“No se transmite entre personas” resalta Fang Fang en su ‘Diario de Wuhan’ (2020), el diario de cómo se vivieron aquellos 72 días en cuarentena. Esos días podrían volver ante la estupefacción de una población que no entiende qué está fallando en el sistema y por qué sus líderes les envían mensajes contradictorios a diario. Las palabras, por cierto, son del Partido Comunista de China. ¿Mentían?

¿Cómo puede ser que la OMS diga que no hace falta mascarilla una semana y a la siguiente diga que sí? ¿Por qué seguimos usando aire acondicionado en restauración pese a saber que la impulsión de aire es un factor de riesgo? ¿Por qué nos dicen que habrá una vacuna y, al poco, nos confirman que no se sabe si la habrá en algún momento? ¿Cómo puede organizarse la sociedad ante la incertidumbre? Es muy probable que tú te hayas sentido perdido/a.

El proceso de consolidación de conocimiento del método científico es terríblemente doloroso, con todas sus acepciones. Aprender cuesta vidas, como se demostró en Hubei y luego en Italia, y luego en España, y luego en Estados Unidos, etc. Aquellos países que miraron por encima del hombro terminaron por caer. Los que abrieron ‘antes de tiempo’, vuelven a cerrar.

Aprender no es gratis. Exige de un gigantesco esfuerzo por producir resultados científicos (en ocasiones con un elevado riesgo, como es el caso de las vacunas potenciales), y lo más probable es que las prisas por saber lleve a equivocaciones y caminos sin salida. Estamos dando palos de ciego con la mejor vara que tenemos (la ciencia), y es importante que la población sea consciente de ello para no desilusionarse.

Hoy, lunes 3 de agosto de 2020, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y una de las personas con mayor exposición pública del planeta, ha comentado que “No hay una bala de plata en este momento y quizá nunca haya una cura”, palabras que han traído indignación por parte de muchas personas. ¿Por qué dice algo así?

Lo dice porque, a día de hoy, no tenemos indicios de vacuna aunque haya cientos de proyectos a nivel planetario. Es el mismo motivo por el que el Partido Comunista de China dijo que no se transmitía entre personas, porque en aquel momento no se había descubierto el mecanismo de contagio. Corrigieron días después. Lo mismo ocurrió con las gotículas y la OMS.

Este organismo tardó muchos meses en confirmar la forma en que las gotículas viajan, se acomodan en nuestros pulmones y nos infectan desde dentro. No fue descuido, ni negligencia. No pretendían engañar. Simplemente, no se sabía antes. O se pensaba que el mecanismo era otro. Por el mismo motivo se recomendó el 1,5 metros como ‘distancia de seguridad’.

En su momento se dijo que aplanar la curva serviría, hoy sabemos que esto será más ondulatorio al estilo de ‘El martillo y la danza’. También se creía saber que los mayores eran los más afectados, hoy sabemos que los jóvenes también lo sufren. En su momento creíamos que los daños eran solo pulmonares, actualmente sabemos que también afectan al sistema nervioso.

Prácticamente a diario aparece información nueva por parte de los organismos sanitarios, y muchas personas no entienden por qué, si ayer se dijo una cosa, hoy se dice otra. ¡A veces se dice la contraria! El motivo es sencillo pero difícil de encajar: hoy sabemos más que ayer, mañana sabremos más que hoy. Y el método científico es iterativo, pudiendo cambiar las conclusiones con nuevos datos.

En julio unos investigadores chinos demostraron que el virus se propagaba hasta los 4 metros. El virus llevaba seis meses y todo el planeta estaba convencido que estaba protegido a 1,5 metros de distancia. Ya en mayo de 2020 un equipo de investigadores se preguntaron si los 1,5 metros deberían elevarse al realizar ejercicio: sí, lo hacen hasta los 10 metros.

Ahora que sabemos lo de los 4 metros estando quietos, ¿cuánta distancia deberíamos guardar si corremos? Mucha, no cabe duda. Millones de personas han estado viviendo con información errónea durante meses. Pero es que no existía una información mejor. Pese a ser errónea, era la más acertada que teníamos disponible. Y podríamos estar así años, algo que enfurece a muchos.

Hemos de entender que el proceso científico es lento y que estamos acelerando tanto como podemos, lo que hace que la información pronto quede desfasada, obsoleta o sencillamente se demuestre falsa o incorrecta. Así de doloroso es el proceso de consolidación de conocimiento del método científico: siempre podemos aprender algo nuevo no esperable.

Hoy, el lector medio no tiene tiempo de digerir la información y no entiende por qué o cómo esta cambia. Es un problema de falta de cultura científica, de no entender cómo se consolida la información ni de las pasarelas lógicas que han de desbloquearse hasta dar una información por buena. Lo que queda claro es que el virus está aquí, y hay que acostumbrarse a aprender rápido.

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