Walt Whitman (Fuente).

Los tiempos han cambiado para los escritores. O eso pensamos. El auge de la autopublicación ha hecho necesario que los escritores aprendan a promocionarse, algo que se ha conseguido llevar a cabo sobre todo gracias a las redes sociales, posiblemente la herramienta más importante para conectar lectores y escritores ‒no todo es color de rosa, claro, y también han aparecido voces que advierten que los autores gastan demasiado tiempo en autopromoción‒. Sin embargo, como suele ocurrir a menudo, el nuevo modelo de edición no ha inventado la rueda. En los siglos pasados ya había autores que eran maestros de venderse a sí mismos.

Ya comentamos el caso de Proust, que pagó para tener buenas críticas de En busca del tiempo perdido en la prensa. Otro ejemplo sería Walt Whitman, que el 4 de julio de 1855 decidió autopublicarse doce poemas bajo el título de Hojas de hierba. Whitman publicó seis ediciones de Hojas de hierba a lo largo de su vida. Si bien la primera edición ya albergaba el germen de la enorme ambición de Whitman, la última, publicada un año antes de su muerte, llegó a contener 389 poemas.

Sobra decir que Whitman no hubiera necesitado venderse a sí mismo. Ese librito se convirtió en uno de los más conocidos de la literatura estadounidense debido a su planteamiento radicalmente novedoso en las formas y en el contenido. Whitman fue el primero en describir la vida estadounidense con un lenguaje propio y una forma nunca usada hasta entonces, con un largo verso libre que no tenía rima, ni estrofas ni una estructura convencional. Un planteamiento que rompía con la estética romántica del momento, dominada por autores como William Wordsworth o Alfred Tennyson. Su obra es tan importante que en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de los Estados Unidos la distribuyó entre los soldados, esperando que su verso descarado y nacionalista envalentonara a los espíritus. En palabras de Ivan Marki, «ese pequeño volumen presentó a un poeta que celebró a la nación celebrándose a sí mismo y que desde entonces se ha mantenido en el corazón de la memoria cultural de Estados Unidos».

Pero la renovación de la forma y del contenido no fue la única novedad de Whitman. El autor de Hojas de hierba también demostró tener olfato para el marketing y la autopromoción. Cuando todavía era un joven aspirante a escritor redactó al menos tres críticas anónimas de su propio libro, además de una crítica entusiasta que publicó en su propio periódico local, el Brooklyn Daily Eagle, del que era editor. «¡Has venido a tiempo, Walt Whitman!», escribió en un texto anónimo, escrito por él mismo, para The United States Review.

Para la segunda edición de Hojas de hierba, Whitman utilizó el extracto de una carta de felicitación de Ralph Waldo Emerson en el propio libro y, sin pedirle permiso a Emerson, también envió la carta al New York Tribune para anunciar lo que el venerado poeta pensaba sobre su pequeño libro, que era «la pieza más extraordinaria de ingenio y sabiduría que Estados Unidos ha producido hasta ahora». También fue un pionero reconociendo la importancia de la imagen sobre la palabra. Era conocido por muchos de los fotógrafos de Nueva York, llegando a posar para unos ciento treinta retratos que contribuyeron a aumentar su popularidad. Era consciente del poder del nuevo medio y lo demostró sintiéndose cómodo ante las cámaras y dejando que lo captaran una y otra vez a lo largo de su vida.

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