Joker, la cinta de Todd Phillips y Joaquín Phoenix que retrata los inicios de uno de los villanos más icónicos de la historia del cine, está siendo un éxito asombroso. Con apenas 55 millones de dólares de presupuesto, la cinta, que se alzó con el León de Oro en el festival de cine de Venecia, amasa ya una fortuna que la encumbra como uno de los mayores éxitos de DC. Algo que sus responsables no podían prever. La historia del trastorno mental de Arthur Fleck, de su aislamiento de la sociedad y de su resentimiento hacia esta, así como la lucha de clases en la ciudad de Gotham antes de que exista Batman son las claves para un guion oscuro y cuya construcción personaje es sublime. Pero como suele decirse “de aquellos barros, estos lodos”, y es que las influencias del filme más allá del celuloide son poderosas.

Entre ellas, Yo, Joker, cómic recién reeditado por ECC, tiene mucho que aportar.

Y es que el mundo de la televisión tiene mucho peso en la cinta de Joker. La ventana del mundo de la comunicación, los inicios de la viralización y el cyberbullying, son conceptos que se introducen en la cinta, ambientada en los setenta….y que ya se habían introducido en algunos cómics que protagonizara este villano. En Yo, Joker de Bob Hall nos encontramos con dos historias: atenderemos primero a la segunda, llamada La hora del Joker. Con este título tan similar a un sitcom nos encontramos una historia oscura y perversa en la que el Joker es víctima de terapias de choque en el Asilo Arkham que le dejan frito el cerebro. Obligado a ver telebasura durante horas, el Joker se fuga del Asilo para encontrarse mendigando entre los bajos fondos de Gotham, mientras Batman trata de darle caza. Aquí el Joker, igual que en la reciente cinta, comienza siendo la víctima de la historia y su proceso mental de descubrimiento (en este caso de recuperación de su memoria y sus capacidades cognitivas) le llevan, precisamente, hasta un plató de televisión. Tendremos cuidado con los spoilers sobre la cinta a partir de este punto, pero a poco que el lector haya visionado el trailer sabrá que este es precisamente otro de los puntos de la misma. Un lateshow conducido por el personaje que interpreta Robert Deniro, que en La hora del Joker adolece de menos glamour y se cambia por un programa de telerrealidad conducido por Barry Dancer. Programa que termina por encontrar al villano en las calles de Gotham y decide concederle una “entrevista”. Así, entrecomillado, porque asistimos al circo mediático que tanto critica la película de Todd Phillips.

Establece así Bob Hall una de las piedras angulares que servirían de inspiración al guion cinematográfico, cuyo desarrollo no dista demasiado de este. En la misma línea ya encontrábamos algo parecido en El regreso del señor de la noche, el laureado cómic de Frank Miller, donde el Joker ya hacía de las suyas en un show televisivo. Sin embargo, la reflexión del Joker en La hora del Joker es bastante más profunda, llegando a poner en tela de juicio la problemática de la viralidad a que nos enfrentamos hoy día y ahondando en los problemas psicológicos del personaje. No pasemos por alto el dato de que este cómic apareció por vez primera en 1998.

Y es que una de las cosas sorprendentes de la cinta es que deja de lado el universo cinematográfico de DC para dar paso a lo que podríamos denominar como una “historia alternativa”. En ella se da la vuelta a ciertos acontecimientos y se pone el foco en los orígenes de un personaje, aunque se vuelven a relatar algunos acontecimientos que ya habíamos visto antes. Esto es lo mismo que sucede en la línea Otros mundos, en la que se enmarca Yo, Joker. Con guion y dibujo del citado Bob Hall, Yo, Joker es una rara avis que los fans de los mundos alternativos realmente agradecemos. En esta historia casi de ciencia ficción hace tiempo que Bruce Wayne falleció y dejó de ser Batman, y cada 21 de Diciembre se da la oportunidad a los habitantes de Gotham de derrotar al actual Batman y quitarle el puesto. Para ello, primero han de asesinar con sus manos a uno de los villanos icónicos del personaje; villanos que son lanzados en terribles vehículos motorizados a sembrar el caos por la ciudad. A estos supervillanos se los resucita con una tecnología desconocida que está en manos de Batman…Una historia muy diferente a lo que solemos ver, y que parece tener poco que ver con la reciente película. Pero es que Yo, Joker está narrada por el villano, en un giro argumental del que no hablaré por evitar los spoilers pero que sitúa, una vez más, al villano como víctima. En realidad esto es lo que tienen en común estas dos historias con la conocida película: el punto de partida es la víctima, que termina convertida en villano. Y es que es algo que ya nos decía Alan Moore en su celebérrima La broma asesina: la tragedia de Gotham puede crear héroes o monstruos…y la línea entre estos a veces está difusa.

La película de Phoenix y Phillips lanza un inquietante mensaje que tiene que ver con una línea escrita por Nolan en su trilogía: “o mueres como un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en un villano.” Sin embargo Yo, Joker va un paso más allá. El villano puede caer en su propia trampa y que la tragedia que ha sembrado, el horror que ha construido su leyenda, se vuelva en su contra. La lectura de estas dos historias alternativas es especialmente recomendable en estos días en que la cinta de Joker está dando tanto que hablar. Recomendada para los amantes del cómic y los casuales que han disfrutado en el cine.

Robert «Bob» Hall es un artista y escritor de cómics estadounidense, además de dramaturgo y director de teatro. Es el cocreador de West Coast Avengers para Marvel Comics y ha trabajado en series como Armed and Dangerous y Shadowman, que dibujó y escribió para Valiant Comics.

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