Con la cuarentena, el exceso de tiempo libre agudiza el ingenio para sobrellevar el aburrimiento. Ejemplos no nos están faltando en las últimas semanas. Frente al cierre de museos debido a la pandemia de COVID-19, una pareja londinense ha decidido abrir su propia galería, aunque no esperan recibir ni una sola visita, al menos no humana, porque los destinatarios de las obras de arte que se exponen en ella son un par de jerbos, llamados Pandoro y Tiramisú, que tienen como mascotas.

Las cabezas pensantes que están detrás de esta disparatada idea son Filippo Lorenzin, comisario del Museo Victoria y Alberto de Londres, y su novia, la artista Marianna Benetti. La pequeña galería, que abrió sus puertas tras cuatro horas de trabajo, el 5 de abril, día catorce de la cuarentena en el Reino Unido, presenta cuatro exquisitas pinturas inspiradas en famosas obras maestras: La Mona Lisa de Leonardo da Vinci, El grito de Edvard Munch y El beso de Gustav Klimt y La joven de la perla de Johannes Vermeer. Puesto que es arte dirigido a roedores, cada pintura, por supuesto, viene con su propio toque animal, que incluso versiona el nombre del cuadro. La joven de la perla, por ejemplo, se convierte en El jerbo de la perla. Cada parodia se completa con un marco de cartón y una etiqueta en la pared con un código QR.

Según cuentan Lorenzin y Benetti a Hyperallergic, los dos jerbos, hermanos de nueve meses, eran vírgenes de arte antes del estreno de la galería. Sin embargo, todo parece indicar que su primera visita al museo ha sido todo un éxito. «Disfrutaron mucho de la exposición y prestaron mucha atención a al mobiliario de la galería», explica la pareja. Ahora bien, aunque emocionados por el arte, como los jerbos no saben leer no hicieron caso a la señal que aconsejaban a los visitantes que no masticaran los muebles y algunos de ellos fueron dañados. Por suerte, todos los materiales de construcción, cartón, papel y algo de madera, son completamente inofensivos para los jerbos, como comenta Sarah Cascone en Artnet News.

Para los arquitectos de la galería, que los visitantes se hayan comido parte del mobiliario no es ni mucho menos una ofensa. Lorenzin dijo en Art Newspaper que fue divertido llevar a cabo la idea y simplemente esperan que a través de ella las personas confinadas recuerden los buenos momentos que han pasado en los museos y que no duden en apoyar a estas instituciones en los tiempos tan inciertos que corren.

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