Hernán Goldfrid es un director conocido por sus incursiones en el cine policial. Sin embargo, su alma es mucho más compleja: él se encuentra en una constante búsqueda que lo ha llevado a sumergirse en diferentes géneros.

Comenzó como asistente en las series Los Simuladores y Hermanos y detectives. Allí tuvo la oportunidad de trabajar con el director nominado al Oscar Demián Szifrón y con el premiado guionista Patricio Vega. Su debut como director fue en una comedia, Música en espera, y su consolidación tuvo lugar al dirigir una adaptación de la novela de Diego Paszkowski “Tesis sobre un homicidio”, protagonizada por Ricardo Darín. Hace poco terminó de filmar la segunda temporada de la serie de HBO El jardín de Bronce y yo, como fiel fan del cine, no pude evitar contactarlo para hacerle una entrevista.

El jardín de Bronce es un policial en donde sentís elementos fantásticos e incluso de terror, ¿fue esa la idea? ¿Puede ser que haya algo de Lovecraft?

Creo que el Jardín de Bronce tiene una influencia más marcada de Joseph Conrad, pero puede ser también que tenga ciertos elementos de Lovecraft. El autor de la novela, Gustavo Malajovich, fue el que realizó la adaptación junto a Marcos Osorio VIdal y por eso se perciben sus influencias. Lo que hace el director cuando recibe un guion es apropiarse de él y es inevitable que lo llene de elementos propios. Yo me sumergí en ese mundo a partir de mis influencias, en especial la de Conrad.

Cualquiera que ve tu obra diría que tenés una afición por el género policial.

El policial es algo que siempre me fascinó, sobre todo el cine fim noir o el policial francés de Mellville o Clouzot. Involuntariamente quizás se pueda apreciar su influencia en todo lo que hago. También me influencian mucho Joseph Lewis o Billy Wilder y por supuesto Hitchcock.

¿Cómo fue tu debut como director?

El guion de Música en Espera, escrita por Patricio Vega y Julieta Steinberg, había ganado un concurso, y como yo ya venía de trabajar con Patricio, los productores pensaron que era una buena oportunidad para qué dirigiera mi primer película. Cuando hacés una película aportás tu mirada, tu mundo. Uno integra las inquietudes que te hacen vibrar. Quizás por eso, a pesar de tratarse de una comedia romántica, sobresalen elementos policiales. Estaban allí y naturalmente empezaron a tomar fuerza. Son aguas en donde sé nadar.

Con “Tesis sobre un homicidio” de Diego Paszkowski entraste de lleno en el policial.

Es algo de lo que tenía ganas desde siempre. Y en ese sentido “El Jardín de Bronce” fue un paso siguiente completamente natural.

¿Qué te atrajo de la novela “El Jardín de Bronce”?

Era una novela que quería filmar porque fusionaba el género policial con el horror. En ese entonces pensé mucho en William Friedkin: The sorcerer, El exorcista, Contacto en Francia. Fue una fuerte influencia a la hora de imaginar el mundo de la serie. Friedkin no sólo trabaja el policial sino también el fantástico, y la unión natural de esos dos mundos era algo que me obsesionaba.

¿Qué te apasiona del lenguaje audiovisual?

El lenguaje del cine permite que te involucres con las historias y te conviertas en el protagonista. Elijo los planos de cada escena y su duración para lograr ese objetivo. Busco que el espectador se trasforme en el detective y que se involucre de forma emocional. Quiero que la audiencia sienta lo que vive el protagonista. Eso es lo que te permite la cámara y ese fue mi objetivo, por ejemplo, en “Música en espera” donde cada personaje tiene su propia búsqueda. También lo fue en “Tesis sobre un homicidio” donde vemos la obsesión de validar una verdad personal.

¿Cómo es el proceso de hacer una película basada en una novela?

En cada etapa, cada autor plasma sus propias obsesiones. En la novela es una, en el guion es otra y en la película pongo finalmente la mía.  Cada uno reconoce sus propios demonios.

¿Y cuáles son los tuyos?

