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En los últimos años, con el avance de las nuevas tecnologías de la comunicación y la aparición de las redes sociales, la idea de que los jóvenes leen menos que antes está cada vez más extendida. Al menos, si entendemos por lectura la que se hace casi exclusivamente de libros o soportes materiales impresos similares como revistas o periódicos. Ahora bien, ¿cuánto hay de verdad y cuánto de mito en esta creencia?

Un reciente informe elaborado por el National Literacy Trust con motivo del próximo día del libro muestra que en 2019 solo el 26% de los menores de dieciocho años pasaba algún tiempo leyendo cada día, lo que supone el nivel más bajo registrado hasta el momento desde 2005, año en que esa institución comenzó a analizar los hábitos de lectura de los jóvenes. Otro dato significativo es que el interés por la lectura disminuye con la edad: casi el doble de niños de cinco a ocho años afirma que le gusta leer, si lo comparamos con jóvenes de catorce a dieciséis años. Solamente un 53% de los niños encuestados afirmaron que disfrutaban leyendo mucho o bastante, el nivel más bajo desde 2013.

Así mismo, el estudio encuentra una marcada división de género en la lectura por ocio: menos de la mitad de los niños, un 47%, eran lectores entusiastas, frente al 60% de las niñas. Una tercera parte de los niños encuestados comentaron que simplemente no conseguían encontrar ninguna lectura que les interesara.

Si bien es cierto que estos datos están centrados exclusivamente en Reino Unido e Irlanda, no sería descabellado extrapolarlos a otros países occidentales. Según el autor infantil Michael Rosen, estos datos deberían suponer una llamada de atención para los gobiernos, que deberían ser conscientes de la importancia que tiene la lectura en la formación de cualquier persona y tendrían que actuar en consecuencia dándole un peso mucho más relevante en los sistemas educativos, eso sí, buscando fórmulas que eviten la obligatoriedad.

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