Thomas Tryon dejó la actuación para dedicarse a escribir. En 1971 veía la luz El otro, su primera novela, posteriormente adaptada al cine y convertida ya en un clásico moderno. La editorial Impedimenta nos presenta esta edición en castellano con traducción de Olalla García que brinda la oportunidad de recuperar una novela de terror elevada el Olimpo por muchos, fuente de inspiración, según a quién se pregunte, para escritores tan reconocidos en el género como el mismísimo Stephen King. Una novela psicológica que parte de una premisa sencilla:

Verano de 1935. En un bucólico pueblo de Nueva Inglaterra, la gente no para de hablar sobre la epidemia de muertes que está asolando el hogar de los Perry. Tras el trágico fallecimiento de Vining, el padre, que se cayó por las escaleras del almacén mientras guardaba la cosecha de manzanas, la familia se enfrenta a una nueva pérdida: la del pequeño primo Russell, que muere en el granero ensartado en una horca que el jardinero jura haber dejado guardada en su sitio. Y, unas semanas después, desaparece una vecina, la adorable anciana de la casa de al lado… ¿Se trata de simples accidentes? Los hijos gemelos de Vining son una pareja de lo más peculiar: cada uno podría leer los pensamientos del otro, pero no pueden ser más diferentes. Holland es sarcástico e introvertido, y todo el mundo le considera una mala influencia para la familia, mientras que su gemelo, Niles, es agradable y generoso, y todos le adoran. Ambos viven inmersos en un extraño juego telepático que les enseñó su abuela rusa. Y puede que el juego se les esté yendo horriblemente de las manos…

Como punto de partida no está mal. La novela El otro se va afanar durante sus algo más de trescientas páginas en señalar la dicotomía entre dos personajes: los gemelos Perry. Mientras que el narrador parece posicionarse sobre el hombro de Niles, son las continuas referencias a Holland las que mantienen el pulso narrativo, así como los pequeños detalles que van quedando en las largas conversaciones, las descripciones de momentos, aparentemente, anodinos, y la profundidad psicológica de los personajes. Sin duda este último el gran acierto del libro. Al inicio de la lectura uno podría casi pensar que se encuentra ante un discípulo de Faulkner, leyendo una suerte de relato costumbrista del interior americano, o quizás la precursora de esa novela redneck que autores como Harry Crews sacaron de la profundidad de los desiertos y expusieron al mundo. El terror tarda en llegar y, cuando lo hace, se queda en las sutilezas, sugiere pero apenas muestra, Tryon prefiere dejar a elección del lector la explicación de lo que realmente está sucediendo. Esto hace que los primeros compases (más bien, el primer centenar de páginas) fluyan con una lentitud y un ritmo que recuerdan al cine del Dogma 95.

El otro deja notar sus huellas en muchas obras posteriores, indicativo de lo bien cimentada que se encuentra su narración. En la que más me ha hecho pensar es en Tenemos que hablar de Kevin, magnífica novela de Lionel Shriver cuya adaptación al cine goza de una importante notoriedad. Igual que en la citada, El otro profundiza en el lado oscuro de los personajes, sobre todo de los más jóvenes, quienes debieran ser lo más inocentes. Pero la inocencia, uno de los temas centrales del libro, queda pronto puesta en tela de juicio ante la sucesión de extrañas muertes y curiosos juegos que pueblan la narración y que suponen la melodía principal de estos dos personajes. Pues la novela, son los dos gemelos, y todo lo demás es un magnífico atrezzo compuesto con elegancia y saber hacer, pero decorado a fin de cuentas. El otro es una lectura pausada, no entusiasta, es un libro que se va acercando como un gato, dejando que el lector se acostumbre, que se haga con sus fórmulas, y que huye del clímax fácil de la novela de terror a que estamos acostumbrados hoy día. Quizás más semejante a Otra vuelta de tuerca de Henry James, que a otras con las que se la intenta comparar.

No es una lectura recomendada para el lector impaciente, ni tan siquiera para el lector ansioso de la espectacularidad de la verborrea literaria. Su público es el mismo que gozaría con el sincero horror de King o la melancolía tono sepia de Faulkner.

Thomas Tryon nació en 1926 en Connecticut. Comenzó su carrera como actor, y llegó a trabajar a las órdenes de Otto Preminger y George Cukor. Sin embargo, decepcionado con el mundo de la actuación, Tryon se retiró en 1969 y comenzó a escribir historias de horror y de misterio. Su primera novela, El otro (1971), se convirtió en un fenómeno de ventas y se mantuvo en lo más alto de las listas de best sellers de The New York Times durante más de seis meses. En 1972 fue adaptada al cine por Robert Mulligan.

Comentarios

comentarios