Mis demonios aparecen en todo lo hice y uno de ellos es la obsesión: la necesidad de ir tras un norte, de probar que lo que imaginás es real y que todo eso tiene una razón de ser. Cuando filmo trato de encontrarme a mí mismo para poder reconocerme al ver el resultado final. Lo que veo es perseverancia y personajes que encaran un camino de búsqueda. Los personajes de “Tesis”, “El Jardín de bronce” y “Música” encaran una búsqueda que está asociada a la paternidad. En el caso de “Música”, la búsqueda de la inspiración y de un hijo; en el caso de “Tesis” la búsqueda de la verdad y la presencia de un protegido, y en el de “El jardín…”, la búsqueda de una hija perdida. La idea del legado es algo que vibra en las cosas que hago. Hasta lo veo en mis primeros cortometrajes.

 ¿Sobre qué hablaban tus primeros cortos?

Hay uno que se llama “Torino” y es una especie de Christine de Carpenter. Es sobre un mecánico que se obsesiona con un Torino y pierde la noción de la realidad. Al final su auto se vuelve demoniaco y se revela contra él. La obsesión lo gobierna. Lo mismo ocurre con los personajes de mis películas: la obsesión los consume a medida que realizan su búsqueda.

¿Cómo elegís un proyecto?

No hago proyectos si no tengo nada que aportar y si no veo algo de mí en ellos no los tomo. Esa fue la regla desde mis inicios. Hubo proyectos que rechacé pero que al volverse películas me encantaron como espectador. No las acepté porque no las sentía como propias. Si las hubiera hecho hubieran quedado muy distintas porque les hubiera dado mi impronta: la obsesión que flirtea con la oscuridad. La perseverancia se relaciona con la locura. Por eso me gusta “El corazón de las tinieblas”, “En la boca del miedo” o “El jardín de bronce”. Tienen que ver con ese viaje, con esa búsqueda.

¿Hay oscuridad en esa búsqueda?

Sí, hay que tener la capacidad de sumergirse en el corazón de las tinieblas para encontrarse. Hay que tener la libertad de hacerlo de manera permanente. Siempre disfruto cuando me encuentro navegando en ese rio. Estar en tierra firme me perturba porque no sé cuál es el norte pero cuando me veo remando en aguas turbulentas creo saber cómo navegar, y me siento más seguro aunque no conozca el destino final. El camino correcto es el de la búsqueda. Enfrentar el temor a lo desconocido, diría Lovecraft. Siento que al final del túnel voy encontrar lo que estoy buscando. A veces dirigir una película te obliga a estar cerca de la locura.

¿Y la paternidad?

La paternidad es algo que aparece en mis tramas. Siento que convertirme en padre fue algo natural para mí. En todas las historias que conté aparece la paternidad. En “Música en espera” hablaba de la paternidad y del efecto que a uno le genera, de todos los temores que aparecen. Haberme convertido en padre fue algo fundamental para mi crecimiento y algo que me llena de placer.  Vivo con mucha felicidad la  aventura de ser padre.

La paternidad tiene que ver con el legado, otro tema recurrente en tu obra.

En “El Jardín de Bronce” el personaje de César Doberti (Luis Luque) opera como maestro iniciador y es el que deja el legado. Esa relación es fundamental porque tiene que ver con el género policial. Doberti funciona como un Philippe Marlowe o quizás como el personaje de Malone de Los intocables o Julio de Grazzia de Tiempo de revancha. Para mí tiene algo de ese personaje. Fabián Danubio no podría existir sin Doberti. Ahí está la relación de iniciación. Es el personaje que representa al policial negro. Los elementos del noire están en su forma de ser, en lo que sabe, en la forma de vestirse, en cómo es su oficina. Es un personaje torpe pero noble y tiene el deseo de llegar hasta el final.

¿Quién fue tu maestro?

Ángel Faretta es uno de mis principales maestros. Me enseñó a ver más allá y a apreciar las distintas capas, a ser autoconsciente. Durante varios años tomé clases con él y esos años fueron fundamentales. Fue contemporáneo a mi etapa de formación en la escuela de cine. Me enseñó a ver el cine de otra manera y a leer de otra manera. A ver más allá. A entender a Hitchcock, a De Palma, a Bioy Casares, a Poe… Sus teorías son fundamentales para mi forma de ver y hacer cine. Otro de mis grandes maestros es Damián Szifrón. Trabajé desde muy chico con él y leía sus guiones buscando entender su manera de escribir y de construir historias. Quería aprender cómo él llevaba todo ese mundo inmenso que tiene en la cabeza a sus guiones y luego a imágenes y sonidos. También quería aprender cómo trabajaba con la cámara y con los actores. Fue fundamental como maestro iniciador para aprender a transformar el mundo de las ideas en imágenes. Fue un gran maestro del hacer.

