A dos años de la muerte del talentoso director y creador Isao Takahata, aún lo recordamos con una de las mejores animaciones de Studio Ghibli, El cuento de la princesa Kaguya (2013), alejada de las obras de su amigo Miyazaki, pero tan cercano al imaginario tradicional de Japón, Isao nos regala una pieza llena de emociones y de belleza visual, resultado de la pasión y perfección que lo caracterizaba en su trabajo.

La historia de la princesa Kaguya, considerada el primer cuento de ficción nipón, tiene su origen a finales del siglo IX como parte de la tradición oral, pero quedó inmortalizada en un rollo como Taketori Monogatari, en español La historia del cortador de bambú, hasta el siglo XVII. Gracias a este rollo y a la extensa tradición artística que antecede a la cultura japonesa, Takahata retomó los elementos visuales clave para que los espectadores tuvieran frente a sus ojos una serie de pinturas animadas.   

Sinopsis

La inusual aparición de una pequeña princesa en el brote de un bambú, cambiará la vida de un campesino cortador y de su esposa. El crecimiento acelerado y la curiosidad juguetona que caracterizan a la princesa, la llevarán a conocer a Sutemaru y a otros niños del campo que se volverán sus amigos.

Su vida cambiará cuando se mude a un palacio en la ciudad, donde recibirá la educación de una princesa y tendrá más de un pretendiente. Despertará el interés del mismo emperador, removiendo en ella los recuerdos de su origen y de su inesperado final.

Metamorfosis de la princesa Kaguya

Uno de los rasgos más importantes para la construcción de personajes de héroes o princesas, es el proceso formativo o la serie de obstáculos que atraviesan para llegar a la consolidación de su personaje, o alcanzar un objetivo. La princesa Kaguya explota este recurso literario y lo plasma desde el comienzo de la película, así, el proceso formativo o, como prefiero llamarle, la metamorfosis, comienza desde que el cortador tiene en sus manos a una diminuta niña que de  momento se convierte en un bebé, cuyo peso aumenta conforme la tienen en sus brazos. Los padres no son los únicos que se percatan de la condición de la niña, a lo lejos están los ojos de asombro de los niños que le nombran “pequeña bambú”, entre ellos los de Sutemaru, quien la acoge gentilmente en su grupo y se vuelve su amigo.

La película está llena de contrastes en el espacio, por un lado está el campo donde es libre y se divierte, y por otro lado está su palacio donde se encuentra encerrada y aprende sólo lo que le dicen como parte de su formación. Además, la temporalidad marcada por la estaciones del año va de la mano con la metamorfosis de la pequeña bambú. Incluso algunos personajes, como la figura de su madre, serán primordiales para sobrellevar esos cambios y recordarle sus días felices en el campo.

A pesar de la facilidad de aprendizaje de la princesa, ella se rehúsa a abandonar su espíritu libre, el personaje se transforma según el lugar donde se encuentre, aunque aparezca disfrazada con atavíos lujosos nunca pierde su esencia y todo el tiempo cuestiona quién es y lo que quiere. Así lo vemos en una de las escenas con mayor dinamismo en la película, cuando sueña que se fuga del palacio y vuelve a su estado libre y natural con una sola prenda, despertando al poco tiempo de ese sueño.

Como parte de la metamorfosis de Kaguya, la ilusión del primer amor cobra sentido y es representado como una bella fantasía cuando vuelve al campo y se encuentra con Sutemaru. La manera en que Takahata muestra el esperado encuentro entre los dos personajes, nos trae a la mente recuerdos y sensaciones de lo que experimentamos al estar enamorados. Sin duda, es una escena llena de emotividad que apenas dura unos minutos, pero se vuelve un epílogo del primer amor de la princesa en la tierra.

Es evidente que la historia por sí misma es una gran obra literaria y al ser una cinta de Studio Ghibli se convierte en una joya del cine animado japonés. La fotografía a cargo de Keisuke Nakamura está llena de colores pasteles que le añaden ese carácter nostálgico a la historia, aunado eso, los paisajes verdes con un sol resplandeciente y con lluvias, le dan más vida a las imágenes. Todo eso es posible gracias a la belleza de las ilustraciones, cuya animación es de Osamu Tanabe, quien no se define sólo por ello, pues pone detalle en la caracterización de sus personajes, dotándoles de rasgos gentiles y naturales, y poniendo énfasis en la princesa Kaguya y en Sutemaru, a quienes les añade un toque más a sus ojos, haciéndolos más grandes y expresivos. Si bien estos fotogramas repletos de luz y color son elementos muy importantes dentro de la película, no hay que olvidar su origen, pues, seguramente, fue la inspiración de los dibujos, queriendo rescatar y aludir a los del rollo, y todavía más importante, apelando a la cultura tradicional japonesa.

La música de Joe Hisaishi, es otro elemento importante para darle más peso al carácter nostálgico de la película, en especial, la canción que canta la princesa y sus amigos, Warabe Uta, la cual describe el campo y la añoranza de volver a alguien. Asimismo, la música que ella produce al tocar el koto, es una muestra de su metamorfosis y de la gran reconstrucción del imaginario colectivo del Japón tradicional. Esto, más los sonidos de la naturaleza que escuchamos con el cantar de las aves, el sonido de la lluvia o el mismo viento, logrados por Shinichiro Ikebe, hacen que la película nos lleve a un cuento antiguo.

Tal como vemos, cada elemento es importante para la construcción de la película y de los personajes, en este caso, tenemos una cinta animada cuyos discursos artísticos se comunican a la perfección. Todo esto es un trabajo que le llevó varios años a Isao Takahata y que nosotros podemos disfrutar desde la comodidad de nuestro hogar, gracias a plataformas como Netflix. Además, existen páginas en internet dedicadas a este tipo de cine, cuyo contenido es muy interesante. Aquí abajo les comparto la ficha de la película, una página donde pueden leer el cuento traducido al español y más curiosidades, así como la página donde pueden ver y descargar el rollo digitalizado de Taketori Monogatari en su idioma original.

El cuento de la princesa Kaguya

2013

137 min.

Japón

Director: Isao Takahata

Dirección artística: Kazuo Oga

Guion: Isao Takahata, Riko Sakaguchi

Música: Joe Hisaishi

Fotografía: Keisuke Nakamura

Productora: Studio Ghibli

Género: Animación, Drama.

 

La tradición y el folclore japonés en el universo Ghibli, Generación Ghibli

La historia del cortador de bambú, Biblioteca Digital Mundial

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