¿Sabes ese tipo de señora a la que pillan mintiendo pero defiende hasta el último segundo que debe tratarse de un error, atacando a cualquiera que lo ponga en duda? Ahora imagina que encierras a esta señora en una habitación y le otorgas el superpoder de la escritura en blog masivo como es Weibo, de forma que cualquiera pueda mirar dentro de su cerebro. Esa señora es Wang Fang, y Diario de Wuhan (2020) son sus apasionadas publicaciones.

Wang Fang (汪芳; nacida el 11 de mayo de 1955), es una famosa escritora china, un encomiable hito personal que justifica en modo alguno sus continuas quejas o el hecho de que se observe a sí misma como el adalid de la verdad. Leer este libro es como aterrizar en la mente de una señora random, con la particularidad de que esta señora estuvo en Wuhan en toda la epidemia.

portada del libro 'Diario de Wuhan' (2020) de Fang Fang

Diario de una señora al borde de la histeria

Una forma de previsualizar el libro de Diario de Wuhan (2020) es entender que este podría haber sido escrito por tu cuñada, suponiendo que tu cuñada sepa publicar en línea. El hecho de que Fang se haya criado y viva en el otro lado del mundo parece no entrar en conflicto con ser igual de doloroso que entrar en la mente de la quejica Helen Lovejoy (Los Simpson), con un chorreo constante de:

“¿Es que nadie piensa en los [ponga su colectivo favorito]?”

en el que el tema principal es ‘usted mal, yo bien’. Sumado a elevadas dosis de bochornosos invents, quizá fruto de la edad, el aburrimiento o el hecho de que no le haga caso ni el gobierno (contra el cual arremete sin cesar en busca de casito), llega incluso a inventarse enemigos imaginarios en un fantástico alarde de paranoia.

El límite lo pone en dedicar casi tres capítulos del libro, tres días, a insultar a un chaval de instituto porque su escritura particularmente madura le hace sospechar que sus enemigos andan detrás del escrito. Primero niega de su existencia, luego le insulta y a continuación pasa a apiadarse de las pobres almas atormentadas tras el texto. Pobre chaval, por cierto, que solo buscaba consejo de una escritora de élite.

Que nadie me entienda mal. Aunque la personalidad de Wang Fang tenga como nota una de cinco estrellas (¿Se pueden dar cero?), su diario tiene un cinco por lo que supone la experiencia de asomarse a la mente del otro lado del mundo… y descubrir que es igual de mediocre que cualquier mente local. Es un libro que merece ser leído. Diría que es casi obligatorio para descubrir semejanzas.

 

Miles de puntos de contacto entre culturas

Con semejante presentación pareciera que el mejor consejo viable es huir de Wang Fang como de la peste, pero no es esta la intención de la reseña. De hecho, insisto en hacer un llamamiento generalizado a la lectura de este libro. Como norma general recomiendo libros en base a perfiles o gustos previos, pero este será una excepción debido a su interés. Y es que todos, en cualquier parte del mundo, hemos vivido la pandemia.

Diario de Wuhan es uno de esos libros que merecen ser leídos para descubrir con infinitos puntos de contacto entre culturas, que a menudo están muchísimo más cerca de lo que creemos. La mayoría de los lectores se sentirán identificados con la siguiente lista corta de citas textuales del diario, elegidas por su relación con la pandemia (hay muchas otras de temas como la cocina, el ocio, las quejas al gobierno, etc).

Todas estas frases podrían haber encajado sin problema en España:

  • “Estamos alcanzando por fin el punto de inflexión en la evolución de la epidemia”. 16 de febrero. Aún quedaba más de un mes de confinamiento.
  • “El Gobierno acaba de endurecer las medidas del confinamiento: todo el mundo tiene que permanecer en casa”. 17 de febrero.
  • “Con el confinamiento obligatorio […] las empresas de comercio electrónico también están reajustando su modelo de venta. […] Los vendedores en línea han puesto a trabajar de manera flexible y eficaz, ofreciendo todo tipo de «entrega sin contacto»”. 17 de febrero.
  • “La primera vez que oí el anuncio del confinamiento ni se me pasó por la cabeza que podría durar tanto”. 18 de febrero.
  • “Quedaos en casa sin salir. De lo contrario todo el riesgo que hemos corrido habrá sido en vano”. 20 de febrero.
  • “El descenso drástico [de contagios] se debe a que se han modificado los criterios de evaluación”. 20 de febrero.
  • “Una cuarentena duradera no es una solución duradera: ni el país ni la gente serían capaces de aguantarlo”. 21 de febrero.
  • “No comprendo por qué sigue transmitiéndose el coronavirus, cuando la ciudad lleva cerrada más de un mes”. 25 de febrero.
  • “¿Por qué ha habido tantos contagios entre los médicos y personal sanitario?”. 9 de marzo.
  • “Ya no quiero ni salir; sólo tengo ganas de estar en mi piso”. 11 de marzo.
  • “Hay muchas familias y empresas que ya no pueden soportar un día más esta cuarentena”. 15 de marzo.
  • “Personas de todas las profesiones y condiciones sociales se han unido para expresar a estos ángeles de blanco [los médicos] su más sincera gratitud”. 17 de marzo.

Si Diario de Wuhan resulta interesante es porque podría haber sido escrito en cualquier lugar del mundo. Fue escrito en la capital de Hubei porque fue allí donde vivía (y se aburría) Fang. Sin embargo, se vieron experiencias similares en Italia y España con pocos meses de diferencia. En estos países también hay un importante número de escritores con dotes de cuñadismo, claro.

