final. Filmamos varias de esas escenas para luego proyectarlas en una pantalla gigante en la productora de Héctor. A partir de allí los candidatos se redujeron a treinta. De ahí seleccionamos a los protagonistas.

¿Cómo viviste la experiencia de trabajar en un formato diferente al teatral?

Fue mi primer contacto con el formato audiovisual el cual, si bien tiene una base en común con el teatro, posee un lenguaje propio en lo que respecta a la actuación.

Luego de la selección trabajaste en la película, ¿cómo fue eso?

Los actores le pidieron a la producción que yo participara en el rodaje como una especie de coach de actuación. La dirección de actores es algo que prefieren hacer los directores. Igual esto fue distinto: era un trabajo de coaching. De todas formas pienso que la dirección de actores debería tener un lugar en los rodajes porque los directores deben estar atentos a miles de cosas y no siempre  pueden darles a los actores el espacio y la contención que necesitan.

Y de ahí llegaste a tu oficio, a tu arte.

En aquel rodaje tomé la decisión de pertenecer al mundo audiovisual. Desde ese momento fue mi mundo y comencé un camino muy complejo ya que el casting no estaba instalado como tal. Por eso tuve que aprender cual era mi lugar en una filmación. Le estoy muy agradecida a Héctor Olivera porque fue él quien me abrió la puerta a ese mundo. Lo quiero, lo respeto y siempre le estaré agradecida.

¿Y cómo fue que llegaste a ser oficialmente una directora de casting?

Recuerdo que cuando estaban poniendo los títulos de la película no sabían que nombre ponerle a mi rol (risas). La palabra casting no existía acá, no tenía entidad. Finalmente terminé figurando en los títulos técnicos de la película como “entrenamiento de actores”.

Hubo reencuentro en 2016 con el reparto y el equipo de producción, ¿cómo fue?

En 2016 se cumplieron treinta años de la película y hubo un homenaje en la cámara de diputados. Se juntó a todo el elenco y a todo el equipo técnico. Todos lo abrazaron a Héctor porque para muchos había sido su primer trabajo. Estábamos muy felices. En esa ocasión Olivera le dijo a los actores: “la película funcionó porque tuvieron a la mejor coach”. Al escuchar eso me emocioné como nunca y lo abracé. Fue su reconocimiento. Tuve que esperar treinta años (risas).

La filmación fue un proceso muy intenso por lo que se comenta. Toda una experiencia para debutar como directora de casting.

Y sí, aquel fue mi comienzo, con aquella experiencia increíble. Vivimos en La Plata durante la filmación y pasé mucho tiempo con los actores. Recuerdo que hacíamos muchas actividades después de cada jornada, hasta hicimos una radio. La idea era desconectarse ya que estábamos filmando una película con una temática trágica y compleja. Pablo Díaz, sobreviviente de la masacre, y los familiares de las victimas estuvieron en el rodaje, lo que aportó un elemento emocional único. Grabamos en las casas de las familias de los chicos desaparecidos y en muchos casos las familias mantenían las habitaciones de los chicos intactas, como a la espera de un regreso. Fue una experiencia muy fuerte para todos. Esto generó un clima muy particular.

Por cada rodaje tenés una familia.

Absolutamente. Los vínculos que se crean durante un rodaje son intensos porque pasas más tiempo con el equipo técnico que con tu propia familia. Se generan vínculos muy fuertes. Igual estos vínculos terminan el día en el que finaliza el rodaje. En este sentido es muy distinto al teatro. En el teatro hay un proceso de trabajo y todo se vive como una continuidad, y los vínculos se dan de otra forma, se dan dinámicas de largo plazo y hay un vínculo a partir de la repetición de las funciones. Es todo más relajado. En el cine, en cambio, se trabaja en forma intensa por un periodo de tiempo donde hay que cumplir metas todos los días. La adrenalina es mucho mayor. Se crean vínculos de apoyo por compartir cada vivencia. Luego del rodaje esos vínculos se cortan. Es algo muy particular que tiene que ver con el formato.  

¿Se juntaron antes del reencuentro?

