«La ignorancia y el oscurantismo no han producido más que rebaños de esclavos para la tiranía.» 
Emiliano Zapata 

A lo largo de mi vida me he planteado muchas veces esta misma pregunta, ¿soy un hombre libre o más bien un esclavo?. Con el transcurso del tiempo he respondido de diferentes formas, con desiguales matices, con claroscuros, con mayor o menor nitidez y subjetividad, a esta pregunta, la que todo ser humano debería plantearse al menos una vez en la vida.

En los colegios, los liceos, las universidades, las familias y en cualesquiera ambientes en los que hayamos vivido, nos han contado que la esclavitud fue abolida, y que jurídicamente, hoy por hoy, la esclavitud ha desaparecido de nuestro horizonte vital.

Nada más lejos de la realidad, yo no soy un filósofo, ni he desarrollado un trabajo teórico al respecto, aún así, estoy totalmente convencido del carácter de esclavo absoluto del hombre contemporáneo. Los esclavistas, los negreros, los tratantes de personas, han adoptado formas extraordinariamente sutiles.

El relato ha sido siempre el mismo, la esclavitud fue abolida en sus diferentes formas y la humanidad ha evolucionado en un ascenso civilizatorio impidiendo tales prácticas aberrantes; sin embargo, en lo esencial del alma humana sigue persistiendo ese sentido depravado, esa visión torcida del otro, esa concepción meramente utilitaria de la persona humana, sin que importe para nada su vida, su salud o su suerte.

En los últimos días, mientras revolvía entre mis cosas, encontré un desvencijado librito cuyo título era «Historia de la esclavitud» de un tal Frantz Keller, en el que se hace un somero repaso de las formas, obras y la destrucción provocada por el hecho esclavista a lo largo de todos los tiempos, desde la antigüedad hasta los albores del s XX.

Esta es la obra de la que pretendo hablarles hoy, un texto donde se nos describe como la esclavitud ha sido una constante en toda civilización, cultura y latitud.

Edad antigua

Según Keller, la esclavitud fue el fundamento de la sociedad antigua. Todo comenzó por la transformación sufrida en el ámbito de la agricultura, que en épocas más primitivas habría tenido un carácter nómada pero que por diversas circunstancias se volvió sedentaria, esto hizo posible la aparición del comercio, la acumulación de riquezas y la propiedad privada de la tierra, creando una estructura social mucho más compleja de lo conocido hasta ese momento.

Ya en el Génesis se nos cuenta cómo José fue vendido por veinte monedas de plata a unos mercaderes ismaelitas, que a su vez lo revendieron a Egipto.

Cómo dije al principio, en todos los pueblos, desde el Eúfrates, Irán, Egipto, India, China, Grecia y Roma, los legisladores reconocieron la esclavitud. Los esclavos no eran consideradas personas jurídicas,únicamente sujetos de obligaciones, se constituían y se debatián en una casi permanente muerte civil.

Aun así, hay casos como el de China en el que la condición de esclavo no estaba sometida a tanto rigor como en otras partes del mundo. Los decretos Kouangwou, en el año 35 a. C constituyen una protección para la vida de los esclavos:

«Entre todas las criaturas de la tierra, el hombre es lo más noble. Los que matan a sus esclavos no podrán nunca ocultar su crimen. Los que los marcan a fuego serán también juzgados según la ley y los esclavos marcados por el fuego podrán alcanzar la libertad».

A pesar de los decretos antes mencionados, en China no siempre se respetaron el decoro y la compasión con respecto a los esclavos y con razón se cuenta que entre los materiales con los que se reconstruyeron la Gran Muralla China se contaban los restos humanos de los que allí trabajaban.

La península del Indostán fue invadida por los arios en el año 1500 a. C y ellos fueron los que establecieron la fuerte estructura jerárquica de las castas, con el objeto de impedir el mestecismo y por tanto, la pérdida de su poder.

En la India, el sistema de castas favoreció el desarrollo de la esclavitud, los sudras eran el grupo más bajo de la jerarquía y le debían una obediencia ciega a los brahmanes. Sus vidas carecían de valor hasta tal punto que la muerte de un esclavo era castigada con la misma pena que la muerte de un gato, un perro o un cocodrilo.

Las terribles Leyes de Manou determinaban además, lo siguiente:

«Los hijos habidos entre sudras y personas pertenecientes a una categoría superior deben vivir fuera de la ciudad. No podrán poseer vasijas enteras e irán envueltos en cadenas. Vestirán con ropa de muerto, sus platos serán ollas rotas y estarán obligados a viajar constantemente de una parte a otra. Por la noche les estará prohibido circular por las aldeas y ciudades». 

En este momento, me detengo para hacer una reflexión, es cuando menos sorprendente, como los legisladores han ido a la par de la crueldad y la injusticia humana, dándoles cobertura, justificación y sancionando benévolamente sus atrocidades. Quien hace la ley, hace la trampa.

El caso es que a los sudras, sólo les quedaba la esperanza de una próxima y más favorable reencarnación.

En Egipto y durante el reinado de Ramsés II la esclavitud recibió uno de sus mayores impulsos, ya que se  acometieron construcciones grandiosas y la mano de obra esclava se hizo indispensable. Herodoto nos cuenta que en la tentativa de construir un canal que uniese las aguas del Mar Mediterráneo con las del Mar Rojo murieron más de 120.000 esclavos.

Cabe destacar un importante intento de emancipación y revuelta durante el mandato del faraón Mer-en-Rall que es asesinado en un motín, los esclavos se dejaron entonces llevar por el pillaje y a falta de una organización y de cabezas pensantes que fueran capaces de reconducir la rebelión, no llegó a desembocar en una verdadera reconquista de la dignidad humana sino más bien en una estéril orgía de sangre.

Considero que con esta breve introducción del acontecer y desarrollo de la esclavitud en la antigüedad, es más que suficiente para sumergirme en la ultima reflexión que les quiero plantear y que me ha suscitado la lectura de este libro.

Según el punto de vista de la antropología, la esclavitud representa el único modo de explotación que permite la acumulación sin el aumento de la productividad del trabajo. El esclavismo es un sistema social basado en la explotación de una clase sometida cuya reproducción se realiza mediante la adquisición (captura, compra) de seres humanos.

Y aquí viene lo interesante y en lo que quiero basar esta reflexión final; la esclavitud necesita un dispositivo que asegure la continuidad de este aprovisionamiento: la guerra y el mercado.

¿No les recuerda esto al mundo actual? Guerra, mercado, transacciones financieras que imponen la miseria a grandes masas para luego atraparlas en la dicotomia de aceptar lo que sea o morir, millones de personas desplazadas por causa de conflictos, una ley de oferta y de la demanda entrampada

¿Realmente, y partiendo desde la antigüedad clásica, han cambiado tanto las cosas?. Si un ser humano, para subsistir, tiene que vender su fuerza de trabajo, lo único de lo que dispone, al mejor postor, no es esto una forma sutil y cruel de esclavitud?

Tal vez y solo tal vez, el hombre postmoderno no sea nada más que un galeote encadenado en un océano de indiferencia y falta de empatía.

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