Dejad de difundir rumores… que para eso estoy yo

A lo largo del libro Wang Fang consulta con lo que parece ser un puñado de médicos que poseen, entre otras facultades, la capacidad de no tener nombre, así como la de recomendar a menudo aspectos de la realidad con los que Wang Fang está de acuerdo. Así, cuando ella sospecha que las autoridades les están engañando, aparece un médico para decir que las cifras reales se minimizan.

Cuando Wang Fang sospecha que todo el mundo debería hacer algo, casualmente siempre localiza a un compañero médico indocumentable que le envía un correo resolviendo la duda del modo en que Fang lo solicitó. Y eso implica recomendar hierbas ‘medicinales’ (que no lo son, claro) y ‘medicina tradicional china’ (véase algo que no puede considerarse medicina).

El nivel de rumorología que es capaz de publicar esta señora supera todas las métricas, pero si hay una frase significativa respecto a difundir rumores es la que escribe a 26 de febrero: “El auge de las teorías de la conspiración ha llegado para convertirse en parte habitual de nuestra sociedad humana”. Tanto antes como después compartirá varios centenares de conspiranoias con alegría.

En cuanto a magufadas y cuñadismos esta señora de Wuhan tampoco se queda corta. Destacan dos páginas del día 17 de febrero. En ellas otro amigo médico indocumentado le entrega una ristra de cuatro puntos, dos de los cuales directamente pasan por conversación de bar. Si de verdad hay un médico detrás, igual habría que revisarle la licencia.

dos páginas del libro 'Diario de Wuhan' (2020) de Fang Fang, repletas de gilipolleces

El diario de una señora ofendida

La ira de Wang Fang no tiene límites. Si alguien se pone por delante, no dudará antes de llevárselo por delante. Y eso incluye a sus colegas de profesión, destacando el ataque sistemático a todos los periodistas que no opinen como ella, a los que define como “esa gente debe ir por la vida rebosando ira contenida” para acto seguido ponerse a insultar a un periodista y a un usuario de Weibo al que llama “idiota sin sentido común”.

Pero no solo despotrica sobre los periodistas. Lo hace también de la organización de los médicos, de los políticos, del sistema de avisos de salud, del sistema de conteo de infectados, de los comunicados oficiales, de las aplicaciones, del sistema para pedir comida, de que haya cuarentena, de que no haya cuarentena, etc. Para leer a Fang hay que entender que ella siempre tiene razón.

Así, cuando a ella le censuran los artículos hablamos de graves crímenes contra la inocente libertad de expresión, pero cuando se los retiran a los articulistas que a ella no le gustan, entonces hablamos de justicia social.

Y cuando catedráticos de la Universidad de Pekín de la talla de Zhang Yiwu (1962) llaman la atención sobre la conspiranioa de la autora, sobre el ataque al pobre estudiante e incluso sobre la manipulación de fotografías por parte de de Fang para reflotar su diario (literalmente Zhang escribe “no puedes inventarte una información para engañar a todos esos inocentes lectores que confían en ti”); esta se remite a sentirse ofendida o a señalar que debe tratarse de un error por parte de Zhang, especulando que quizá leyó un resumen de su diario, para a continuación dedicar los tres siguientes párrafos a criticar la obra de Zhang que, por otra parte, es brillante. La capacidad de esta señora de ubicarse moralmente por encima de cualquiera es fascinante.

Aprender sobre China de los actos cotidianos

Uno de los puntos a destacar del libro es cómo desmonta, desde la perspectiva de una señora con relativo poder social —ha ganado muchos premios y ejercicio importantes roles de dirección en diferentes colectivos de escritores—  algunas de las nociones que tenemos sobre China como, por ejemplo, que uno no puede criticar al gobierno. Ella no para de hacerlo. Es un continuum.

sobre el libro 'Diario de Wuhan' se observan decenas de postits de colores, con predominancia del verde y del azul

Los posits de color verde indican aquellas páginas en las que las críticas de Fang contra el Gobierno chino y el Partido Comunista son completamente visibles. He contado más de 100 críticas directas y por lo menos diez insultos a cargos conocidos. Descartando añadir también las críticas veladas, que hay muchas más, es evidente que uno puede quejarse y quedarse a gusto.

Aunque la censura está ahí, claro. A veces en minutos, a veces en horas o días, los artículos de Fang en Weibo tienden a desaparecer, aunque no queda claro si se trata de un gobierno en la sombra o son los propios usuarios de la plataforma los que denuncian a la señora. Lo que es seguro es que casi todos sus artículos son borrados con el tiempo.

Diario de Wuhan es un fantástico ejemplo de cómo es la sociedad china, cómo ven a sus líderes y cómo la mayoría están interesados en sistemas de mejora política. También es un buen ejemplo de la cultura culinaria, las relaciones interpersonales, las preocupaciones de los wuhaneses (spoiler: son las mismas que las tuyas) o la forma en que ven el mundo.

Solo por tener la oportunidad de leer sobre otras culturas y aprender de nuestras semejanzas ya merece la pena aguantar 474 páginas de quejas constantes. Teniendo en cuenta, claro, que reinan los invents, una negligente praxis médica y que todos los demás tienen la culpa de todo, a diferencia de la pobre Fang, tan buena y perfecta ella.

diario de wuhan portada

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Imágenes | M. Martínez @Euklidiadas

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