Yo me veía con algunos actores pero con el equipo técnico no mucho. Fue raro y doloroso por la intensidad de la experiencia. Y eso me pasa con todas las películas.

¿Y partir del reencuentro?

Ahora estamos más conectados. El reencuentro ayudó a recordar la intensidad de la experiencia y a volver a generar vínculos.

¿Y cómo vivió ese éxito tu familia?

A partir de “Mockinpott” hubo un quiebre importante, más que nada porque recibimos muchos premios. A partir de ese éxito fui mejor aceptada en la familia Levin. Hoy lo cuento con una sonrisa pero en aquel entonces fue todo un tema. En los almuerzos familiares solo se hablaba de congresos, viajes, medallas, logros científicos, etc… Mis hermanos eran científicos y compartían sus logros mientras que yo me quedaba en silencio. Les costó mucho a mis viejos aceptar que yo era una artista y que mi vida iba a estar dedicada al arte. Fue difícil para ellos darle el mismo lugar al arte que a la ciencia. Como artista yo era la oveja negra de la familia. Sin embargo, también era la que los hacía reír, la que generaba una onda especial, la que traía cosas distintas. Por suerte el título de pedagoga y directora los tranquilizaba un poco. La aceptación de mi familia fue gradual y peleada. Insistieron mucho en que estudiara otras cosas. Tengo una carrera de psicología a medio terminar, algunas materias de ciencias de la educación y hasta un intento de entrar a medicina. Al final por suerte lo aceptaron. Por cierto tengo un hijo biólogo y productor (risas).

¿En que consiste el proceso de casting?

El casting es un arte. Mi productora se llama “Arte casting”. Consiste en establecer un terreno creativo para que el actor pueda tomar circunstancias que no les son propias y para que pueda meterse en un mundo distinto, el del personaje. Todo en muy pocos minutos. El casting es para mí,  el viaje iniciático del actor hacia el personaje. Por eso dibujé un mapa que señala las herramientas actorales para ese viaje. Este camino les permite a los actores mostrarse y así el director puede ver si eso es lo que necesita.  Y elegir. Para el actor el casting es algo fugaz pero para mí es un arte que me apasiona. He encontrado el campo creativo que amo.

¿Cómo es ese proceso?

Se crea un contexto para que el actor pueda sacar algo dentro suyo que esté ligado al personaje. Un casting no busca un personaje terminado porque eso lo construirá el actor y el director una vez que la selección haya finalizado. Lo que se busca es conocer al actor para saber si va a poder ponerse en la piel del personaje. En el casting se ve el comienzo de la construcción del personaje, se quiere ver si el actor puede sentir la piel del personaje en su propia esencia. Yo les planteo a los actores: “¿qué harías vos en esta situación? Tenés un minuto”. Lo pongo a él dentro de un contexto y le pido que elija  a su interlocutor. En general yo trabajo con un partenaire que le sostiene la mirada al actor. Ahí  pongo la cámara en un primer plano.

¿Vos tenés claro quién es el personaje?

Sí. Leo varias veces el guion y luego hablo con el director para saber qué es lo que busca. De acuerdo a eso creo una consigna o elijo un texto que se acerque a lo que el director soñó. La idea es llevar al actor a esa zona construida a partir de lo que yo creo y lo que escuché del director. El arte de la dirección del casting consiste en elegir la consigna correcta. Si no planteás bien eso no vas a encontrar lo que estás buscando. Necesito ver que le puede dar cada actor al personaje, que lo une con él. A mí me sirve el actor que en dos minutos puede imaginarse el mundo que le planteo.

¿Cómo creás la consigna?

Primero recibo el guion, luego tengo una charla con el director y otra con el productor. El casting es como un rompecabezas y el productor establece el tipo de casting. Me puede comunicar que ya tiene una figura como actor protagónico y que sólo quiere hacer un casting para actores secundarios. O al revés: que quiere que el protagonista lo interprete un desconocido y que los personajes secundarios sean interpretados por actores con trayectoria. Siempre le pregunto: “¿hay algún actor con el que no querés trabajar?”. Eso es muy importante. Luego charlo con el director. Allí comienza la subjetividad del casting. El director enumera las características del personaje y yo anoto. También tengo mis anotaciones. En total tengo tres: las mías, las del director y las del productor. Desde ahí pienso la consigna.

