Páginas del Códice de París, que data del periodo Posclásico, uno de los pocos libros mayas que se conservan (Fuente).

La civilización maya sin duda fue uno de los pueblos más impresionantes que el mundo haya visto, pues estuvieron muy desarrollados científica y astronómicamente. Sin embargo, “hasta los pueblos más poderosos tienen su época y acaban por sucumbir”, ya que después de ceder ante la corona española, esta civilización quedó olvidada durante muchos años. Afortunadamente, Michael. D. Coe, en estas páginas, nos brinda un viaje intelectual a través del desciframiento de la escritura maya, de la cual nos dice: “Es una escritura muy basta ya que escribes lo que deseas, en su propia lengua”.

Para esto, el autor nos plantea en primera estancia una breve historia del concepto de escritura. Nos narra que fue inventada por los sumerios de Mesopotamia hace 5000 años, y que la escritura egipcia nació a la par de ella. No es hasta la edad media que esta fue fuente de información. Los egipcios creían que el inicio de esta práctica inutilizaría la memoria de los hombres e incluso esto era retroalimentado por el filósofo antiguo Platón, quien creía fervientemente que «la palabra escrita era inferior a la hablada, pues no ayuda en la búsqueda de la verdad» . Fue Anastasio Kircher, en la época renacentista, quien dio pie a la investigación de la escritura jeroglífica estudiando lenguas como el griego y el copto.

En sí, el desciframiento de los glifos mayas se retrasó muchos años y no fue hasta 1952 que el estudio del lingüista ruso Yurik Valentinovich Knórosov obtuvo la clave para el desciframiento de esta escritura. Esto no quiere decir que muchos otros intelectuales no lo hayan intentado anteriormente, pero la mayoría de estos no poseían una formación en lingüística sino que eran arqueólogos, y, por tanto, sus esfuerzos fueron un fracaso

Estos intentos anteriores nos llevan al siglo XVI, con el primer europeo en estudiar el maya, Fray Diego de Landa, que era un fraile franciscano en Yucatán interesado en dicha cultura. El interés lo llevó a crear un primer alfabeto maya para poder entender el significado que ocultaban los glifos de la región. Sin embargo, las creencias religiosas que imponían en el nuevo mundo lo obligaron a quemar todas las evidencias del mundo pasado, con lo cual, el tema quedó sepultado. El estudio del maya no se reanudó hasta 1787, con el capitán Antonio del Río, que hace una expedición a Palenque donde da el primer informe sobre las ruinas de dicha ciudad. Este informe no se publicaría hasta 1822. En 1832, Samuel Rafinesque examina el código de Dresde (publicado por el explorador Alexander Humboldt) junto con las ilustraciones de la expedición de Del Río, llegando a la conclusión de que se trata la misma escritura. Rafinesque es el primero en comprender el valor de los signos de la numeración maya. Después de muchas expediciones arqueológicas a finales del siglo XIX y principios del XX, la teoría del desciframiento se le atribuyó al arqueólogo inglés Eric Thompson en 1926 y no fue aceptado por la comunidad científica hasta 1952.

Un detalle que vale la pena destacar es que Diego de Landa dejó la gran base para el desciframiento de los glifos mayas. No se nos muestra como entre sus informantes y no hay un entendimiento claro de las cosas, por lo tanto, se empezaron a dar malinterpretaciones que solo Knorosov noto y corrigió mucho tiempo después.

En el transcurso del libro, se revela una fuerte disonancia de ideas entre Eric Thompson y Yurik Knorosov ya que Thompson manejó durante muchos años la teoría de que la escritura maya era de carácter ideográfico, mientras que Knorosov (que es apoyado por el autor), sostenía que era una escritura silábica compuesta. En el año 1975, al morir Thompson, Knorosov finalmente ganó la contienda ideológica y fue catalogado como el descifrador por excelencia de los glifos mayas.

También, se nos muestran cosas como la manera de aprender el maya, ya que se nos pone como ejemplo que el idioma inglés (como la mayoría de las lenguas de origen indoeuropeo) no se enseña de manera silábica como en el caso del maya, pues esta lengua es aglutinante y dice mucho en una sola palabra, mientras que las lenguas de origen indoeuropeo utilizarán más palabras para decir una cosa. Además, se mencionan como, curiosamente, el japonés y el maya tienen mucha similitud a pesar de no tener ningún tipo de contacto, pues ambos son idiomas compuestos y aglutinantes que se enseñan de manera silábica.

Finalmente, el autor concluye que el desciframiento de la primera lengua mesoamericana aún no está completo. Sin embargo, aclarando que la clave de Knorosov no habría supuesto ningún avance y seguiríamos estancados en la teoría errónea de Eric Thompson. Cabe destacar que el libro va dedicado a Knorosov, pues este dedicó gran parte de su vida al desciframiento de un mundo muy lejano a Rusia, ya que él afirmó alguna vez: “No hay escrituras indescifrables, ningún sistema de escritura producido por el hombre puede ser leído por el hombre «.

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