San Pugliese – Obra de Diego Prenollio (Fuente).

Nació en el barrio porteño de Villa Crespo y se convirtió en uno de los músicos más populares de Argentina. Lo suyo era el tango, pero se ganó un lugar de respeto inclusive entre los rockeros. Aunque el pianista Osvaldo Pugliese era comunista, muchos en el ambiente musical lo consideran un amuleto contra la mala suerte.

Provenía de una familia pobre, en la que sin embargo se apreciaba la música. Su padre, Adolfo, era obrero del calzado e intérprete de flauta. Sus hermanos Adolfo Salvador y Alberto Roque tocaban el violín, y ese camino siguió inicialmente también Osvaldo, en el Conservatorio Odeón. Pronto sin embargo se interesó por el piano, un instrumento cuya compra resultó dura para el magro presupuesto de su padre obrero.

Con sólo quince años, Pugliese empezó a tocar en bares del vecindario, y poco después en el conjunto de Francisca “Paquita” Bernardo, la primera mujer bandoneonista del tango. Tras pasar por las orquestas de Roberto Firpo y Pedro Maffia, formó un dúo con el violinista Elvino Vardaro, con quien realizó una gira por el interior argentino. En 1934 se sumó a la naciente orquesta típica de Pedro Laurenz, desde donde pasó al conjunto de Miguel Caló dos años después.

Pugliese siempre se identificó con las luchas por los derechos de todos los trabajadores y por una sociedad más justa. En 1935 formó el Sindicato Argentino de Músicos, para que el trabajo de éstos tuviera reconocimiento y dignidad laboral, y al año siguiente se afilió al Partido Comunista argentino.

En 1939 logró finalmente formar su orquesta típica, con Enrique Alessio, Osvaldo Ruggiero y Alberto Armengol en los bandoneones; Enrique Camerano, Julio Carrasco y Jaime Tursky en los violines; y Aniceto Rossi en el contrabajo. El cantor era Amadeo Mandarino. La presentación de la orquesta en la radio “El Mundo”, de gran audiencia por entonces, catapultó la formación hacia la consideración popular.

En 1943 la orquesta incorporó al cantor Roberto Chanel, de voz recia y estilo compadrito. Para contrapesar, luego sumó a Alberto Morán, de voz más sensual.

Por su apoyo a las causas de los comunistas, Pugliese fue perseguido por el gobierno de Juan D. Perón, durante el cual padeció la censura y la cárcel. Su orquesta fue proscripta de las radios argentinas, lo cual le supuso un duro golpe, dado que la radio era el principal medio de comunicación de masas por aquellos años. Sin embargo, Pugliese conservó la admiración y la devoción de los peronistas que bailaban con su orquesta, al igual que la de los comisarios que lo encarcelaron. Durante sus estadías en la cárcel peló papas y fregó pisos como los otros presos, sin aceptar ninguna clase de privilegios. Mientras estuvo cautivo, su orquesta dejaba un clavel rojo sobre el teclado del piano, como símbolo de que al maestro se le había impedido tocar por la fuerza.

En 1960 hizo una espectacular gira por la Unión Soviética y China, y en 1965 otra por Japón, contribuyendo a una nueva oleada de proyección internacional del tango argentino.

Pugliese compuso verdaderas joyas del tango como “Recuerdo”, “La Beba”, “Negracha”, “Malandraca”, “El encopado”, y la que habría de convertirse en el himno de su orquesta: “La yumba”. Además de los mencionados Chanel y Morán, en su orquesta revistaron también otros destacados cantores como Jorge Vidal, Miguel Montero y Oscar Córdoba.

Sus arreglos orquestales lo situaron como una bisagra entre la época más clásica del tango y las corrientes renovadoras de los años sesenta del siglo XX. En el empleo del contrapunto, por ejemplo, se anticipó al eximio pianista Horacio Salgán.

Cuando el tango perdió adeptos y quedó al borde de la extinción, Pugliese logró mantener el reconocimiento popular. En sus presentaciones, sus seguidores clamaban “¡Al Colón!”, expresando así que el pianista merecía tocar en el reconocido teatro de Buenos Aires que lleva ese nombre. El Colón, ámbito de reconocimiento mundial consagrado fundamentalmente a la lírica, le abrió finalmente las puertas a Pugliese y a su orquesta el 26 de diciembre de 1985.

Recibió el premio Kónex en tres ocasiones en Argentina, la medalla Alejo Carpentier en Cuba, y la Orden de las Artes y las Letras en el grado de comendador en Francia. Pero el pianista de los gruesos anteojos siguió dando paseos por la avenida Corrientes, saludando amablemente a admiradores y simpatizantes.

Osvaldo Pugliese dejó el mundo el 25 de julio de 1995. Pero su apellido siguió vinculado al tango: su hija Beba y su nieta Carla se hicieron pianistas como él.

Su popularidad tampoco decayó. En 2009, tras una campaña de admiradores y vecinos, la estación de subterráneos “Malabia” de Buenos Aires, ubicada cerca de lo que había sido el domicilio del pianista, cambió su nombre por “Malabia-Pugliese”, como homenaje al vecino más famoso del barrio de Villa Crespo.

En su tema “Los salieris de Charly”, el rockero León Gieco canta “siempre mencionamos a Pugliese”. Quizá por dirigir una orquesta cooperativa, o por ser un músico siempre preocupado por los derechos de sus pares, Pugliese es invocado en el ambiente musical como una figura que trae buena suerte. Allí, la imagen del pianista comunista circula en estampas similares a las de los santos religiosos. La leyenda dice que su nombre debe invocarse tres veces, “Pugliese, Pugliese, Pugliese”, para que un espectáculo o evento musical no sufra contratiempos.

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