“No podemos hacer esto. El sálvese quién pueda no va a funcionar. Es hora de empezar a organizarse. Tenemos que averiguar cómo vamos a sobrevivir aquí. […] si no podemos vivir juntos, vamos a morir solos”. El discurso de Jack Shephard en uno de los primeros episodios de Perdidos, que marca un punto clave en su argumento, podría tener hoy cabida en el Parlamento Europeo.

si no podemos trabajar juntos moriremos solos

Las palabras que los guionistas pusieron en boca de Matthew Fox no son nuevas. Los filósofos llevan milenios hablando de la importancia de la unidad ante la adversidad. En un muro del aeropuerto de Johannesburgo puede leerse el proverbio africano “If you want to go fast go alone, if you want to go far go together” (“Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”).

Aunque no se conoce el origen exacto de esta frase, hay citas similares en todas las culturas. En ‘Romance de los Tres Reinos’, novela china escrita por Luo Guanzhong en el siglo XIV, podemos leer cómo el autor destacaba en uno de los pasajes que “si se coopera, dos ganan; si se lucha, ambos quedan derrotados” (合则共赢,斗则俱伤). No hace falta un análisis profundo para entender la importancia de cooperar.

Sin embargo, el coronavirus está levantando muros más rápido de los que somos capaces de echar abajo. Lo vimos en Wuhan, cuando miles de personas de los aledaños de Hubei se concentraron en los puentes por los que caminaban sus vecinos, que salían de una cuarentena de tres meses. Lo vemos en Europa, cuando los países se niegan a trabajar en equipo y unir fuerzas.

Decía Lyndon Johnson que “there are no problems we cannot solve together, and very few that we can solve by ourselves” (“No hay problema que no podamos resolver juntos, y muy pocos que podamos resolver por nosotros mismos”), y tenía razón. Hay una analogía maravillosa que podemos realizar en casa utilizando lapiceros, aunque me fue contada en Filosofía con ramas de árbol.

Recuerdo que el profesor trajo a clase varias ramas pequeñas y partió varias delante de nosotros. Era fácil. Estaban secas y la fuerza de sus manos las dejaba reducidas a poco menos que astillas. Luego cogió cinco o seis, e intentó partirlas. Dijo algo así como “la unión hace la fuerza”, o la resistencia, o la resiliencia. Probablemente todas, y estoy seguro de que lo dijo algún filósofo famoso.

Pero da la impresión de que ninguno de nuestros gobernantes lee filosofía (ni historia, ya puestos) y son por ello candidatos ideales para volver a cometer una y otra vez los mismos errores. En cierta medida se parecen a aquellos profesores que prohíben trabajar en equipo durante los exámenes, sin entender que la mecánica de colaboración siempre será más potente que el trabajo en solitario.

Pensábamos que el cambio climático iba a ser el reto de la década, y resulta que había otro a la vuelta de la esquina. Ambos nos demuestran que estamos en la posición perfecta para que el suelo se derrumbe bajo nuestros pies y nos hundamos todos. Porque si no podemos vivir juntos, vamos a morir solos.

Comentarios

comentarios