Carlos Di Sarli al piano (Fuente).

Junto con los nombres de Juan D´Arienzo, Miguel Caló, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Ricardo Tanturi, Francisco Canaro, Angel D´Agostino y tantos otros, el de Carlos Di Sarli se volvió sinónimo de lo mejor del tango argentino.

Di Sarli nació en Bahía Blanca en 1903 y murió en Olivos, también en la provincia de Buenos Aires, en 1960. Creció en un hogar de inmigrantes en donde la música era una pasión familiar. Asistió al Conservatorio Williams, donde su hermano Domingo era profesor, y se formó en estrecho contacto con la música clásica de compositores como Johann S. Bach, Fréderic Chopin y Wolfgang Mozart. Pero a los quince años Di Sarli descubrió el tango y a los dieciséis comenzó a tocarlo. Eran los tiempos en que Carlos Gardel entonaba “Mi noche triste”, inaugurando el tango canción.

Entre 1916 y 1918 fue pianista de cine. En 1919 mientras hacía un recado en una armería, recibió un disparo accidental de un empleado que limpiaba un arma, y a partir de allí se vio obligado a usar anteojos de cristales oscuros.

Instado por Juan Carlos Cobián, otro bahiense que inscribió su nombre en la historia del tango argentino, en 1919 organiza una orquesta, con la que toca en cafés de su ciudad natal. A partir de allí, cambia su nombre real de Cayetano por el de Carlos.

En 1923 se instala en Buenos Aires. Pasa por la orquesta de Anselmo Aieta y la formación de Alejandro Scarpino, autor del célebre “Canaro en París”, para incorporarse finalmente a la orquesta de Osvaldo Fresedo, “El pibe de la Paternal”.

En 1927 Di Sarli forma su recordado sexteto en el que revistaron José Pécora y David Abramsky en los violines, César Ginzo y Tito Landó en los bandoneones y Adolfo Krauss en el contrabajo. Sus primeros cantores serán Santiago Devín y Ernesto Famá. En 1928 firma un contrato con la discográfica RCA Víctor y en 1932 incorpora a su formación al cantor Antonio Rodríguez Lessende. Di Sarli se sumará a la transformación del tango que había iniciado Julio de Caro, pero no tardará en ir más allá y definir un estilo propio.

En 1930 el propietario del café “Germinal”, donde Di Sarli tocaba, le reprochó al pianista el uso de sus anteojos oscuros, considerándolo un gesto de esnobismo. Di Sarli abandonó inmediatamente el café, seguido por sus fieles músicos.

Tras una estadía en Bahía Blanca, regresa a Buenos Aires, y en 1936 ejecuta la música de la película Loco lindo, donde actuaban Sofía Bozán y Luis Sandrini. El filme resulta un éxito y se vende al exterior.

En 1939 Di Sarli organiza su orquesta típica, formada por Roberto Guisado, Ángel Goicoechea y Adolfo Pérez en los violines; Roberto Gyanitelli, Domingo Sánchez y Roberto Mititieri en los bandoneones; y Domingo Capurro en el contrabajo. A partir de la presentación de la orquesta en Radio “El Mundo”, Di Sarli recibe el apelativo con el que será recordado para siempre: “El señor del tango”.

Con esa formación, el bahiense participó de la época dorada del tango argentino, tocando en bares, cafés, teatros, salones y carnavales. Para la década de 1940 el tango había conquistado desde los más humildes clubes barriales hasta los más elegantes salones.

Con la voz de Roberto Rufino, “El gorrión del Abasto”, la orquesta de Di Sarli dejó grabaciones clásicas del género, como “Cascabelito”, “Verdemar”, “Griseta”, “Esta noche de luna”, “Patotero sentimental”, “Otra vez carnaval” y “Tristeza marina”, entre otras. También cantaron con su orquesta Jorge Durán, Alberto Podestá, Roberto Florio, Mario Pomar, Oscar Serpa, Horacio Casares y Argentino Ledesma.

Como compositor, Di Sarli dejó recordadas piezas como “Bahía Blanca” (dedicada a su ciudad natal), “Milonguero viejo” (dedicada a Fresedo), “Porteño y bailarín”, “Nido gaucho”, “Verdemar”, y la ya mencionada “Otra vez carnaval”. Como dato curioso, puede decirse que Di Sarli se negó rotundamente a que “Bahía Blanca” tuviera letra, manteniéndola siempre instrumental.

Amable, modesto, cortés y respetuoso, el pianista bahiense nunca manifestó odios ni celos hacia sus colegas. No siempre recibió el mismo trato: en una ocasión le sabotearon una presentación en el local Marabú cortándole el suministro eléctrico.

Anibal Troilo nunca ocultó su admiración por Di Sarli, a quien calificaba como uno de los mejores músicos de tango. Decía que la del bahiense era una “orquesta con olor a kerosén”, en alusión a su estilo que evocaba los bailes reos de épocas pasadas. Toda vez que “El señor del tango” tocaba en el salón Marabú, “Pichuco” iba a bailar allí con su esposa Zita.

El estilo de Osvaldo Fresedo ciertamente influyó en la etapa inicial de Di Sarli, quien siempre hizo público su reconocimiento hacia “El pibe de la Paternal”. Pero esa influencia no fue determinante. Di Sarli desarrolló un estilo propio, basado en la precisión rítmica y la riqueza melódica, que se acentuó con la formación de su orquesta típica. Su conocimiento de la música clásica le proporcionaba un firme basamento para la ejecución, a partir del cual se lucía su famosa “zurda milonguera”. Con bandoneones fundamentalmente rítmicos, aunque a veces también melódicos, y escasos solos instrumentales, su orquesta cultivó el apego al piso típico del tango de salón.

El pianista de los lentes oscuros tocó por última vez el 9 de marzo de 1959 en un club de Lanús. El 12 de enero de 1960 murió en su casa de Olivos.

Las orquestas típicas de Florindo Sassone, Gente de Tango y Misteriosa Buenos Aires pueden considerarse continuadoras del paradigma disarliano, un modo de concebir e interpretar el tango que sigue animando milongas en todo el mundo.

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