Teoría y práctica.

Sí. Los maestros son las personas con las que uno participa en el proceso creativo y el cine es un arte grupal. Son las personas con los que trabajé: los guionistas, los productores, los actores. El aprendizaje es ebullición constante. Siempre pienso que estoy en ese barco rumbo a lo desconocido y durante el viaje aprendo gracias a los maestros que se cruzan por mi camino. Así voy aprendiendo a plasmar cada vez mejor aquello que quiero contar.

¿Escribirías un guion?

Sí. Igual disfruto trabajar en conjunto. Siempre, una vez finalizado el guion, mi intención es apropiármelo y  aportar todo lo que yo tengo para decir desde mi puesta en escena. La mejor forma de contar una historia es encontrando tus fantasmas. Si no logro apropiarme de los guiones siento que lo que hago no es genuino.

¿Trabajarías el terror? ¿De qué tipo?

Me gusta el horror en la realidad: “Pecados capitales”, “Chernóbil”, “El exorcista”. Una situación, ya sea fantástica o no, pero siempre presentada de manera realista, casi documental. Me encanta cuando sentís que es verdadero lo que ves. También me encanta “Los otros”, ese mundo desconocido. En este sentido ver y re ver Hitchcock siempre es para mi fundamental.

¿Creés en ese mundo desconocido?

Obvio, si no creyera en fantasmas no podría ser director. El viaje a lo desconocido es el viaje del descubrimiento. Hay fuerzas que te acompañan toda la vida para que puedas hacer las cosas mejor.

¿Harías ciencia ficción?

Sí, obvio. Tengo un proyecto de ciencia ficción que quiero hacer. Creo en los proyectos más allá del tiempo que lleve realizarlos.

¿Qué películas de ciencia ficción tomarías como punto de partida?

Las de Alien (las tres primeras). Me encantaría hacer algo así y no le tengo miedo al ridículo. Lo más importante es lo que uno cuenta y cómo lo cuenta. El cine de clase B es fundamental porque esos directores no tienen miedo a probar cosas nuevas. El género fantástico ha crecido mucho en la Argentina y eso es espectacular. Para poder filmarlas primero hay que apropiarse de las historias y luego encontrar la mejor forma de contarlas. Hay que encontrar los recursos para lograr que esas historias tengan el mayor nivel de profundidad y densidad posible.  No es la historia en sí, sino la forma en la que se cuenta. Por eso me encanta cuando los grandes directores como Carpenter Kubrick y De Palma hacen terror. Hay que cambiar el prejuicio de que el terror no puede contar historias profundas y con significado.

¿Qué ejemplos vienen a tu mente?

It follows, Get Out, Good Night Mommy. Películas que no tienen un gran  presupuesto pero cuentan las historias desde el fuera de campo. Ahí aparece la magia.

¿Cuáles son las ventajas del cine de género para contar estas historias?

En general ese cine es una llave para trasmitir las ideas de los autores, una excusa para contar obsesiones e ideas. Eso ocurre con cualquier género, ya sea en el cine o en la literatura. Es por esto que los grandes directores pueden bucear en los géneros sin preocuparse. Por eso me gusta explorar. Empecé con una comedia, seguí con un policial y ahora hago una serie que toma elementos policiales y roza lo fantástico. La idea de fusionar géneros sirve mucho para eso. Yo cuento las historias para poder hablar de las cosas que me importan. Quiero seguir hablando de los fantasmas que me atormentan pero con distintos géneros, con diferentes disfraces. Cuando tenés muy claro de lo que querés hablar podés utilizar diferentes tramas y tonos para decirlo. Los grandes directores pueden explorar los géneros sin ningún tipo de prejuicio. El director que tiene prejuicios con un género no está enfocado en lo que es la verdadera razón del cine: disfrazar tus obsesiones con historias.

Sin embargo el público argentino aún se resiste al terror local.

En España están acostumbrados al cine de terror pero acá no. Pero eso no quiere decir que acá no las vean. Quizás no terminaron de aparecer esas películas de terror argentinas a las que el público pueda responder.

