Una de las grandes novelas del escritor ruso Fiodor Dostoievski, es Crimen y Castigo, publicada en 1866, y considerada una de las grandes obras maestras de la literatura de todos los tiempos, al punto de ser catalogada como un clásico del género, por la fluidez y atractivo de su estructura narrativa y la inteligencia de su factura.

En dicha novela, el autor, a través del personaje principal de la historia, Raskolnikov, un ex-estudiante que vive en un pequeño apartamento en San Petesburgo, cree que asesinando a una anciana, usurera de oficio, que presta dinero con altísimos intereses y maltrata a su hermana menor, le permitirá obtener los medios para alcanzar todo su potencial y que, según su razonamiento, esto no es moralmente condenable aún cuando sea ilegal. Entonces surge una cuestión moral: ¿será que el asesinato de una persona vulgar y despreciable sería moralmente condenable si el objetivo es superior? Raskolnikov cree que todas las personas superiores cometen asesinatos para alcanzar sus objetivos, los cuales representan grandes avances para la humanidad.

Un pasaje de la novela de Dostoievski de marras, nos ilustra el tema en cuestión. Se trata del momento cuando su protagonista, Raskolnikov, entra en una taberna y escucha un diálogo entre un estudiante y un joven oficial, en los siguientes términos:

<<Centenares, tal vez millones de vidas, se podrían encauzar por el buen camino; multitud de familias se podrían encauzar por el buen camino; multitud de familias se podrían salvar de la miseria, del vicio, de la corrupción, de la muerte, de los hospitales para enfermedades venéreas…..todo con el dinero de esa mujer. Si uno la matase y se apoderara de su dinero para destinarlo al bien de la humanidad, ¿No crees que el crimen, el pequeño crimen, quedaría ampliamente compensado por los millares de buenas acciones del criminal? A cambio de una sola vida, miles de seres salvados de la corrupción. Por una sola muerte, cien vidas. Es una cuestión puramente aritmética>> (Biblioteca Virtual Universal. 2006: 59).

En otro párrafo afirma también en la voz de Raskolnikov:

<<Existen hombres ordinarios y  extraordinarios. Estos últimos están autorizados a cometer toda clase de actos criminales, pero no tienen derecho legal, sino el derecho moral de permitir a su conciencia franquear ciertos obstáculos en el caso que así lo exija la realización de sus ideas, tal vez beneficiosas para toda la humanidad.(….)Buscan un mundo mejor, el porvenir, para lograr el tiempo de sus ideas>>. (Ibid : pp.240-241).

En este orden, el problema planteado por Dostoievski es el aspecto moral en la sociedad, basándose en la psicología humana. Dostoievski muestra que por mas que la moral sea algo del individuo, es capaz de afectar las relaciones humanas hasta los círculos mas íntimos de la convivencia. La posibilidad de que su familia (madre y hermana) conozcan su crimen es una preocupación para Raskolnikov.

El asunto de la moral es uno de puntos fundamentales que se ha planteado el hombre en sociedad a través del tiempo. Ha sido materia de estudio e investigación por los grandes filósofos, psicólogos, historiadores, economistas, etc. Toda ciencia tiene su moral. Así que resulta indispensable explorar las corrientes de pensamiento que buscan explicar el entorno moral, para justificar mejor los valores y principios compartidos por una sociedad, mínimos éticos cuyo respecto por parte de los ciudadanos hace posible tanto la convivencia pacífica como la concreción de objetivos comunes. (Calvo P. 2016 :217)

Grandes pensadores como Ortega y Max Scheller evaluaron la jerarquía de los valores, lo estético, lo ético, lo religioso. (Cortázar, J. Rayuela. Cap.2: 85). Según Ortega, <<Vida y moral como formas de ser y obrar constituyen la intima urdimbre en que se asienta nuestro vivir, en cuanto base ontológica y raíz de nuestros quehaceres>>; para X. Xubiri, la moralidad es una estructura radical y física del hombre. El hombre es real, físicamente moral. (Parra Ferreras. 2015). Asi mismo para Kant, la ley moral no es otra cosa que la ley que la razón impone por sí misma a la voluntad. (Bloch. E. 1983: 61). Para Kant los seres humanos se constituyen en el foco central de lo moral, la generación de una conciencia de deber. Así, las normas morales serán aquellas que las personas podrían considerar como válidas para todo el mundo, aquellas que representan lo que cualquier ser humano querría para toda la humanidad. (Calvo P. 2016 :218).

