Alfabeto shaviano

Alfabeto shaviano

En 1997, durante el Congreso Nacional de la Lengua Española llevado a cabo en el estado mexicano de Zacatecas, Gabriel García Márquez incendió a la intelectualidad sembrando una polémica al leer su texto «Botella de mar para el dios de las palabras». Básicamente daba sus impresiones sobre el idioma de Cervantes frente al inminente comienzo del siglo XXI. El autor de Cien años de soledad dijo que «nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros formativos para que entre en el siglo XXI como Pedro por su casa» y continuó añadiendo «jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver»‏.

Androcles y el León

Androcles y el León

Este discurso, que pronunciado hoy en día haría que más de un tuitero se revolviera de horror, fue un bombazo interpretado por muchos como una excentricidad y por muchos otros como una llamada de atención, o como una bobería sin sentido, de esas que son tan propensos a pronunciar los escritores. Que un premio Nobel de Literatura dijera que hay que jubilar la ortografía parece que va contra natura. Pero lo más curioso de todo es que no era la primera vez que un premio Nobel de Literatura proponía la jubilación de las normas ortográficas. Más de medio siglo antes el escritor George Bernard Shaw planteó esa misma cuestión con respecto al inglés, pero fue mucho más lejos que García Márquez, porque planteó una solución y puso cuantos medios tenía a su disposición para ponerla en práctica.

Según Shaw la ortografía inglesa, alejada de la pronunciación, era algo irracional, un problema que contribuía al analfabetismo de una gran parte de la población y que suponía una gran pérdida de tiempo y de dinero. La alternativa del hombre que nos contó cómo Eliza Doolittle aprendió a pronunciar correctamente el inglés fue dejar a un lado el alfabeto latino e idear un alfabeto fonético. Como la empresa era mayúscula y Shaw veía que podía morirse antes de completarla, dejó estipulado en su testamento que se celebrara un concurso para crear ese nuevo sistema de escritura con un premio de 500 libras esterlinas para el ganador. Además, también estipuló el autor que su obra Androcles y el León debía imprimirse en el alfabeto ganador.

Después de años de competiciones y de centenares de opciones, en 1958 fue elegido como ganador el sistema de Ronald Kingsley Read, que a partir de ese momento fue conocido como «alfabeto shaviano»‏, en honor al autor de Pigmalión. Se imprimieron 50.000 ejemplares de Androcles y el León, en ambos alfabetos, y la edición se acompañaba de instrucciones para poder aprender el shaviano, practicando frente a un espejo.

Ejemplo de transcripción

Ejemplo de transcripción

Ni que decir tiene que no hubo mucha gente que considerara este alfabeto fonético como una alternativa seria para escribir el inglés. Aparte de Androcles y el León, fueron muy pocos los textos que se imprimieron según el sistema shaviano. En 1997 los fondos que Shaw había dispuesto para este disparatado proyecto se agotaron y poco a poco fue muriendo. A pesar de ello, todavía hay hoy en día personas que siguen promoviéndolo, diseñando fuentes para él o implementándole mejoras.

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