Sos un punto medio.

En algún punto soy una mediadora. La mayoría de las directoras de casting en el mundo somos mujeres y no creo que sea casual. Hay algo de intuitivo en la forma de ser de las mujeres y eso lo defiendo como tal. Quizás lo podría asociar con lo maternal. Es como que llegás a algo desconocido y vas a tener que hacer que nazca. Eduardo Mignogna me enseño que el proceso de aprendizaje siempre es de prueba y error. La primer semana de un casting es para pensar. A partir de las charlas reflexiono mucho. Pensá que tengo una base de datos de ocho mil actores.

Pero aun así es necesario que el director de casting saque lo mejor del actor.

Exacto. Hace poco hice un casting en Colombia. El actor colombiano va al casting con el vestuario perfecto del personaje que cree que va a interpretar, hasta habla como cree que el personaje hablaría. Exteriormente se acerca a la imagen del personaje  pero eso sólo no me sirve, yo quiero ver al actor en la situación del personaje, no disfrazado de él. “¿Qué harías vos en esta situación?”, esa es la clave. Recuerdo que hicimos el casting para un personaje que se llamaba “El turco” que no era turco ya que era un apodo. Cuando vino el primer actor empezó a hablar de una forma extraña, con una cadencia particular. Hasta vino con una pipa. Yo no dije nada. Al otro día vino otro y veo que también hablaba igual. Ahí le pregunté si estaba haciendo eso porque creía que el personaje era un turco hablando castellano. Le dije que se olvidara de eso y que fuera él mismo. Quiero ver lo que trae cada actor. “Aprendete el texto y después olvidatelo”, tuve que decirles. Incluso hacia que el partenaire los provocara. Mis colegas colombianos no podían creer lo que hacía. Siempre hago el mismo trabajo ya sea para un rol pequeño o uno grande.

¿Qué consejo le darías a los actores cuando van a hacer un casting?

Primero, que antes de la entrevista preparen el instrumento: su propio cuerpo. Tiene que calentar el motor: cuerpo y mente. Tienen que evitar pensar en si van a quedar o no, o en  si los otros candidatos son mejores que ellos. O más lindas. La verdad es que nada de eso cuenta. Por ejemplo, si buscamos mujeres de cincuenta, buscamos mujeres reales, no operadas ni nada de eso. Hay una generación de actrices que están inhabilitadas para hacer películas que vayan de los años setenta para atrás porque en los primeros planos se les notan las cirugías y en aquellos años eso no era tan común, sobre todo en mujeres de clase media. Cuando hago un casting tengo en cuenta todos los aspectos del personaje, incluyendo la clase social a la que pertenece y la época. Los jóvenes de hace cuarenta años no tienen los mismos cuerpos que los de ahora. Hoy en día van mucho más al gimnasio que antes. Una vez tuvimos que contratar mujeres de sesenta y setenta años para hacer de mujeres de cincuenta de hace cuarenta años. Con los jóvenes pasó lo mismo. Me basé en los cuerpos de esa época y terminé convocando jóvenes de treinta para hacer de veinte.

¿Qué elementos le aportas al casting?

Muchos. Por ejemplo para una película sobre la dictadura puse música de Sui Generis, la carta de Rodolfo Walsh y las actas del juicio a la junta militar en la sala de espera y cuando entraban les pedía a los actores que me contaran lo que habían vivido en esa época o bien lo que sabían de aquellos años. Así los preparaba. La espera del casting es un momento clave.

¿Tanto realismo se demanda?

Sí, siempre.

¿Qué otros elementos considerás que son clave para el actor?

Estudié con Mauricio Kartún y lo escuché hablando de la energía. Siempre rechacé ese concepto por haberlo asociado a algo místico o mágico pero ahora puedo decir que la energía es una fuerza que uno pone en funcionamiento cuando realiza un acto creativo. Y cuando esa energía comienza a circular el actor se relaja, se puede concentrar, y se puede sumergir en la situación que le planteo.

