Animales feroces, novela firmada por Manuel Buriel, es una fábula comunista, un libro de confesiones, una novela de fantasmas y un artefacto literario imposible de clasificar. Todo eso al mismo tiempo. Su autora, Manuela Buriel, es un personaje al que yo conocí en Leyenda mayor de Ian Curtis, una rara avis editorial que entonces firmaba Colectivo Juan de Madre. Y este “colectivo” engloba una obra particular, difícilmente definible; una sucesión de seudónimos cuyo grueso creativo se ha editado en Aristas Martínez. Hablamos, en mi opinión de algunas de las mejores novelas de género originales en castellano de las que podemos disfrutar, véase El barbero y el súperhombre, New Mynd o La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías.

Bajo este auspicio aparece Animales feroces.

Arcas ha cumplido dieciséis años y debe abandonar el Pueblo para ir al Instituto. A través de la relación epistolar que mantiene con su amigo de la infancia, Simón Pedro, y de las conversaciones con el fantasma de su abuela Lucero, asistiremos a un viaje iniciático: una metamorfosis que despertará su conciencia de clase y especie.

Dividida en dos narraciones diferentes, por un lado las cartas que el protagonista escribe a un viejo amigo, y por el otro las conversaciones que tiene con el fantasma de su abuela (reencarnado en animal), Animales feroces resulta en una lectura imaginativa y llena de luz. Las obras que se recogen bajo el Colectivo Juan de Madre (al menos las que he podido leer) hacen gala de mucha imaginación, pero la narración suele ser cínica, llena de humor negro, de momentos en que el weird rompe con todo lo que el lector podía suponer sobre la literatura de género. Aunque Animales feroces es fácilmente reconocible dentro de este modus operandi, hace gala de una ternura que no había leído antes. Recoge la tradición de la fábula para hablar de lucha de clases, pero también para hablar sobre identidad, incluso sobre la búsqueda de un todo más poderoso que nosotros mismos. Una especie de búsqueda de un ser superior, o de un estado de conciencia superior, que entronca directamente con las obsesiones filosóficas que suelen colmar los libros de Colectivo Juan de Madre (y sus identidades).

De este modo, el lector conocido puede sentirse a gusto, con el placer de leer algo que ya le suena, reconocible. El lector nueva seguramente se encuentre con la obra más amable para empezar a leer la obra de este autor (o autores). La más tradicional, se podría decir, aunque al final se vuelve loca, recuerda que es, ante todo, una novela que coquetea con el weird, y la propia maquetación de las últimas páginas nos lo recuerdan.

Sí, los tetramorfos son como los cuatro evangelistas; aquellos que relataron la vida de Jesús. Cada uno conserva el cuerpo humano, pero sus cabezas son las de cuatro animales diferentes: león, águila, toro y hombre.”– Animales feroces. 

El tema central es, ante todo, la lucha de clases. De ahí que hablemos de fábula comunista. Y no utilizo el término “fábula” a la ligera, pues este es precisamente el recurso que utiliza su autor(a): el de una fábula con animales que se comunican, que entran y salen de la historia, a veces convertidos en metáforas, otras en personajes de propio derecho.

Ilustraciones interiores de Borja González

Quizás Animales feroces sea demasiado personal, demasiado autocomplaciente, y aunque el lector se encariña fácilmente con ella, queda algo deslucida si la comparamos con el resto de obras publicadas bajo el Colectivo Juan de Madre. Tal vez porque sea una fábula, quizás por lo suave de su tono, por el cariño que pone al dibujar unos pocos personajes, unos pocos momentos; unas pinceladas de escenarios y ya está, tenemos un cuento. Quizás por eso Manuel Buriel cobra vida y firma por derecho propia esta novela, para desmarcarse de lo que viene haciendo el autor. Quién sabe.

Como lector asiduo de Colectivo Juan de Madre, esta me ha parecido una obra más relajadas, pero también menos ambiciosa. Bellamente escrita, hermosa también en sus ideas y en sus temas, pero con menos elegancia que otras veces, con menos virtuosismo literario y narrativo. Una obra tremendamente personal, o eso parece, aunque enfrentado a un puñado de seudónimos que se comportan como autores independientes (y a veces como un todo), quién puede asegurar lo que es personal y lo que no. La novela más accesible de Colectivo Juan de Madre, la menos representativa de su estilo; un cuento comunista, un puñado de entrañables personajes a los que amar, una ausencia y algún te quiero. Animales feroces es una lectura para días de lluvia, noches sin luna.

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