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Pocos dichos son tan conocidos como aquel que afirma que para tener una vida plena de experiencias y conocimientos hay que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Esta frase, que se basa en la adaptación de un relato del profeta Muhammad, muestra la importancia de crear y de dejar huella, ya sea en otros seres humanos, en la naturaleza o en el intelecto.

No, la escritura de un libro como meta a la que mucha gente aspira no es fruto de los tiempos modernos. Sin embargo, ¿quién podía soñar con tener un libro, hace medio siglo, más allá de una montaña de cuartillas escondidas en el cajón de algún escritorio? Lo que sí es fruto de los tiempos modernos es la facilidad para hacerlo realidad. Al googlear «escribir un libro» aparecen 217 millones de resultados. El mensaje es claro: con la autopublicación cualquiera puede tener un libro, y si no tienes tiempo o te da pereza hacer los tediosos procesos de autoedición siempre puedes recurrir a alguna empresa que por un módico precio hará que tengas en tus manos un libro escrito por ti, de calidad profesional si es que estás dispuesto a pagarlo, en un tiempo récord.

¿Nunca has escrito una sola palabra? No hay problema. Incluso si no sabes escribir, habrá alguien que esté dispuesto a escribirlo por ti y que te deje ponerle tu nombre. Solo necesitas una vaga noción de lo que quieres contar o de por qué quieres hacerlo. Y si te empeñas en escribirlo tú mismo, aunque no sepas, siempre puedes recurrir a la literatura infantil o a libros que apenas tengan texto pero que suplan esas carencias con ilustraciones vistosas. Ni siquiera importa si no hay nadie interesado en eso que quieres contar. Todo se puede comprar: incluso el pasar de ser un completo desconocido a convertirte en un autor superventas. Antes de lo que puedas imaginar serás escritor, estarás en todo lo alto de las listas de libros más vendidos, y multitudes entusiasmadas se agolparán en las librerías para comprar tu libro y que se lo firmes. Años de marketing han llegado a implantar esta idea en la mente de muchas personas. Todo lo que tienes que hacer es matricularte en este curso que te enseñará cómo conseguirlo, adquirir tales herramientas o contratar los servicios de tal coach o de tal empresa o, en el enfoque más tradicional, firmar con la editorial de turno.

En medio de este mundo de arco iris y unicornios alguien tiene que ser el Grinch que rompa la magia y lo diga: No todo el mundo debería escribir un libro. Democratizar la escritura y poner un sueño al alcance de cualquiera parece inspirador, pero lo cierto es que ha inundado el mundo con libros basura. Habrá quien diga: pues no los compres ni los leas. Ahora bien, el problema no es solo que el mercado se llene de libros malos, porque por muchos libros malos que haya siempre habrá buenos libros suficientes como para llenar toda una vida de lecturas. El problema es que esta saturación devalúa el propio concepto de libro.

Escribir un libro ya era una valiosa tarjeta de presentación antes de la era digital. Al fin y al cabo, la escritura siempre se ha asociado a una actividad cultural desarrollada por una élite minoritaria. Hoy en día añadirlo a tu curriculum, a tu perfil de redes sociales o a tu sitio web es todavía más prestigioso. Otorga un estatus que las editoriales tradicionales han sabido aprovechar y explotar. En los últimos años hemos visto cómo los agentes editoriales han buscado hasta por debajo de las piedras a cualquier persona que tenga una audiencia mínimamente fiel para pedirles que saquen un libro: youtubers, instagramers, tuiteros, empresarios, cantantes, actores, influencers en general o cualquier persona que haya hecho algo viral. Si puedo añadir que soy escritor a mi página de Wikipedia la gente me respetará más todavía, piensan. Sí, he utilizado de forma consciente la expresión «sacar un libro» y no «escribir», porque en muchos de los casos esos libros son obra de algún escritor fantasma.

La mentira que subyace bajo todo este armazón es que escribir un libro es algo fácil, algo que no exige tiempo, ni sacrificio, ni sufrimiento. Como dijo Paul Auster, «los escritores somos seres heridos. Por eso creamos otra realidad.». Pero parece que lo importante sea solo el producto, tener el libro hecho en tus manos, y tenerlo ya, lo antes posible, sin que el camino cuente lo más mínimo. Entonces, tener tu propio libro se convierte en un mero atajo para ganar reputación. Así es como se devalúa el concepto de libro. Durante miles de años los libros han sido fuentes inagotables de conocimientos y experiencia. De ellos escribió Borges: «De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria». Hoy en día, sin embargo, han quedado reducidos a una mera tarjeta de presentación, una publicidad un tanto ególatra que ha perdido todo su valor y su significado.

No todo el mundo debería escribir un libro. Antes de hacerlo habría que analizar los motivos que hay detrás. Cualquiera es libre de usar su propio dinero para impulsar su ego, pero hay que ser conscientes de que atraer a clientes, aumentar el prestigio, impresionar a la gente, aprovechar que se tiene una audiencia consolidada para ganar dinero o hacerlo porque lo hizo la competencia no son buenas razones. Eso tampoco significa que para escribir un libro haya que estar guiado siempre por los más nobles motivos, que hacerlo sea siempre doloroso o que no se pueda hacer con alguna ayuda. Pero partamos de la base de que lo más acertado es tener una historia que contar, necesitar hacerlo y estar dispuesto a invertir tiempo, además de sangre, sudor y lágrimas, si es que son necesarios. Por volver a Auster, el Premio Princesa de Asturias de las Letras también dijo: «Para mí, escribir no es una cuestión de libre albedrío, es un acto de supervivencia». De otra forma, se estaría contribuyendo a alimentar un mercado inundado de libros prescindibles.

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