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Para muchos la lectura es una fuente de felicidad y de satisfacción, que nos hace crecer personal e incluso profesionalmente. Ahora bien, si esto fuera tan sencillo seguramente pasaríamos mucho más tiempo del que pasamos con un libro en las manos, pero vivimos en un mundo rebosante de contenidos que compiten constantemente para llamar nuestra atención. Según un estudio de 2009 cada día estamos expuestos a unas 100.000 palabras, el equivalente a una cuarta parte de Guerra y paz de Tolstoi. Y eso fue en 2009, hace ya once años, cuando el uso de las redes sociales no estaba todavía tan asentado.

Hay quienes acusan a la tecnología del rumbo que ha seguido esta tendencia, pero para ser justos habría que admitir que, aunque esta pueda ser efectivamente un obstáculo para la lectura, bien utilizada también puede convertirse en un valioso aliado. Es por eso que hoy señalamos cuatro usos de la tecnología para fomentar la lectura.

1. Utiliza todos los dispositivos a tu alcance

La velocidad media de lectura es de unas 350 palabras por minuto. Eso significa que 20 minutos de lectura diaria serían suficientes para leer, aproximadamente, un libro a la semana. Lo que con frecuencia dificulta hacer esos 20 minutos de lectura es empezar. Es ahí donde la tecnología puede ser una importante ayuda. Para facilitar la lectura hay que tener la mente abierta, no cerrarse necesariamente a leer en libros de papel de toda la vida y estar dispuesto a hacerlo en un Kindle, un iPad o incluso un iPhone. Incluso se puede continuar la lectura de un mismo libro en distintos dispositivos. Para ello basta con instalar la aplicación de Kindle en cada uno de ellos y, con una conexión a Internet, la lectura se sincronizará automáticamente. Incluso, si la economía lo permite, se puede compaginar la tecnología con el papel, teniendo una copia física del libro que se está leyendo.

2. Usa las redes sociales para recomendaciones

Ahora que ya estamos preparados para leer, la siguiente cuestión es qué libros elegir. Esto a priori no parece algo precisamente fácil: anualmente la industria editorial publica más de 50.000 libros y a esto hay que añadirle los libros que se han escrito a lo largo de los miles de años de la historia de la literatura. Para Venkatesh, blogger de RibbonFarm, la clave es elegir qué no leer, porque cada libro que se decide no leer aumenta las posibilidades de leer otros. Un enfoque más simple es el de leer las recomendaciones que hacen por redes sociales personas en las que confiamos o que sabemos que tienen gustos parecidos a los que tenemos nosotros. Si da la casualidad de que varias de esas personas recomiendan un mismo libro, tal vez el universo está conspirando para que lo leas. Eso sí, algo que hay que evitar es el sesgo cognitivo de leer algo solo porque lo está leyendo la mayoría o porque la mayoría opina que algo es bueno.

3. Adapta el formato al tipo de lectura

Cabría pensar que leer es siempre la misma actividad. Sin embargo, en su clásico de 1940 Cómo leer un libro, el filósofo Mortimer Adler establece una distinción entre un tipo de lectura para obtener información y otra para conseguir una mayor comprensión. Para desarrollar la primera lectura es suficiente con leer artículos cortos. Aumentan nuestra información, pero no necesariamente mejoran nuestra comprensión. Esta última necesita un contexto de desigualdad entre los miembros de la comunicación, ya que el autor sabe más del tema que el lector. Adler establece cuatro niveles en este tipo de lectura: elemental, de inspección, analítica y sinóptica. Así, la lectura de inspección es la que se hace para obtener el máximo provecho de un libro en un tiempo limitado, mientras que la analítica tiene el objetivo de clasificar ideas y comprender la estructura de los argumentos, de modo que el lector pueda posicionarse a favor o en contra del libro.

4. Recuerda lo que lees tomando notas

No solo es importante leer sin más, también hay que intentar recordar la máxima cantidad de lo que se lee. Shane Parrish, bloguera de Farnam Street, utiliza una técnica muy sencilla para recordar los más de 150 libros que lee al año: toma notas a medida que va leyendo, tratando de conectar unas ideas con otras. En libros en papel esto se puede hacer anotando en los márgenes, pero cualquier aplicación que permita leer libros tiene la posibilidad de tomar notas sobre la marcha para poder consultarlas posteriormente. Cada vez que llega al final de un capítulo, Parrish escribe lo más importante sin repasar lo que ha leído. Luego aplica la Técnica Feynman, haciendo explicaciones de todo lo más importante para sí misma y solo recurriendo al libro para rellenar algunos huecos. Finalmente, para descubrir qué era lo más importante del libro, lo deja a un lado durante una semana y luego vuelve a releer las notas para comprobar qué es lo que ha quedado de la lectura. Es cierto que aquí la tecnología no es imprescindible, pero sí puede ayudar en la labor de tomar notas.

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