El cuarto de atrás de Carmen Martín Gaite

«Converso con el hombre que siempre va conmigo», escribió Antonio Machado para expresar una irrenunciable verdad en cada uno de nosotros, que dentro llevamos siempre una voz que va hablándonos y guiándonos. Carmen Martín Gaite dio un paso más convirtiendo esa voz en los cimientos de su literatura, haciendo de su obra una larga conversación consigo misma. Sobre esta autora escribió Gustavo Martín Garzo: «Todos los libros de Carmen Martín Gaite son una conversación, pues para ella escribir nunca fue distinto a hablar. Hablar con alguien ausente, que puede ser desconocido, pero, en definitiva, una conversación en toda regla. Eso es escribir, para Carmen Martín Gaite, la búsqueda de ese interlocutor providencial capaz de hacernos decir cosas insospechadas. Porque hablar no es solo contar lo que sabemos, sino relacionarnos con lo que desconocemos. Hablar es encontrar cosas, salir al bosque y descubrir senderos nuevos, lugares misteriosos. Y eso queremos al escribir, encontrarnos con alguien que nos ayude a pensar. Escribir es hablar con el pensamiento.»

No es de extrañar, entonces, que la forma dialogada sea el tipo de texto elegido para El cuarto de atrás, un híbrido que mezcla el ensayo, las memorias y la ficción novelística, con ciertos toques teatrales. La trama es mínima: tras una noche de insomnio, una mujer, que es la narradora y que identificamos con la propia autora, recibe la inesperada visita de un fascinante extraño con el que entabla una conversación que le da pie a hablarle de su vida y de su modo de entender la escritura.

La presencia del misterioso hombre de negro es solo una excusa, un pretexto para hilar recuerdos en la narración, y el diálogo, en el que le va haciendo preguntas sobre su vida como si ya la conociera, solo es en apariencia, ya que en realidad el desarrollo es el de un monólogo interior, el de la propia narradora, que llevará a cabo un viaje introspectivo y de autoconocimiento. De esta forma, la protagonista dará rienda suelta a la memoria y pondrá sobre la mesa los recuerdos de algunos de los momentos que ha vivido más intensamente o que más huella le han dejado. Ese pasado no se evoca a través de hechos determinados ni fechas concretas sino que es más bien un cúmulo de sensaciones, como las que le producen los helados de limón. Junto a usos y costumbres del franquismo, el personaje va evocando recuerdos que pueden parecer insignificantes, poniendo así de manifiesto la importancia de los pequeños detalles.

La identificación del personaje y narradora con la propia Carmen Martín Gaite hará que el libro tome tintes autobiográficos y le permita desarrollar un interesante juego de espejos metaliterario, mezclando realidad y ficción. Asistimos a un desdoblamiento de la narradora como voz en off y observadora y como personaje que toma parte en el diálogo. Un ejemplo sería el que tiene lugar con su antigua amiga de la infancia, ya fallecida, con la que inventa la isla de Bergai, un espacio en el que evadirse y encontrar la paz. Así mismo, que el personaje sea la autora convierte la ficción en una reflexión sobre el arte de escribir. No es solo que sean varias las referencias a obras anteriores de Carmen Martín Gaite, de El balneario o Entre visillos, es que la propia novela de El cuarto de atrás se va escribiendo dentro de la misma novela, como por arte de magia, a medida que la historia va avanzando. Este unamuniano recurso que encontramos en Niebla nos muestra un libro que habla sobre cómo escribir un libro a medida que se va escribiendo. La escritura se convierte en una forma de rescatar del olvido todas aquellas cosas que corrían peligro de olvidarse.

Aunque las intervenciones del interlocutor son mínimas, reducidas a ir haciendo preguntas o a señalar algunos detalles circunstanciales, referentes al espacio que les rodea, a menudo identificamos en esa voz, también, a Carmen Martín Gaite, en una suerte de desdoblamiento que es lo que le permite poner en pie el diálogo mayéutico. Así, esa voz se atreve en ocasiones a hacer valoraciones o a expresar opiniones sobre el pasado de la autora.

El título de la novela hace referencia al una habitación en la que los adultos utilizaban a modo de trastero y que para ella y su hermana se había convertido en un espacio para el juego, «un reino donde nada estaba prohibido», donde el desorden campaba a sus anchas, se podía cantar o saltar sobre el sofá. La desaparición de ese cuarto, debido a que hubo que aprovecharlo dándole un uso más práctico, supuso el paso de la infancia a la adolescencia de la autora, la pérdida de esa inocencia primera y el salto a la madurez. En ese bastión de la imaginación y de la fantasía, el juego se convierte en una válvula de escape inevitable. No solo durante es época sino en gran parte de su vida, la autora siente que ha estado jugando al escondite inglés, como si todo desapareciera mientras ella está de espaldas y mirando a una pared, sin que queda percatarse de esos cambios.

Carmen Martín Gaite ha pasado a la historia como una de las figuras más importantes de las letras hispánicas en el siglo XX. El cuarto de atrás, que recibió en 1978 el Premio Nacional de Narrativa, es un ejercicio introspectivo que permite conocer no solo su obra sino una parte importante de su tejido vital. No solo es un testimonio personal de ese paso traumático de la infancia a la madurez, es solo la declaración de principios de toda una generación que se vio obligada a renunciar a la libertad por las circunstancias.

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