Un poco de odio de Joe Abercrombie puede ser, perfectamente, uno de los libros más esperados por los amantes de la fantasía en este año. Al menos, mientras esperamos a Vientos de Invierno de George R.R. Martin. Sin duda el inicio de una nueva trilogía por parte del autor de la saga La primera ley, ubicada además en ese mismo mundo y que funciona como continuación de los hechos acaecidos en La voz de las espadas, Antes de que los cuelguen y El último argumento de los reyes (amén de los spin-off: Héroe, Tierras Rojas y La mejor venganza) es un acontecimiento para los fans de un autor que se ha ido volviendo cada vez más famoso en nuestras fronteras y cuyo gusto por sus fans hispano parlantes es evidente. Runas, sello de Alianza Editorial, se encarga de hacernos volver al mundo de La Primera Ley:

Años después, la era de la máquina está llegando al Círculo del Mundo, pero la era de la magia se niega a morir. Las chimeneas de la industria se elevan sobre Adua y el mundo bulle de nuevas oportunidades. Pero las viejas rencillas no se han olvidado. En las castigadas fronteras de Angland, Leo dan Brock lucha por conseguir la fama en el campo de batalla y derrotar a los ejércitos de Stour Ocaso. Para ello espera recibir ayuda de la corona, pero es mejor no contar con el hijo del rey Jezal, el irresponsable príncipe Orso. Savine dan Glokta (influyente inversora e hija del hombre más temido de la Unión) planea llegar a la cumbre del montón de escoria de la sociedad empleando los medios que sean precisos. Con lo que ella no cuenta es que ningún dinero podrá poner coto a la ira que va a estallar en los suburbios.

Un poco de odio viene ser una vuelta de tuerca en lo que a fantasía épica se refiere. No una vuelta que no hayamos visto antes, pero sí una bien desarrollada y que sabe cómo enganchar al lector. Subjetivamente la trilogía original se convirtió para mí en una lectura ligera que me impactó poco, y aunque solo me acerqué a uno de los spin-off, Héroes, reencontrarme con Un poco de odio ha sido gratificante. Con una trama que se desarrolla unos treinta años después de la citada trilogía original, en esta novela el mundo creado por Abercrombie se va desarrollando, pasado del alto medievo en que se inspiraba, a una suerte de revolución industrial en que el carbón y las nuevas máquinas van cambiando el mundo. Mientras tanto, la guerra sigue su curso, una guerra que parece inacabable, y los herederos de viejos reinos aportan sangre nueva (y nuevas venganzas). La lucha del proletariado, el cambio entre modelos de negocios, la inversión y desarrollo y la inevitable lucha de clases con los temas en los que se asienta una novela de fantasía que bien podría ser la mejor obra de Abercrombie. Al menos, de cuantas he leído.

Lo más notable de este autor oriundo de Lancaster es su facilidad para desarrollar personajes y hacerles hablar. Como ya ocurriera en sus novelas anteriores, Un poco de odio es una inmensa novela coral en que la trama se desarrolla de forma realmente lenta, acelerándose hacia el final, pero contando muy poco. Apenas una pincelada de un entramado que parece más una novela de historia sobre reinos inexistentes que una novela de fantasía per se. La magia y la fantasía se mantienen en niveles muy modestos y el quid de la cuestión siempre es la trama política y social. Se aleja de la sombra de Tolkien, se diferencia de Rothfuss, aunque se mantiene bajo el ala de Martin. Un poco de odio, que será continuada por las novelas de próxima aparición The trouble with peace y The beautiful machine, representa a nivel estético lo que diferencia a este autor: una voz audiovisual que no se afane en describir como si del paso previo a un guion cinematográfico se tratara, sino con un recurso mucho más literario. El diálogo. Y es que ya ocurría en la saga de La primera ley, pero ahora más que nunca la narrativa avanza casi siempre a base de diálogos. La gran mayoría compuestos de forma impecable, sabiendo cómo hacer que la trama avance, dándole voces creíbles a los personajes, pero también mostrando mucho en los silencios, en la manera en que otros personajes dialogan entre sí, abre y cierra tramas usando (casi) como única herramienta el diálogo, y aunque le quede muy lejos, se aprecia un estilo más cercano a Salinger que a Tolkien. Los escenarios casi siempre están desdibujados, bien porque no precisan más, bien porque se presupone que ya se conocen de otros libros (aunque este es un defecto en que cae pocas veces), y, sin embargo, logra lo que se propone: construir un mundo. Y esto es, quizás, lo que más se puede celebrar de Un poco de odio. Que realmente construye un mundo incontestable, no solo un mapa con un puñado de nombres inventados a imagen y semejanza de tantas y tantas reminiscencias anteriores. Un mundo vivo, que evoluciona, que crece, que se enfrenta a retos.

