Diez planetas es la primera obra de Yuri Herrera a la que me enfrento. El autor mexicano, autor de obras como Trabajos del reino Señales que precederán al fin del mundo viene con una antología de relatos anclados en la ciencia ficción, pero también en el fantástico, incluso en el terror:

Los personajes de Diez planetas habitan un futuro inimaginable que, no obstante, nos invita a dudar de las herramientas con que calibramos nuestro mundo más próximo: un terrícola exiliado en un improbable rincón de la galaxia hace un descubrimiento que le obliga a replantearse sus categorías de especie; una casa se rebela contra la manía de infelicidad de la familia que la habita; una exigua bacteria cobra conciencia en un colon humano por el azaroso efecto de una droga lisérgica; un cosmonauta desentraña un mapa nítido del mundo a través de las casi imperceptibles señales de una nariz… Sin perder un ápice de su habitual frescura ni de la rara precisión para nombrar lo ambiguo, el mexicano Yuri Herrera nos invita esta vez a mirar «del otro lado», allí donde nuestras gramáticas y unidades de medida se quedan pobres y nos enfrentamos a una liberadora conciencia de infinito. Porque Diez planetas es un libro de ciencia ficción, sorprendentemente unitario, pero también una pequeña colección de cuentos filosóficos «ilustrados» en la tradición que hermana a Ursula K. Le Guin y Philip K. Dick con Jonathan Swift y Voltaire. Y con Borges y Kafka.

En un cortísimo espacio (apenas 130 páginas), Yuri Herrera presenta una fábula construida sobre un montón de ladrillos diferentes. Esta será, acaso, la de la propia humana y su relación consigo misma. En los cuentos que pueblan Diez planetas (algunos de una sola página) se juega a imaginar futuros que van más allá de la misma humanidad, como en los cuentos El terrícola Zorg, autor de El Quijote; también mundos aparte de la humanidad, rebuscando en nuestro folclore, en nuestros miedos, como en los cuentos El arte de los monstruos Los objetos (ambos), o en la ciencia ficción más clásica pero también más especulativa, como en Músculo vivo.

Sorprendentes argumentos los que propone: ¿y si el Quijote fuera escrito por un extraño ser extraterrestre de una raza obsesionada con inventar historias? ¿Y si la Tierra fuera, realmente, plana? ¿O si una bacteria creciera y tomara conciencia? Nos encontramos con algunos hechos insólitos más allá de la ciencia ficción especulativa (que parece servir de hilo conductor para la gran mayoría del conjunto) y nos encontramos también propuestas más abstractas como la posibilidad de que los monstruos (qué monstruos, en qué mundo, preguntas que jamás se responden) fueran esclavos al servicio del arte… La imaginativa del autor es inmensa, y aunque la premisa de abrir y cerrar inmediatamente esas visiones de otros mundos sea atractiva, uno no puede evitar echar de menos algo más de profundidad en las propuestas. Algo que, si bien no lastra el total, se acusa como una molesta herida durante la corta duración del libro.

Yuri Herrera es un narrador atípico, porque parece, precisamente, huir de la narración. Todos los cuentos arrancan in media res y lo hacen sin ambages, acabando también en un suspenso en que la narración podría continuar, desarrollarse, ampliar su mundo, y sin embargo decide darnos tan solo una pincelada, un momento, como si echáramos una mirada a la luz de una estrella en plena extinción. Pero aunque estas historias miran hacia los cielos (y la oscuridad de los espacios), lo hacen siempre desde la mirada de un personaje, desde un lugar, desde un solo momento. Esta ciencia ficción íntima que nos llega desde latinoamérica y que tanto gusta hoy día, que usa como vehículo algunos cuentos que podrían llegar a considerarse microcuentos, y que no buscan cerrar nada. Narraciones que quedan siempre abiertas, emulando esa inmensidad del espacio.

La herramienta que usa, casi siempre, es algo cercano a la poesía. Evoca imágenes, pero no se afana en descripciones plagadas de imaginación desbordada, no busca el sense of wonder, busca introducirnos en un momento incómodo de la narración. En esto quizás se encuentre más cerca de la ciencia ficción rusa (y se entiende aquí por rusa, todo lo supone el otro lado de la guerra fría) que de la americana. Quizás se mire más en los hermanos Strugasky o en Stanislaw Lem, pero sin poder huir de la tradición de realismo mágico. Como si Cortázar conociera a Bulgákov y Diez planetas fuera el resultado. La editorial Periférica, experta en editar este tipo de cosas, lo sabe y nos lo ofrece. Un libro que ocupa un par de horas, pero en que el tiempo es, como en la ciencia ficción, relativo.

Yuri Herrera nació en Actopan, México, en 1970. Estudió la Licenciatura en Ciencias Políticas en la UNAM y la Maestría en Creación Literaria en la Universidad de Texas, en El Paso. Es Doctor en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad de California (Berkeley). Actualmente imparte clases en la Universidad de Tulane (Nueva Orleans). Ha publicado cuentos, artículos, crónicas y ensayos en periódicos y revistas de Estados Unidos, Latinoamérica y España: de El País a Reforma, de La Jornada a El Malpensante, de Letras Libres a War and Peace, además de en numerosas antologías. Fue editor y fundador de la revista literaria el perro.

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