¿Qué pensás de los conflictos entre el director y los productores?

La disputa entre directores y productores se dio a lo largo de toda la historia del cine. Y quizás esa disputa hizo que existieran grandes películas. Es muy importante entender lo que significa una película y el rol que juega cada una de las piezas que la componen. Yo soy muy respetuoso de cada elemento. A veces tenés que discutir a muerte lo que creés que está bien y de eso surge un conceso interesante. Otras veces el otro tiene la razón y tenés que considerar que te equivocas. Hay que abrirse a la escucha. Es importante tener los sentidos bien alertas para poder encontrar cual es la mejor manera de contar lo que uno quiere. En general, cuando uno sabe lo quiere trasmitir no hay problemas. El tema es cuando no estás seguro.

El cine es un trabajo conjunto.

Exacto, y hasta el último momento uno recibe distintas opiniones de personas con distinto grado de peso en el proyecto. Tenés que analizar de manera desapegada si los cambios propuestos alteran la esencia de lo que querés contar. Las decisiones deben estar alineadas con el objetivo. Si yo recibo una devolución donde estoy provocando algo que no es lo que yo quiero provocar debo revisar lo que hice mal. Distinto es que busque una emoción negativa y se quejen de eso. En el primer capítulo del “El jardín de Bronce” muchos me decían “me angustié muchísimo” y yo decía “qué bueno”, porque era lo que quería provocar. Si eso hubiera sido leído como algo negativo lo hubiera tenido que discutir. Ahora bien, si buscaba lo opuesto entonces hubiera tenido que cambiarlo. Primero tenés que saber lo que querés contar y después saber delegar. Hay gente que en ciertos aspectos sabe más que vos. Lo importante para mí es que las personas que trabajan conmigo, ya sean técnicos o actores, entiendan la idea. Por eso es importante saber trasmitirlo. Los Story Board sirven para que los demás entiendan lo que quiero hacer.

¿A quién consultás cuando tenés alguna duda?

A mi hermano porque tuvo una formación parecida a la mía: nos formamos viendo películas y discutiéndolas. Es la persona que más cerca está de mi mundo artístico. Consulto mucho a los guionistas con los que trabajo, como Patricio, por ejemplo. Obviamente a los productores. También consulto a dos o tres personas de mi mundo. En general son amigos que les encanta ir al cine y me puede dar su visión de espectador. Esas personas también son muy importantes para desatar los nudos que se presentan en el proceso creativo; nudos que, por cierto, yo me pongo. Es importante evitar que el ego se imponga a la obra. Me ha pasado de pensar que algo era fundamental y después darme cuenta de que no servía para nada. A veces me peleo porque creo que un plano es brillante y después en el montaje me doy cuenta de que es una cagada, y me quiero matar porque lo defendí a muerte. Tenés que tener la sagacidad de escuchar a los otros y analizar en frío si lo que hiciste sirve o no.

¿Qué cuento o novela te gustaría adaptar?

Más que historias, me gustaría adaptar los mundos que los novelistas plantean. Me encantaría hacer algo en el mundo de Moby Dick o El Cid campeador. No filmaría esas obras sino que hablaría sobre los mundos en los que esos personajes existen.

¿Te gusta dirigir a los actores?

Cada director se involucra con los actores de una manera personal y cada uno trabaja con los recursos que tiene. Yo trabajo las historias desde un lugar emocional, entonces así planteo la relación con los actores. Trabajo desde la construcción del personaje. Por eso me gusta involucrarme en el día a día con el actor. Si se puede ensayar perfecto y si no, hablo con ellos sobre la historia y el personaje que interpretan. Les he dado libros porque siento que eso puede ayudarlos. Incluso les he hablado de temas personales. También hay que escuchar lo que ellos traen: dudas, ideas, etc… Me gusta cocinar personajes con los actores.

¿Al dirigir tenés en mente la etapa de montaje?

Primero pienso en lo que necesito para contar la historia. A veces quisiera llevarme más material pero los tiempos y el presupuesto de la producción no alcanzan. Igual siempre priorizo las cosas que considero fundamentales. Claro que a veces me equivoco. Para el proceso de elección de planos es elemental el instinto y eso te lo da la práctica.

¿Con que director te tomarías una cerveza?

Con Carpenter. Le preguntaría cuáles son las cosas que más disfruta.

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