La controversia se abre cuando se confronta lo moral con lo legal. Cuando ambos conceptos coinciden no existe ningún problema, por ejemplo, el caso del robo, que tiene una prohibición moral y las leyes también lo castigan. Cuando difieren, sobreviene la confrontación y las dificultades. Algunas acciones son aceptadas moralmente, pero tienen carácter ilegal, y viceversa, ciertas acciones son legales, pero inadmisibles en lo moral. La moral es más amplia pero más subjetiva. La ley es limitada, pero mas especifica en sus definiciones, ya que desarrolla una amplia gama de normas, leyes y reglamentos. Por ejemplo, si una ley va a contrapelo con la moral, el individuo, debe decidir por si mismo la conducta a seguir. (García Gaspar. 2007). Sin duda, las leyes son necesarias como pautas de consenso para regular el conjunto de la conducta social. Pero la disquisición ética nunca puede acallarse bajo ellas del todo, porque siempre nos interpela por nuestro nombre propio; aún más, por ese nombre secreto e impronunciable con el que cada cual se llama a capítulo a sí mismo. (Savater F. 1998) Tal como observamos en el planteamiento de Dostoievski, la moral difiere de lo legal, situación que adquiere gran relieve y genera fuertes polémica, si analizamos varios problemas muy discutidos en la actualidad, tales como: el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido y la reproducción asistida.

En el caso del aborto, se genera una reacción moral en nombre del derecho fundamental a la vida. Es decir, aparece un juicio moral, fuertemente arraigado en la sociedad, basado en consideraciones religiosas, filosóficas y biológicas, que condenan la interrupción por el hombre del proceso de un embarazo, después de haber sido declarado o comprobado, a partir de la discusión de cuándo la célula viva es persona humana. Como consecuencia de esto ha surgido en algunos países y gobiernos, la via legal, el tema de la penalización del aborto, según sea el arraigo en sus instituciones, del asunto religioso, filosófico o biológico. Entonces la controversia entre lo moral y lo legal sobreviene con la aparición de los grupos feministas y contestatarios de la sociedad, que mediante fuertes protestas y discusiones se oponen a esa penalización, alegando razones como: la del derecho de ejercer la libertad reproductiva sobre su cuerpo; ser el árbitro de sus decisiones para determinar cuándo y cuántos hijos tener o no tenerlos; condiciones económicas adversas; embarazo no planeado; continuar con otros proyectos personales, etc. Es decir, dicha posición, utiliza el discurso de los derechos como argumento moral para proteger a la mujer y consolidar las razones que justifican la interrupción de un proceso de embarazo penalizado por vías legales. De esta manera, la ética feminista liberal utiliza básicamente el discurso de los derechos humanos, que son establecidos a partir de principios morales generales, como argumento a favor de la despenalización del aborto. (Ortiz Millán. 2014).

La cuestión del suicidio asistido y la eutanasia son temas que han levantado también fuertes controversias y encierra una juicio moral confrontado a una acción legal. Existen muchos pensadores y seguidores de esta idea, como Fernando Savater cuando dice que: <<creemos que el suicidio es una de las prerrogativas irrenunciables de nuestra dignidad: condenarlo éticamente en términos absolutos es condenar la autonomía humana>> (1998). Es claro que todas estas expresiones tienen cabida dentro del ámbito moral, pues como señalamos antes adolecen de mayor amplitud y subjetividad que la ley y como el mismo Savater sostiene, la disquisición ética no puede acallarse ante ella del todo.

El caso más conocido y difundido sobre suicidio asistido y la eutanasia es el de Ramón Sampedro, quien, al decir de Fernando Savater, concibió el suicidio de una manera lúcida y tenaz y su testamento, constituye una pieza mayor de la reflexión ética de nuestro tiempo. (1988). Ramón Sampedro (1943-1998), fue un marino y escritor español aquejado de tetraplejia desde los 25 años –Es un signo clínico por el que se produce parálisis total o parcial de brazos y piernas causada bien, por un daño en la médula espinal específicamente en alguna de las vértebras cervicales, o bien por alguna enfermedad que afecte las neuronas motoras–. Desarrolló una intensa actividad de petición judicial para poder solicitar el suicidio asistido y que la persona o personas que le auxiliasen no incurriesen en delito, dado que su estado lo incapacitaba para hacerlo sin ayuda externa. Al no obtener ayuda a través de los tribunales logró su propósito con la ayuda de varias personas en enero de 1998. Su historia saltó a los medios de comunicación y abrió el debate sobre la eutanasia en España. (Wikipedia).

Sampedro desarrolló un juicio moral, a contrapelo con el Código penal español, que condena al que induzca al suicidio de otro. En 1993 inició su lucha por lo que él calificó <<el derecho a morir dignamente>>, invocando el ejercicio de la defensa de las libertades individuales y de la eutanasia y que se le permitiera rechazar las sondas que lo alimentaban o que un médico pudiera recetarle fármacos. Ambas peticiones fueron rechazadas por los juzgados de primera instancia de Barcelona y Noya.

Finalmente, el 11 de enero de 1998, Sampedro haya la muerte con la ingesta de un vaso de cianuro, presuntamente con la cooperación de una persona amiga muy cercana, según la versión policial. De esta manera, Sampedro, también genera un argumento moral basado en el discurso de los derechos humanos individuales, que son establecidos a partir de principios morales generales, como argumento a favor del suicidio asistido y la eutanasia.

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