El exlibris de Colfax de Agnes Miller

Cuando un libro, además de estar bien escrito y de entretenerte, te proporciona un descubrimiento, entonces la satisfacción es doble. Este ha sido el caso con El exlibris de Colfax de Agnes Miller. Aunque me considero un lector todoterreno, en principio abierto a todos los géneros habidos y por haber, no suelo leer demasiada novela negra. Sin embargo, si le pones libros de por medio, cualquier género se hace tentador. Y ahí es donde entra El exlibris de Colfax. Escrita en 1926, nunca traducida al español ni reeditada en inglés desde entonces, se considera el primer ejemplo de bibliomistery, un sugbénero literario híbrido de misterio y novelas sobre libros. Ese ha sido el descubrimiento del que hablaba: saber que existe todo un género que combina misterios y libros. Imposible no caer en la tentación de leerlo.

El exlibris de Colfax es la primera y única novela para adultos de Agnes Miller, una autora de la que se sabe poco más aparte de que se había dado a conocer con una colección de novelas juveniles que había iniciado en 1923 y que finalizó, tras cinco entregas, en 1931. Curiosamente, el tercer libro de esa serie, The Linger-Nots and They Golden Quest, comparte algunos aspectos de la trama con El exlibris de Colfax.

Constance Fuller es la narradora y protagonista de esta historia. Inicialmente taquígrafa en Darrow’s, una enorme y concurrida librería en el centro de Manhattan, gracias a su inteligencia y desparpajo llega a convertirse en vendedora de libros y posteriormente pasa a trabajar en la sala de libros raros, especializándose en grabados. Al comienzo de la novela Constance está a cargo de catalogar una colección de libros comprados recientemente a un juez que vivía en Richmond, Virginia. Entre esos libros se encuentra una edición limitada de un libro titulado Notas sobre los Estatutos Médicos del Código de Virgina, escrito por el Magistrado Whortley Clarihew en 1810. Esta copia en particular, la número 239 de un total de 300, tiene un exlibris inusual que se cree que es obra de Hugh Colfax, un grabador de la era de la Revolución Americana cuyo trabajo solo se ha visto principalmente en Inglaterra. Si el exlibris era auténtico, el hecho de que apareciera en una copia de un libro publicado en Estados Unidos, sería un descubrimiento insólito en el mundo de la bibliofilia, por tratarse de una edición única.

Peter Burton, el empleados de Darrow’s encargado de comprar la colección del juez, pagó una cantidad excesiva por el volumen de Clarihew, más de quinientos dólares, solo porque se sentía atraído por una joven que le había suplicado que no permitía que otro hombre se quedara con el libro. Constance pronto descubre que no menos de seis personas parecen estar detrás del libro y no se detendrán ante nada para conseguirlo. Aparentemente, es el exlibris lo que hace que todo el mundo ambicione el libro.

Cuando un hombre se derrumba en la sección de libros de derecho de Darrow’s, debido a una misteriosa herida, justo después de manipular el libro, y más tarde muere en el hospital, todo parece indicar que la muerte es un posible asesinato. Todos los empleados de la librería están bajo sospecha. Se inicia una investigación para descubrir si la muerte fue un asesinato, qué ocurrió con el arma homicida, que aparentemente desapareció de la librería y la identidad del hombre que murió y la de la joven que se desmayó y que le suplicó a Peter «¡Guárdemelo! ¡Guárdemelo para mí!». Por su parte Constance tendrá que tener listo su catálogo antes de que estalle una huelga de impresores y la librería se quede sin publicidad antes de las compras navideñas. Sin embargo, incluso con la fecha límite a la vuelta de la esquina, no puede evitar hacer un poco de trabajo detectivesco y se ve obligada a resolver el misterio del libro.

Agnes Miller nos depara todavía algunas sorpresas más. Al igual que los laberínticos pasillos de Darrow’s, Constance se sumerge en una tortuosa trama de engaño, robo y traición. El volumen de Clarihew y el propio exlibris revelarán más de un secreto. La intriga está dosificada de manera que nos vamos encontrando progresivamente con sorpresas que hacen que el libro esté lleno de giros y de revelaciones repentinas.

Bien es cierto que el estilo de Agnes Miller adolece de una gran sintaxis victoriana sobrecargada, con largas cláusulas descriptivas y abundancia comas, pero a pesar de ello la historia es atractiva y extraordinariamente moderna para un libro publicado a fines de la década de 1920. Uno de los grandes atractivos de El exlibris de Colfax es precisamente el personaje de Constance, una mujer con una sensibilidad muy moderna que de alguna forma precede a las heroínas feministas que pueblan los misterios y los romances góticos de la década de 1970. Miller ha creado un personaje con estudios, independiente, con las ideas muy claras, con mucha confianza en sí misma y en sus capacidades profesionales, una narradora ingeniosa de lengua incisiva. No pasa desapercibido, sino más bien al contrario, el feminismo latente en la novela a través de este personaje, que no duda en cargar las tintas contra un mundo masculino que considera injusto por no darle las mismas oportunidades al género femenino, o sobre aquellas mujeres de su entorno que han transigido y han pasado por el aro del patriarcado, que son prácticamente casi todas. Pero incluso, a pesar de ello, casi todos los personajes femeninos parecen ser más fuertes que los masculinos. Aunque hay un personaje masculino que está al frente del caso, el detective Benjamin Almy, parece que Constance le hace la mayor parte del trabajo.

La mala noticia es que las novelas de bibliomistery no abundan. La buena es que la Editorial Renacimiento ha decidido traducir y editar la novela de Agnes Miller dentro de su colección Espuela de Plata. De hecho, nunca se le podrá agradecer lo suficiente a esta editorial lo que está haciendo por el género, después de haber publicado otros títulos como Libros peligrosos de Marco Page, El manuscrito Borges de Alejandro Vaccaro o de anunciar que en un futuro lanzarán Scrope or the Lost Library de Frederic B. Perkins. Desde luego, aquí un lector lo tienen asegurado.

Comentarios

comentarios