Imagen: Manuel Moraleda Pérez.

Hoy, en el autobús, viajaba una mujer acompañada de un niño de unos seis años. El pequeño jugaba con un móvil. De pronto, le ha preguntado a la mujer:

– Mamá, ¿tú tienes un segundo novio?
– ¿Y eso? – ha preguntado la madre sorprendida.
– Este señor te acaba de mandar un mensaje. Te llama “corazón”.
– Es un compañero de trabajo – ha contestado riendo – Pero, ¿por qué dices segundo?

En ese momento, unas chicas han subido y se han sentado detrás de la madre y el hijo. Conversaban.

– Como te lo cuento, tía. Hay una mujer que publica cada cosa en el Facebook. Dice que se ha enamorado de la foto de perfil de un tío. Mira que enamorarse de alguien, solo mirando sus fotos. La gente está fatal.
– Bueno, yo la sigo y tampoco dice eso exactamente. Escribe sobre las publicaciones de un hombre que nadie sabe en realidad quién es y sobre sus fotos. Pero no que esté enamorada. Eso lo das tú por supuesto. Es una historia que ella se inventa y seguro que es de coña. Siempre está con cosas así.
– Ya, pero tía, un poco obsesiva con el pobre sí parece. Por cierto, voy a ver que ha escrito hoy…. Ay, mira, ¿has visto las fotos de este tío? ¡Es más mono!
– Pero, ¿es amigo tuyo? ¿Lo conoces?
– ¿Yo? ¡Qué dices! De nada. Solo sigo su cuenta del Insta. Espera que ha puesto más fotos… ¡Jo, tía! No me digas que no está bueno. Tiene un viaje de ida y vuelta o dos o un crucero entero.

Su amiga ha mirado el móvil con cierta despreocupación.

– Bueno, venga. Tampoco es para tanto. Un poco como todos. Cachitas, piercings, tatuajes. Pelito a un lado. Tupé. Lo típico. Seguro que no se ha leído un libro de más de cien páginas en su vida. Uy, que digo cien. ¡Cincuenta! Y ya me parece mucho…
– Ya estás con tus rarezas.
– Bueno, vuelve a la del Facebook, que me hace más gracia. ¿Qué pone hoy?
– Espera… Mira aquí está. Ha publicado no sé qué de un libro que se está leyendo y otra cosa. Algo de que va en un autobús con un niño.
– ¿A ver?

Las chicas se han callado y han comenzado a leer y la madre y el niño, que habían interrumpido su conversación con su irrupción, han continuado charlando.

– ¿Por qué dices segundo? – ha repetido la mujer porque el niño se había despistado.
– Porque ya tienes uno.
– ¿Sí? Y, ¿quién es?
– Éste – ha dicho el pequeño señalando una foto encerrada en un círculo.
– Ese no es mi novio – ha reído.
– Pues quiere ligar contigo.
– ¿Sí? – ha vuelto a reír la madre – Anda, ¿y tú sabes lo que es “ligar”?
– Claro – ha respondido el pequeño sonriendo con picardía.
– Y ¿qué es? Si se puede saber.

El niño ha callado durante unos segundos esforzándose por encontrar entre su aún limitado vocabulario la palabra exacta. Cuando la ha encontrado ha mirado a la madre con aires triunfales y ha contestado convencido.

– Enamorar.

Al escuchar esta palabra, he recordado la conversación de las chicas con una sonrisa porque esa mujer “que escribe cada cosa”, en realidad, soy yo, y casi al mismo tiempo he observado el perfil de la carita del niño que mira el móvil y almacena palabras de amor en su cabeza, y la sonrisa se ha mantenido unos instantes más en mi rostro, porque ese niño es mi hijo, y la mujer sentada a su lado y que ahora acaricia su cabecita, también soy yo.

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