No hace mucho veíamos cómo es posible cuestionar la definición de libro que hace la RAE como «conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen». Basta con utilizar otros materiales que ni son papel ni son semejantes a él. Libros hechos con tela, hielo, cristal, cáñamo o piedra. Uno de esos atípicos materiales era el queso. ¿Un libro hecho con lonchas de queso? Detrás de esa extravagante idea estaba Ben Denzer, quizá la persona que más ha hecho por cuestionar el concepto de libro.

Ben Denzer es un diseñador gráfico de Kansas que estudió arquitectura y bellas artes en Princeton, antes de trabajar como diseñador de cubiertas dentro del grupo Penguin. También es el creador de la cuenta de Instagram Ice Cream Books y de una pequeña editorial llamada Catalog Press.

Esta editorial nace como resultado de la fascinación de Denzer hacia los libros y de la perspectiva única que le da su faceta como creativo y diseñador. Ben, que en alguna ocasión ha dicho que lo que le atrae de los libros es que unen contenido y objeto, que son una multitud contenida en algo singular, lleva mucho tiempo tratando de buscar formas diferentes de abordar el concepto de libro como objeto. Es lo que vemos en Ice Cream Books y antes de la creación de Catalog Press ya había modificado libros con ruedas, clavos, agujeros, ganchos o tornillos.

A través de Catalog Press ha lanzado una colección de libros que desafían el concepto de libro. ¿Qué es un libro? ¿Puede serlo una pila de servilletas, un montón de billetes a un dólar o un paquete de queso en lonchas? ¿Dónde están los límites? Eso es lo que trata de hacer Catalog Press: experimentar con las ideas más extravagantes para encontrar esas fronteras. A lo largo de su catálogo Ben Denzer muestra una predilección hacia el uso de distintos materiales, combinada con un indudable sentido del humor. El título del libro a menudo te dice, literalmente, lo que vas a encontrar dentro: cinco bolsitas de ketchup, treinta servilletas, veinte lonchas de queso o doscientos dólares en billetes de un dólar. Cualquier material es válido, parece decir, para construir ese sagrado objeto al que llamamos libro.

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