¿Cómo se toma la decisión final?

Por cada personaje le presento un mínimo de diez opciones al director. Luego fundamento la elección de cada uno. Muchas veces le presento uno que no tiene nada que ver con lo que él me describió pero según mi criterio tiene algo que vale la pena explorar y muchas veces lo eligen.

Hay un voto de confianza.

Sí, de lo contrario no me llaman. Es un trabajo en equipo con el director y el productor.

¿Cómo se llega a ser un buen director de casting?

Primero hay que estudiar actuación. Después ir mucho al teatro y estudiar dirección. En la Argentina tenemos una calidad actoral altísima y mucha de esa calidad se encuentra en el teatro independiente. Hoy con las setecientas obras en cartelera podés hacer un casting para cualquier producción. Son actores con una formación increíble que trabajan por amor al arte. Muchos directores de afuera me han dicho que esa materia prima no existe en ningún otro lado. Los italianos y los españoles se asombran mucho de nuestro nivel actoral.

¿Y en cuanto al trato con los actores?

Hay que ser buena persona porque tenés que ganarte la confianza del actor para que se entregue y luego tenés que hacerle una devolución honesta. Hay que tener sensibilidad. Pasan cosas fuertes en un casting.

¿Qué tipo de cosas?

En todo casting hay un momento de presentación. Lo actores odian ese momento porque no saben qué hacer y se ponen muy nerviosos. Por eso les pido que me hablen de la profesión, de porque la eligieron. La presentación es el primer momento de seducción del actor. Le pregunto quién es y que lo define como actor. Ahí aparecen cosas increíbles, historias personales, familiares, mundos que se abren en un minuto. El tema del casting es el tiempo. A diferencia del teatro el actor no cuenta con el tiempo para ensayar, procesar, investigar, elegir y probar. Eso lo hace una vez que ya tiene rol. En un casting tiene muy poco tiempo. La mayoría de los directores le da mucha importancia a los roles chiquitos porque no quieren que el público se olvide los personajes pequeños. Hay una expresividad única del lenguaje audiovisual que es muy distinta a la del teatro.

¿En qué sentido?

La cámara capta los pequeños gestos que expresa el mundo interior del actor mucho antes de que salga la palabra. Con un detalle y con una imagen podés expresar una vasta gama de emociones. Eso el espectador de teatro no lo puede ver. La cámara se te mete en el alma. En el teatro vos tenés la acción como potencia trasformadora del actor. En el cine la acción se crea a partir de lo que el actor hace y de cómo el director pone la cámara. En el escenario es el actor el que se defiende con su cuerpo en cada escena, en cambio en la narrativa cinematográfica el que toma las decisiones es el director. Eso genera dos formas de relato totalmente distintas. Las escuelas de teatro deberían incluir en su formación actoral la actuación frente a la cámara.

¿Cómo un actor puede desarrollar la habilidad frente a la cámara?

Tiene que hacer cursos y entrenar. Si va a un casting directo sin haber tenido la experiencia de actuar frente a una cámara no le va ir muy bien porque viene con el lenguaje teatral. Y no importa que sea un gran actor. Yo no quiero que vengan con una idea preconcebida y me muestren como se emocionan. El único estado que acepto es el de la creatividad. Si la emoción aparece o no es otro tema. Cuando vienen del teatro hacen cosas muy exageradas para la cámara. La cámara amplifica todo, la verdad y la mentira.

¿En qué consiste el estado de creatividad?

Es un estado de concentración, relajación activa e imaginación. El territorio está sin semilla y vos plantás algo. Lo mejor para un casting es que dejes una huella en mí, no importa si quedás o no.

¿Cómo dejás esa huella?

Haciendo un buen trabajo actoral. Hay veces que una persona no da para un papel en esa película pero sí da para otro. Me ocurrió con Ernesto Suarez en Camino a la Paz. Lo había visto en teatro y lo había tenido en un casting hacia años y jamás lo olvidé.  

¿Qué consejos les darías a los actores en cuanto a lo profesional?

