¿Tienes en tu casa algún libro empezado dos o tres veces que nunca has logrado terminar? Seguro que sí. Todos tenemos alguno de esos libros comprado con cariño en algún momento del pasado. Cariño que tornó en amor-odio y finalmente en aversión. Volúmenes que olvidamos en alguna estantería y que nos revuelven el estómago cuando nos miran con mueca. Yo tengo un par.

Ambos me juzgan desde una estantería ligeramente escondida donde los oculto para no sentirme del todo mal. Intento mirarlos directamente lo mínimo posible, aunque percibo su lomo en mi cogote mientras trabajo. Ver sus tapas desemboca en un sentimiento de culpa similar al que obtengo tras cada bollo o día en el sofá. Cada intento de lectura cae sobre mí como ese momento en que te das cuenta, una vez más, de que vas a abandonar el ejercicio físico durante meses. Remordimiento por metas no alcanzadas. Culpabilidad. Sentimiento de fracaso.

los libros de sisifo

‘El libro de la nada’, de John D. Barrow, es un fantástico volumen sobre el esquivo vacío. Analiza qué es ‘la nada’ y cómo ha sido su tratamiento histórico. No miento cuando digo que resulta fascinante, que es un libro entretenido y que está muy bien traducido. Pero por algún motivo que no alcanzo a entender, el libro me ha derrotado en muchas ocasiones.

Hace muchos años, cuando lo empecé, me quedé bloqueado hacia la mitad. Lo dejé, con objeto de recuperarlo unos pocos días más tarde. Estos se convirtieron en semanas, y finalmente en meses. He tratado de leer el volumen hasta en cinco ocasiones, todas con resultados similares.

A pesar de ser un tema interesante y de un libro que considero muy bueno, ‘algo’ hace que lo abandone hacia la mitad. La sensación es la de observar un cuadro coloreado solo en parte. En la otra parte las formas son esquivas y faltas de interés. Son las mismas formas, pero no están definidas. Las letras resultan borrosas, me pierdo en sus palabras, se me atragantan. Me extenúan y tengo que dejarlas de lado. Pierdo una vez más.

Otro que tengo por casa es ‘La arquitectura sagrada de Washington’, de David Ovason, un libro tan criticado por sus conclusiones como elogiado por sus hechos. Es cierto que en Washington hay más de una decena de zodiacos en sus edificios históricos, y su historia me resulta apasionante. Especular sobre cómo llegaron allí es curioso. Sin embargo, nunca logro terminarlo.

Este último libro ha estado dando vueltas por la casa de mis padres y mi casa durante más de tres años. Primero en un salón, luego en su cocina, al tiempo en el estudio; luego en otro salón, y finalmente en una estantería. Su posición de descanso no alteraba varios hechos: primero, el libro es increíble; segundo, no soy capaz de terminarlo. Ha ganado él.

Más frustrante aún que no lograr acabar estos volúmenes es llevar la cuenta del número de derrotas. Aunque el número total de lecturas de libros supera la unidad en mi biblioteca (he leído prácticamente todos al menos una vez, alguno unas cuantas más), me resulta imposible no pensar en estos libros de Sísifo que ruedan cuesta abajo cuando estoy cerca de su cima. Y creo no esta solo.

 

Imágenes | hannah grace

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