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¿Qué editorial se atrevería a publicar hoy en día un libro que ensalzara el supremacismo blanco y que atacara a otras etnias y qué librería se atrevería a ponerlo en sus estanterías? Unas, tanto editoriales como librerías, que sin duda tendrían un alcance muy reducido entre los lectores. Sin embargo, estas y otras infames ideas han conseguido en los últimos años un altavoz sin precedentes, que les permiten llegar a todos los rincones del planeta: el todopoderoso gigante Amazon. La compañía ofrece a neonazis y a toda clase de extremistas el acceso a una plataforma que no solo traslada su pensamiento a una audiencia con la que nunca antes soñaron sino que, previo pago de la tarifa establecida, incluso llega a promocionar sus libros.

Tras unos minutos, lo que se tarda en cargar el texto en Kindle Direct Publishing, la herramienta de autoedición de Amazon, el libro electrónico aparece en la librería más grande del mundo. Menos de medio día en total y con una supervisión mínima. Sí, KDP ha democratizado la industria editorial, dando la oportunidad de llegar a una cantidad de lectores inimaginables a autores que habían sido excluidos de los canales tradicionales, pero es que entre esos autores en no pocas ocasiones se cuelan neonazis y supremacistas blancos. Lo hemos visto con Anschluss: The Politics of Vesica Piscis, un polémico libro que elogia la masacre de setenta y siete personas que el neonazi noruego Anders Breivik llevó a cabo en 2011, o The White Rabbit Handbook, cuyo autor enfrenta cargos por delito de odio por incendiar una mezquita y que Amazon ha eliminado recientemente. En los grupos marginales de 4chan, Discord y Telegram se habla a menudo del uso de la plataforma para la promoción de las ideas y el propio Breivik, al comienzo del manifiesto de mil quinientas páginas que acompañó a sus ataques terroristas, sugirió a sus seguidores que usaran KDP, entre otros, para dar a conocer su mensaje.

Lejos de ser una casualidad el hecho de que estos libros sean habituales en Amazon, es más bien la consecuencia inevitable de la estrategia comercial de la compañía. Ninguna idea parece demasiado extrema ni ningún autor parece cruzar la línea de lo que no se debería decir porque incurría en delito de odio. A medida que las principales redes sociales y otras plataformas de publicación han trabajado para prohibir a los extremistas, Amazon se ha convertido en un refugio desde el cual pueden difundir su mensaje con tan solo unos clics. Basta con echarle un vistazo a las recomendaciones en cualquiera de los libros que promocionan un pensamiento extremista para descubrir una madriguera llena de odio.

Después de los episodios de violencia de la extrema derecha en Charlottesville, Virginia, en 2017, Facebook, Twitter, Reddit y PayPal tomaron medidas en sus plataformas contra el supremacismo blanco y la promoción del odio. Y aunque Amazon ha excluido de su plataforma a algunos importantes supremacistas blancos, como David Duke, ex líder del Ku Klux Klan, y puntualmente elimina libros extremistas del KDP, a veces meses o años después de su publicación, y a menudo en secreto, sin darle ninguna explicación a los autores o a los lectores, parece que estas decisiones son muy poco frecuentes.

Un ejemplo de lo que se permite sería Billy Roper, que está considerado como la voz no censura del neonazismo más violento. Durante varias décadas, Roper ha dirigido algunas de las facciones más radicales del movimiento nacionalista blanco, y hoy dirige ShieldWall Network, un grupo que intenta construir un etnoestado solo para blancos en el sur de Missouri y el norte de Arkansas. Y también es un prolífico autor. Desde 2014, ha subido diecisiete libros de ficción y no ficción a la plataforma. Sus obras más conocidas son la trilogía racista Hasten The Day, que tiene lugar en los años posteriores a que Estados Unidos se haya dividido en varios etnoestados en guerra, un resultado que el autor considera inevitable. En The Balk, una colección de ensayos autoeditada en 2015, Roper pide a los lectores que se imaginen en el mundo que de su ficción. Pues bien, aunque las cuentas de las redes sociales de Roper fueron suspendidas, incluyendo Facebook, Twitter, YouTube y VK, la alternativa rusa a Facebook, la de Amazon se mantuvo tal cual, además de su cuenta de Goodreads, la red social para lectores de Amazon, donde presenta y promociona sus novelas y discute sobre la supremacía blanca. Ni que decir tiene que el tener los libros en la plataforma hace que sus ideas sean más legítimas y atrae a nuevos posibles lectores, una táctica de reclutamiento sencilla y eficaz.

Antes de Amazon, Roper probablemente hubiera tenido una difusión muy limitada, pero en el mundo digital tiene una visibilidad sin precedentes. Si antiguamente Gary Lauck, líder de NSDAP / AO, un partido neonazi estadounidense, solía utilizar el correo postal para pasar de contrabando propaganda neonazi a Alemania y a otros países europeos donde estaba prohibido, hoy muchos de sus trabajos están al alcance de cualquiera gracias a Amazon y a Kindle Unlimited. También hemos visto cómo muchas obras clásicas del nazismo y del antisemitismo que ya no tenían derechos de autor y no se editaban se han vuelto a publicar a través del KDP.