Lo mismo sucede con sus personajes. Savine, hija del magnífico Glokta, personaje clave en anteriores novelas, es uno de los mejores construidos, pero el plantel no se detiene en algo tan banal como hacer que los hijos sean los herederos de las rencillas de los padres. Pronto las motivaciones de todo el elenco se hace tangible, aunque más de uno dará un giro inesperado, y espero que lo sigan haciendo en sucesivas novelas. La construcción de estos es impecable, aunque a veces uno puede verse perdido entre tantas voces, tantas relaciones, tantas tramas secundarias y tanto linaje. Un poco de odio pone las cosas muy fáciles para que el lector acceda, y lo hace tanto en su historia (que resumida en unas pocas frases resulta bastante simple) como en su estética. Abercrombie no es un virtuoso de la lírica, ni lo pretende: es directo, conciso y efectivo. Es un Stephen King del fantástico, sabe que el lector quiere enamorarse de los personajes y sufrir por ellos, y que el escenario es, a fin de cuentas, solo un escenario. Aunque la evolución que va narrando hacia una era industrial se aleja de esta tendencia natural del autor, e incluso llega a echarse de menos que profundice solo un poco más.

Sin embargo, Un poco de odio también es, en ocasiones, demasiado largo.

Y es que esto depende demasiado del tipo de lector que se sea, pero yo ya estoy en ese punto en que un libro demasiado largo me hace desconfiar. En esta novela ocurren muchas, muchas cosas, pero la trama general avanza de forma lenta, a paso de tortuga, y en ocasiones sus 700 páginas pecan de relleno. No es que sobren páginas(porque en ningún libro nunca nada, quiero declarar, el autor es soberano y escribe lo que quiere), pero sí que se extiende la trama de una forma antinatural en ocasiones, centrándose durante capítulos enteros en situaciones que poco aportan. Claro que ayudan a construir a los personajes, y siendo ese uno de los principales atractivos del libro, pues tampoco es una queja formal. Más bien una advertencia: abstenerse lectores impacientes, Un poco de odio se cuece a fuego lento.

Su edición en tapa dura resulta elegante, aunque un poco armatoste, no muy cómoda de leer (las ediciones en tapa dura de esta saga son, sin duda, la mejor opción en que disfrutarlas). Algunos puntos de la traducción de Manu Viciano no me han entusiasmado (sobre todo lo que tiene que ver con traducir fucking por “lo puto”) y he echado un poco de menos las traducciones de Raúl Sastre y Borja García.

Para ser una primera parte de una trilogía, pega fuerte. Me inspira mejores recuerdos que La voz de las espadas, la novela con que comenzó esta saga, y aunque Abercrombie no crea algo tan original ni maravilloso que podamos llamarlo único, no deja dudas de que es una saga de peso y un autor importante. En todo caso, lo prefiero a clásicos modernos como Sanderson o Rothfuss, que son demasiado barrocos y pedantes para mi gusto. Un poco de odio se mira más en el western que en la fantasía; se aproxima más al teatro que a la serie de televisión, y se conoce a sí misma. Es una obra honesta, ni más ni menos. Y un buen punto de partida para una saga que puede superar a su predecesora.

Joe Abercrombie, nacido en Lancaster en 1974 se graduó en psicología en la Universidad de Manchester. Antes de dedicarse enteramente a escribir, trabajó para una compañía de postproducción televisiva. En la actualidad vive con su familia en Bath. Es autor de la «Trilogía de la Primera Ley»: «La voz de las espadas», «Antes de que los cuelguen» y «El último argumento de los reyes», así como de otras tres novelas independientes en el mismo universo: «La mejor venganza», «Los Héroes» y «Tierras Rojas», así como de la «Trilogía del Mar Quebrado». Además, ha publicado «Filos mortales», una antología de relatos.

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