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Las personas que visitan museos y galerías de arte cada pocos meses tienen un 31 por ciento menos de posibilidades de morir antes de las que no. Los que van al teatro o al museo un par de veces al año tienen un riesgo un 14 por ciento menor. Estos son datos proporcionados por investigadores del University College London (UCL) después de analizar una muestra de más de seis mil adultos de más de cincuenta años que participaban en un estudio más amplio sobre el envejecimiento. Este tipo de actividades de ocio, que no se suelen considerar relacionados con la salud, sí podrían repercutir en la longevidad, afirmó Daisy Fancourt, profesora del Departamento de Investigación de Ciencias del Comportamiento y Salud del UCL y autora del estudio que ha sido publicado en la revista BMJ.

El estudio, que comenzó entre 2004 y 2005, se centró en actividades que incluían visitas a exposiciones, conciertos y ópera, aunque no al cine. A continuación se les hizo un seguimiento a los participantes durante doce años. Para certificar los fallecimientos se utilizaron datos del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido.

Evidentemente, que exista una correlación entre ambos factores no conlleva necesariamente que haya una causalidad. Para explicar ese posible vínculo entre el mundo del arte y la longevidad se analizaron una gran variedad de factores, no solo de salud sino económicos y sociales (nivel cognitivo, compromiso social y cívico, salud mental, movilidad, discapacidad, etc.), por lo que podría pensarse que lo determinante son precisamente esas diferencias entre los que van a museos y exposiciones de arte y los que no van. En definitiva, aquellos que participan an actividades culturales y artísticas tienen un patrón social. Otros factores como el mundo laboral o el tiempo libre en principio no supusieron ninguna diferencia.

Esto no significa que el arte en sí no tenga nada que aportar a la ecuación. Para Fancourt el contacto con el arte puede actuar como un amortiguador contra el estrés y generar una creatividad que permita a las personas adaptarse a las circunstancias cambiantes. Así mismo, proporciona un apoyo emocional que ayuda a las personas a envejecer en mejores condiciones.

Al fin y al cabo, no sería el primer estudio que apuntara a los enormes beneficios que el arte puede aportar a la salud. Sin ir más lejos, no hace mucho la OMS publicó un estudio en el que se señalaba que la participación receptiva ‒con actividades como visitar un museo‒ y la participación activa ‒como cantar en un coro‒ sí tiene beneficios para la salud.

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