Para los actores son fundamentales las redes, pero no las redes digitales sino las redes humanas. Los actores a veces creen que guardándose el dato del casting y no contándoles a los demás van a tener más posibilidades de conseguir el papel porque creen que así tienen menos competencia, pero no es así. Estoy en contra de la cultura de la competencia y del ocultamiento. En general no busco por redes sociales, lo hago a través de escuelas de teatro y representantes. No creo en los castings convocados por internet. Los actores tienen que hacer teatro e invitar a productores y directores. Tienen que juntarse entre los actores y ponerse a armar proyectos, ya sean teatrales o cinematográficos. Tienen que colaborar para hacerse visibles en vez de competir, tienen que generar redes actorales reales. No hay que quedarse sólo, hay que vincularse con grupos, con escuelas. El nuestro es un arte grupal. Ponete en movimiento, organizá charlas con directores, hacé cursos, no esperés a que te llamen. La actuación requiere de un motor interno creativo que te ponga atento a las oportunidades. Nuestra profesión es móvil. 

¿Qué hacés cuando escuchás que un actor está desanimado y quiere dejar la profesión?

Yo estoy abierta a tomar un café con cualquier actor si necesita algo. Soy fácil de ubicar. Una vez vi en el Facebook de un actor que se sentía frustrado porque había intentado entrar a varios lugares sin éxito. Yo no lo conocía pero igual le escribí y le dije de tomarnos un café. No quería que se quedara frustrado por una mala experiencia en un casting. También contacté a uno que había escrito en una red social que quería “mandar la profesión a la mierda”. Recuerdo que estaba muy mal. No lo dudé ni un segundo: lo contacté para juntarnos. Yo tuve muchos momentos de soledad profesional pero nadie que me contuviera, por eso me junto con los actores cuando tienen algún problema profesional.

¿Cómo lo encontraron a Ignacio Huang para la película “Un cuento chino”?

Me dijeron que necesitan a un actor chino y que si no aparecía no se podría hacer la película. Tenía que ser muy bueno porque iba a estar en todas las escenas con Ricardo Darín. Durante una semana pensé de donde podía sacarlo. Primero probé en lugares de la comunidad china y en la embajada. Luego publiqué un aviso en un diario de la comunidad china. Aparecieron cincuenta candidatos. Al mismo tiempo había hablado con todos los profesores de teatro que conocía para ver si alguno tenía algún alumno chino. Un colega me sugirió a un tal Ignacio Huang. Justo estaba entre los que se habían presentado. Cuando Ignacio vino hice una escena donde él hablaba chino y yo no lo entendía.  Ahí lo llame al director, Sebastián Borestein y los presenté. Ignacio dijo: “ser actor en la comunidad china no es algo bien visto, por eso yo quiero hacer algo importante para que mi familia lo aprecie”. Su madre había muerto hacía poco y su padre nunca lo había ido a ver al teatro. Cuando él nos contó eso todos lagrimeamos. Luego hizo una escena con Sebastián y fue desgarrador. Quedamos impactados y decidimos llamarlo a Darín. Cuando lo juntamos con Ricardo fue tremendo porque se dio la misma situación que en la película: Ignacio le dijo emocionado a Darin todo lo que lo admiraba y que lo veía desde chico para poder aprender de él. Ricardo lo abrazó y no hubo necesidad de hacer la escena, habíamos hallado al indicado. Me emociono cuando en un casting se ve el instante en el cual el actor empieza a convertirse en el personaje. Me emocioné mucho con Ignacio.

Vi que en algunas películas vos te elegiste.

Es que en algunos casos el director me plantea desde el principio: “a ver qué papel vas a hacer vos”. Siempre pequeño, por supuesto. En una ocasión me contrataron unos productores italianos para una serie llamada Terra ribelle que se filmó acá y que fue un éxito en Italia. Sucedió algo muy gracioso. Había un personaje que era la bruja del bosque. Durante el casting la directora entró y me vio interactuar con la actriz, entonces dijo: “Ya tenemos a la Miranda”. Y yo pensé que se refería a la actriz pero luego me dice: “¡Ma no! La miranda sei tu”.  

 

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