El número de historias que contiene un libro depende del número de lectores. En el caso de las antologías de relatos, su número se multiplica de forma exponencial. Casi tanto como las ratas de Chen Qiufan. Si hace hoy un mes Francisco Espinosa Rubio compartía en este blog sus ideas tras la lectura de Planetas Invisibles (2016), esta vez comparto la mía, spoilers mediante.

Lo primero que destaca de este primer volumen —la recopilación de relatos de Ken Liu cuenta con un segundo libro— es el grabado de la portada con caracteres hanzi. Sobre el título españolizado como “Planetas invisibles” podemos leer en chino “看不见的星球” (kàn bùjiàn de xīngqiú), cuya traducción sería “Los planetas que no pueden ser vistos”. Invisible se lee “无形” (wúxíng).

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Con este libro, Ken Liu trata de acercar al lector occidental a la riqueza y heterogeneidad de la escritura china. Y, a mi juicio, lo ha logrado en España gracias a la inestimable ayuda de David Tejera Expósito y Manuel de los Reyes. Es fascinante constatar lo cerca que se encuentran algunos estilos chinos de escritura con la forma que damos a nuestros relatos en occidente.

Así, el primer relato presentado por Ken Liu, El año de la rata (鼠年, shǔ nián, 2009), de Chen Qiufan, tiene notables puntos de unión con otros libros conocidos en occidente como: La guerra interminable (The forever war, 1974), de Joe Haldeman, en cuanto a la lucha contra un enemigo desconocido; con Starship Troopers, de Robert A. Heinlein en 1959, tanto en el aspecto militar como en la ganancia de puntos de ciudadanía por entrar en la milicia; o con Metro 2033 (Метро 2033, 2005), de Dmitri Glujovski, por las connotaciones comunistas y la empatía hacia el enemigo.

Pudiera ser que Chen Qiufan se hubiese inspirado en lecturas previas, así como que existen una serie de valores humanos universales que trascienden las fronteras entre países, así como las barreras idiomáticas o culturales. Leyendo a Xia Jia, la siguiente autora de la colección, y su relato Cientos de fantasmas desfilan esta noche (百鬼夜行街, bǎi guǐ yèxíng jiē, 2010), uno tiene la sensación de estar disfrutando la antología americojaponesa Animatrix (2003) o la estadounidense Love, Death & Robots (2019).

Del siguiente autor, Ma Boyong, Ken Liu destaca el impresionante relato La ciudad del silencio (寂静之城, jìjìng zhī chéng), que tiene evidentes connotaciones políticas ‘escondidas’ y apunta casi directamente a 1984 (1949), de George Orwell. Aunque en la introducción de la antología Ken Liu se informa de que no se puede interpretar este relato como una crítica a la censura china, la estrategia se parece demasiado a la que usaban los científicos frente a la censura religiosa: primero calificaban su obra como hipotética y a partir de ahí tenían vía libre para criticar hasta quedarse a gusto.

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Y así podríamos continuar por el resto de autores. El autor de la antología destaca la “dificultad para retirar el velo occidental y su prisma”, pero la verdad es que este volumen, españolizado en algunas secciones, cabría a la perfección en cualquier antología nacional. Retirados los caracteres chinos, no destacaría entre a Los demonios exteriores (2016), de David Rubio y OBSCURA: Diez relatos (2020), de varios autores.

A pesar de que sin duda la ciencia ficción china tiene cierta huella identificativa, la realidad es que aborda los mismos temas ya clásicos de la ciencia ficción de cualquier otra parte del mundo: sobrepoblación, prostitución, servicio militar, lucha de clases, gentrificación, capitalismo, estratificación social, etc, la mayoría bajo una pátina de futurología aceptable y realismo coherente.

Si cualquiera de estas obras se llevase a la pantalla, no distaría demasiado de películas como Robot & Frank (2012), Sleep Dealer (2008) o Surrogates (2009). A pesar de que en la República Popular China el género de la ciencia ficción fue prohibido entre los años 1983 y 1984 durante la ‘Campaña contra la polución espiritual’ lo cierto es que los chinos ansían tratar todos estos temas.

A título personal he sido incapaz de lidiar con la escritura metafórica de Cheng Jingbo en La tumba de las luciérnagas (萤火虫之墓, yínghuǒchóng zhī mù), algo por lo que asumo toda la culpa. Mi cerebro se ve incapaz de pensar en términos tan abstractos, siendo imposible anclarse a nada. Por lo demás, esta antología supone un 10 sobre 10 por el mero hecho de acercar culturas con tanto talento.

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