José María Villalobos y Héroes de Papel se unen una vez más para brindarnos Te regalo el fin del mundo, una novela de ciencia ficción que combina videojuegos, realidades alternativas, acción y amor. O lo que es lo mismo: combina Ready Player One, Snow Crash y Matrix en una coctelera en forma de libro reversible (han leído bien) con que el autor del laureado ensayo Cine y videojuegos y la editorial de moda en lo que a videojuegos se refiere incursionan en el mundo de la novela juvenil.

Tras el colapso climático, lo que queda de la civilización sobrevive en un universo virtual. Los cuerpos yacen latentes en cápsulas de desconexión mientras sus mentes vuelan libres en un espacio ilimitado repleto de estrellas. Una aparente sensación de libertad que esconde una pesadilla distópica. Las grandes corporaciones mantienen con vida la población de avatares a cambio de su total sumisión. En lucha contra el alto orden, Roy, Alice y Risco emprenderán la peligrosa misión de devolverlos a todos a un planeta Tierra que se intuye fértil de nuevo tras más de 20 años sin nuestra presencia. Un viaje solo de ida en el que pelearán por la amistad, el amor y la solidaridad en un mundo de identidades secuestradas. Un trayecto vital que pondrá a prueba el sentido de la propia naturaleza humana en el plano digital.

Con esta interesante premisa Villalobos se arriesga, por primera vez, con el mundo de la novela. Pero lo primero que llamará la atención del lector es el formato reversible del libro. Y es que por un lado nos encontramos con la novela, pero al girar el libro y comenzar a leer en sentido inverso, disfrutamos de varios relatos cortos ambientados en el mismo mundo que la susodicha. Inteligente esta manera de ampliar el mundo creado por el autor, e interesante también, y fresco, que cada vez nos encontremos más libros en este formato, como ya hicieran en su día las novelas de algunas colecciones pulp.

Hablemos primero de Te regalo el fin del mundo, la novela y el centro de la narración. Nos encontramos con una historia ligera de acción, traición, redención y videojuegos. Los eSports son grandes protagonistas en un mundo lleno de imaginación, de personajes que son arquetipos bien construidos, pero que no se espere nadie la verborrea de títulos y datos sobre juegos de la edad dorada (si es que solo hubo una) como ocurre en las novelas de Ernest Cline. Aquí el videojuego está en la acción: los personajes se encuentran sumergidos en un mundo virtual y los mejores jugadores de eSports son la policía. El cuerpo militar que mantiene todo bajo control. Los escenarios son recreaciones de la Tierra, pero también imaginativos mundos que alteran lo que conocieron las generaciones pasadas. Todo gira en torno a Roy, el protagonista, que guarda en su código el secreto de la liberación, pero diría que Alice, su partenaire femenina, es la verdadera protagonista.

Sin duda la trama de Te regalo el fin del mundo es muy imaginativa; crea un mundo lleno de detalles, de cosas interesantes, pero escribir una novela no es solo contar con una buena idea. La trama y los personajes funcionan (aunque el público juvenil es quien más la va a disfrutar), y aunque a la prosa de Villalobos no hay nada que recriminarle, lo cierto es que todo avanza a una velocidad pasmosa, pasando por encima de muchos detalles y momentos que enriquecerían el libro a nivel literario. Como ocurre con muchas obras de consumo rápido (y no se entienda esto como obras malas, ni mucho menos), la prosa está al servicio de la trama, y cada pocas páginas nos vamos a encontrar con una escena trepidante, un flashback que nos ponga en contexto y un salto de capítulo. ¿Hasta que punto es esto malo? Pues no es malo, es una decisión estilística, o las consecuencias de una primera novela. Porque como novelista les aseguro que escribir una novela es difícil. Que todas sus partes conecten igual, que el lector entre en el mundo, que el ritmo sea el adecuado… Son muchos elementos a tener en cuenta. Y en una primera novela se suelen cometer todos los errores. Villalobos esquiva la gran mayoría de ellos, pero cae en narrar la superficie y correr, correr demasiado. Y nos encontramos sumergidos en una relación entre dos personajes cuando no llevamos ni un centenar de páginas y no hemos podido conectar aún con ninguno de los dos. Los mismo sucede con el final, que se precipita a una velocidad de vértigo. Para hacernos una idea, la novela cuenta con poco más de doscientas páginas. Una novela de ciencia ficción que tiene que construir un mundo, presentar un buen plantel de personajes, conflictos en el pasado y el futuro y llegar a un cierre satisfactorio. Es simplemente demasiado para introducir en tan pocas páginas y me hubiera gustado que el autor se tomara su tiempo para disfrutar y hacernos disfrutar. No seré yo quien defienda que burro grande ande o no ande, pero en este caso hubiera venido bien.

Superando esto y algunos problemas menores (sobre todo en los diálogos, que son demasiado expositivos y poco literarios), Te regalo el fin del mundo se lee en dos sentadas y nos transporta a un mundo interesante y una trama vertiginosa. Pero es al darle la vuelta, en Más allá del fin del mundo, la selección de cuentos ambientados en el mismo universo, donde encontramos los detalles que faltaban en la novela, el gusto por contar cosas que, aunque no sean parte de la trama (ni importante para esta) ayudan al lector a paladear su universo, a enriquecerse con la lectura. Leyendo el anverso del libro me he preguntado por qué separar esto de la narración en lugar de buscar la manera de incluirlos (no tal cual, claro, pues muchos de los personajes aparecen para dos páginas y, en una novela, eso sería absurdo. Pero sí podría haberse incluido lo que narran). Esta separación convierte al libro en un objeto curioso, pero quizás le resta fuerza narrativa, y el autor debe confiar en que el lector acabe la narración principal y quiera dar la vuelta y seguir leyendo. Estos juegos metaliterarios tienen su parte de riesgo, aunque en este caso los cuentos aportan mucho al conjunto. Tanto que ojalá tuvieran más protagonismo. Recomiendo encarecidamente leerlos.

En definitiva, Te regalo el fin del mundo podría muy bien catalogarse como “el Ready Player One español”, pero reducirlo a eso sería hacerle un flaco favor. Por méritos propios es una novela interesante, trepidante y ligera, que busca la complicidad de un lector apegado al mundo del videojuego y al que le gusta experimentar, divertirse y sentirse parte del universo propuesto. Todo esto lo consigue, aunque se le puedan sacar algunas pegas que se irán puliendo (confío en ello) en posteriores trabajos de ficción del autor. Un buen ejemplo de la ciencia ficción basada en videojuegos que golpea fuerte en EEUU pero no tiene por qué quedarse atrás en nuestras fronteras.

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