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Las políticas de KDP no abordan el discurso del odio, el racismo o la incitación a la violencia, aunque Amazon se reserva el derecho de eliminar cualquier artículo de su tienda, incluido el «contenido que no gusta nuestros clientes» o que no «proporciona una experiencia de lectura agradable». «Como libreros, creemos que es importante permitir el acceso a la palabra escrita», expica en un comunicado un portavoz de Amazon. Y continúa: «Esto incluye libros que algunos pueden considerar censurables, aunque tenemos políticas que indican qué libros se pueden incluir en la plataforma. Invertimos mucho tiempo y recursos para garantizar que se sigan nuestras pautas y eliminamos productos que no cumplan con ellas. También analizamos rápidamente cualquier libro cuando surgen dudas».

Un ejemplo de ese proceso tuvo lugar en 2010, cuando apareció en la tienda de Kindle The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure, un libro que describía cómo acercarse a los niños y que incluía historias eróticas sobre experiencias sexuales positivas entre niños y adultos. Como era de esperar, se generó una enorme polémica que hizo que Amazon eliminara el libro para volver a ponerlo y a continuación volver a eliminarlo. Como resultado, la compañía introdujo pautas adicionales para el contenido sexual. Sin embargo, en lo que respecta a contenidos difamatorios y discursos de odio, el gigante se lava las manos.

Amazon describe KDP como un servicio de impresión, no como un editor o una red social, pero su papel es de todo menos pasivo o inocente. Su algoritmo de recomendación tiende a agrupar textos radicales. Utiliza los historiales de compras, navegación y lectura para guiar al usuario hacia los libros que es más probable que compre, en lugar de proponer sugerencias de críticos o de editores. Esto hace que cuando se busca un libro que defienda el fascismo, las recomendaciones sean todas defensas del fascismo, incluso para usuarios que no hayan hecho búsquedas anteriores, lo que convierte el proceso en una especie de cámara de reverberación. De este modo, es fácil ir pasando por libros que defiendan el antisemitismo, el fascismo o el nazismo sin encontrarse ni uno solo que tenga el punto de vista opuesto.

Por no hablar de las estrategias de posicionamiento, como asignar un libro a una categoría de poco tráfico. Así encontraremos Jewish Privilege, del antisemita E. Michael Jones, como el décimo libro más popular dentro de la categoría de Política LGTB, a pesar de no ser más que un ataque al pueblo judío. Otros autores mejoran su posicionamiento haciendo que sus libros sean gratuitos durante un tiempo. Roper llevó a cabo esta estrategia en foros neonazis y lo único que pedía a cambio era una reseña positiva, lo que hace que Amazon los recomiende todavía más. Así se entiende que la primera entrega de su trilogía tenga una setenta reseñas y una calificación de cuatro estrellas sobre cinco.

En los últimos tiempos parece que Amazon sí ha empezado a tomar algunas medidas con este problema. En los últimos años ha eliminado cientos de obras negacionistas del Holocausto, incluyendo gran parte del catálogo de la editorial revisionista Castle Hill Publishers. En 2019, prohibió varios libros de Greg Johnson y su editorial Counter-Currents. También ha eliminado obras del influyente autor de derechas conocido como Roosh y del islamófobo Tommy Robinson. Sin embargo, la opacidad característica de Amazon sigue estando presente en este aspecto. Los criterios que le llevan a tomar la decisión de vetar a un libro o a un autor de su plataforma no están nada claros. Y mientras algunas obras de Johnson son eliminadas, otras muy similares permanecen como si nada. Mientras elimina libros que niegan el Holocausto, mantiene otros que hacen lo mismo.

A pesar de la dificultad de tratar de conjugar la libertad de expresión con el respeto, otras plataformas como Lulu, Smashwords o Kobo prohíben a los autores publicar contenido discriminatorio o que inciten al odio. Las dos primeras, sin ir más lejos, han vetado a Roper de su catálogo. Es cierto que el tema no es nada sencillo. La censura en la literatura es algo peligroso. Viaje al centro de la noche es una de las obras más importantes de la literatura francesa a pesar de que Céline era fascista, antisemita y negacionista del Holocausto. Ya de por sí es difícil definir qué es discurso del odio, pero incluso aunque exista, puede hacerlo como cita de otro autor o que tenga una importancia social, histórica o literaria. Sí, sería erróneo aplicar a un ensayo o a una novela las mismas políticas que rigen las públicaciones de Facebook o de Twitter, pero está claro que un criterio ambiguo no es precisamente la mejor estrategia para una compañía que controla aproximadamente la mitad del mercado de libros impresos en Estados Unidos y cerca del 90% del mercado digital.

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