Demasiado a menudo nos hemos creído la falacia que avala Historia popular del levantamiento vampiro de Raymond A. Villareal: la del autor que, salido de la nada y sin currículum literario previo, ofrece la panacea que necesita la literatura moderna. Demasiado a menudo, también, esto nos viene de Estados Unidos. Pasó con Ernest Cline, que dio al mundo esa maravilla llamada Ready Player One y puso en duda su propia credibilidad con esa bochornosa historia llamada Armada, y sucede con esta novela que ha vendido sus derechos cinematográficos antes siquiera de ser conocida por el público. ¿Qué cartas juega? Pues vuelve sobre el mito del vampiro y lo hace imitando a Guerra Mundial Z, de Max Brooks:

Todo comienza con un misterio: el cuerpo de una mujer hallado en Arizona abandona la morgue y, según los testigos, lo hace por su propio pie. Pronto llegan más cadáveres al depósito como consecuencia de una enfermedad desconocida que solidifica la sangre. Y ninguno de ellos permanece donde lo dejaron.

A la manera de Guerra Mundial Z, esta es la escalofriante crónica, narrada a través de muchos personajes, artículos y documentos clasificados, de cómo poco a poco los vampiros se van mezclando con la sociedad pacíficamente…

¿O no?

La crónica oral es un estilo que ha dado sus resultados dentro del género de fantasía, terror o ciencia ficción de formas bastante sorprendentes. Una de ellas es, como menciona la sinopsis, Guerra Mundial Z, adaptada más tarde a una dudosa película y a un sorprendente videojuego. Pero también lo ha hecho en la ciencia ficción, con la impresionante obra de Chuck Palahniuk Rant, y también en los clásicos modernos, como Los detectives salvajes de Roberto Bolaño o incluso la biografía, como en Salinger de David Shields y Shane Salerno. Es un género, pues, explorado y reconocido, aunque quizás al lector más casual le pase desapercibido demasiado a menudo. Así pues, el primer acierto de Historia popular del levantamiento vampiro es escoger esta rara avis estética y ponerla al servicio de algo tan explotado como el vampiro. Su primer error es no saber hacerlo bien.

La historia que se nos narra es conocida por todos: un «brote» que da pie a los vampiros (en adelante llamados «crepusculares» para darle empaque a una obra que no cuenta nada nuevo), una serie de personajes que narran los inicios de esta guerra entre nocturnos y diurnos, el gobiernos americano lidiando con todo como pude, Seguridad Nacional haciendo lo propio y la religiosidad en medio, siendo testigo de cómo se cuestionan todos sus dogmas. Una serie de premisas que buscan las espectacularidad y ahondan los justo en los personajes o la sociedad como para obtener  el reconocimiento de novela más allá del best seller de bolsillo y que busca un elevado propósito. Cuál es este, no creo que ni el autor lo sepa. Aunque la trama puede resultar interesante por momentos, si obviamos todos los clichés americanos, los terribles diálogos y los personajes que parecen un reparto de CSI, el libro avanza a trompicones sin tener claro dónde debería centrarse. Qué es lo que realmente quiere contar, y al final se convierte en un montón de historias de barra de bar que tiene a vampiros como telón de fondo. Perdón, crepusculares.

Estéticamente, Historia popular del levantamiento vampiro falla en su premisa principal: construir una obra coral al estilo de la crónica oral. Y falla porque no es una obra coral, son solo algunos personajes que se repiten y cortan su narración en el momento adecuado (normalmente, un cliffhanger) para que el autor juegue a ofrecernos la transcripción de una supuesta entrevista o el punto de vista de otro personaje. Falla porque la voz no varía lo más mínimo de uno a otro; porque la narración es absurdamente expositiva y sobreexplicativa en todos y cada uno de los capítulos, como si todos los personajes hubieran acudido a varios talleres de escritura creativa; porque resulta poco verosímil que un personaje que ha sufrido un trauma recuerde cada objeto en cada habitación, lo que comió ese día o los sentimientos que le despertó el olor de tal cosa. Y también porque la cantidad de texto expositivo que solo busca un volumen de páginas aceptable evidencia las ganas que tiene el autor de ver esta historia en pantalla, no de escribir un libro. No hay casi literatura en Historia popular del levantamiento vampiro, como no hay casi interés en mantener la concordancia entre las voces de los personajes, sus diálogos y sus acciones. Plus marca: ofrece una infinidad de detalles médicos que al lector le dan igual, pero que parecen intentar justificar el conocimiento del autor sobre la posibilidad de que el vampirismo exista. Afirmación que ya es, en sí misma, absurda. Juega a hablar de racismo, pero lo hace sin fuerzas y tirando de infantiles metáforas y paralelismos.

A todo esto, hay que sumarle una trama que se va desinflando, un interés que se pierde en los primeros capítulos y la puesta a punto de un misterio que nunca se revela como tal. Todo esto hace de la primera de Raymond A. Villareal en algo que sirve para entretener al que no ha leído mucho en su vida. Quizás el medio audiovisual le siente bien, pues tiene esa pátina de True bloodThe Strain, pero ciertamente a nivel literario no aporta nada. Eso sí, la edición de Nocturna siempre elegante, bonita y llena de calidad. Me temo que lo mejor de este libro es su envoltorio.

Raymond A. Villareal (San Antonio) está licenciado en Derecho por la Universidad de Texas y actualmente ejerce como abogado. Historia popular del levantamiento vampiro, próximamente llevada al cine por la 20th Century Fox, es su primera novela.

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