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Que la mujer ha sido sistemáticamente invisibilizada de la historia de la literatura es algo que no hace falta demostrar, pero a pesar de ser evidente pruebas no faltan (como esta o esta). Como consecuencia, cuando se han creado a personajes femeninos se ha hecho la mayor parte de las veces a través de óptica de los hombres. Está claro que difícilmente un hombre podrá representar a una mujer mejor que otra mujer, y es por eso que tiene sentido preguntarse cómo estaban representadas las mujeres en el siglo XIX, cómo lo están en la actualidad y qué evolución ha habido.

¿Y qué encontramos si comparamos las descripciones de personajes femeninos y de personajes masculinos? Un estudio realizado por el departamento de informática de la Universidad de Copenhague lo ha hecho.

Usando como base de datos Google Ngram, un motor de búsqueda online que registra la frecuencia con que aparecen palabras determinadas en fuentes impresas publicadas entre 1500 y 2008, los responsables de la investigación analizaron con una inteligencia artificial once mil millones de palabras a través de tres millones y medio de libros publicados entre 1900 y 2008 para buscar patrones estadísticos relacionados con el género. Las palabras buscadas hacían referencia a sustantivos que designan específicamente géneros, como «hermana» y «hermano» o «actor» y «actriz», así como los adjetivos que las describen, como «sexy» o «justo». Este último grupo de palabras se dividió a su vez en categorías según el sentimiento generado (positivo, negativo o neutral) y según aquello que designaran (comportamiento, cuerpo, sentimientos o pensamientos).

Lo que el estudio parece demostrar es que las mujeres generalmente se describen en términos de cuerpo y de apariencia, mientras que en los hombres se hace con adjetivos que se refieren a su comportamiento y cualidades personales. Los adjetivos positivos que se usan con mayor frecuencia para describir a las mujeres incluyen «bello», «sexy» o «elegante». En cambio, los que describen a los hombres incluyen «justo» o «sano». Además, los verbos negativos asociados con el cuerpo y la apariencia aparecen cinco veces más a menudo en los personajes femeninos que en los masculinos.

Ahora bien, ¿son relevantes los resultados? Isabelle Augenstein, de la Universidad de Copenhague, explica: «Si el lenguaje que usamos para describir a hombres y mujeres difiere a la hora de buscar un perfil profesional, por ejemplo, influirá en a quién se le ofrece un trabajo cuando las empresas utilicen software para clasificar las solicitudes de empleo». Si bien la investigación no es innovadora, ya que el lenguaje y el sesgo de género es un tema bastante recurrente en los estudios lingüísticos, y los resultados tampoco son novedosos, sí es el estudio más grande de su tipo realizado hasta la fecha.

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