El pequeño libro del lenguaje de David Crystal

En una ocasión, hablando por redes sociales sobre las lenguas, alguien expuso una idea un tanto inexacta. Cuando le hice ver su imprecisión, la persona en cuestión y muchos de sus seguidores se mostraron ofendidos, como si exponer el punto de vista de alguien que ha estudiado lingüística fuera algo pretencioso, como si al hacerlo simplemente estuviera expresando una opinión más, y no el funcionamiento correcto de la lenguas, o como si cualquiera pudiera opinar sobre este tema. ¿Por qué no habrían de hacerlo si la lengua es algo que todos estamos usando constantemente a lo largo del día y de nuestras vidas? Pero pensar eso tiene tanto sentido como creer que por el simple hecho de respirar oxígeno nos convertirnos en químicos. Leer libros como el de David Crystal, El pequeño libro del lenguaje, es más que suficiente para poder hablar de estos asuntos con conocimiento de causa.

Al fin y al cabo, David Crystal no solo es un especialista en lenguas de reconocida fama, con decenas de libros a sus espaldas, sino que también es editor, conferenciante y profesor de lingüística en la Universidad de Gales, en Bangor. Y aunque El pequeño libro del lenguaje es un ensayo escrito sobre todo para jóvenes y para principiantes en el área de los idiomas, todo tipo de lectores puede disfrutarlo, por la forma concisa, lúcida y humorística en la que su autor enfoca el tema, de forma que cualquiera pueda entenderlo, desde su introducción hasta el tratamiento que hace de conceptos como los de habla, gramática, etimología, jergas, o lenguaje.

Tal vez parte de lo que expone Crystal suene familiar (después de todo, como decíamos antes, todo el mundo usa el lenguaje), pero el lingüista consigue llenar su ensayo de curiosidades, haciendo un texto con un enorme atractivo. ¿Sabías, por ejemplo, que hasta los nueve meses los bebés no comienzan a sonar como sus padres, es decir, que hasta ese momento los bebés franceses no empiezan a hacer sonidos en francés o los bebés chinos en chino? ¿O que en la Edad Media, la palabra carne, en inglés, significaba no solo la carne de los animales, sino toda la comida, un significado que sobrevive en algún que otro uso? ¿O que hay más de 6.000 idiomas en el mundo y que se extingue uno cada dos semanas? En cada uno de sus 40 capítulos, Crystal descubre los secretos del lenguaje, de forma que el lector no se pierda, a pesar de abordar conceptos que tienen una cierta complejidad.

Estructurado en un orden progresivo, los primeros capítulos abordan las etapas del desarrollo del lenguaje en los bebés, enfatizando el papel de los padres en el proceso. No importa dónde nazcan o cómo hablen su madre y su padre, en sus primeros meses de vida los bebés de todo el mundo emiten los mismos sonidos para diferentes situaciones, como dolor, satisfacción o hambre. A continuación, Crystal se aproxima a la gramática y describe la magia que ocurre cuando se combinan los sonidos. Por supuesto, también se habla sobre el aprendizaje de la lectura y de la escritura, de familiarizarse con la ortografía, de sus reglas y variaciones, de los acentos y de los dialectos. Todo ello como formas de mostrar la procedencia y la identidad de las personas. Ahora bien, recuerda también que aproximadamente tres cuartas partes del mundo crecen hablando dos o tres idiomas y que de alguna forma la mayor parte de países pueden considerarse multilingües. Para desgranar estos conceptos se habla de las familias lingüísticas.

Crystal retrocede en el tiempo y muestra los orígenes del lenguaje y de la escritura, así como su evolución en el tiempo hasta ser lo que actualmente es, especialmente en la creación del alfabeto moderno. En el caso del inglés (y de tantas otras lenguas), en la Edad Media no existía una ortografía estándar; sin embargo, en el siglo XVIII esta situación cambió y la ortografía se convirtió en una forma de saber si una persona tenía educación o no. Además, explica las razones por las que la ortografía del inglés es tan compleja, incidiendo en las diferencias entre el inglés británico y el estadounidense.

Después de hablar de los idiomas moribundos, pasa a analizar los conceptos de cambio y variación lingüística, desde un enfoque sociolingüístico. Esto da pie a hablar de las jergas y de los argots, así como de los diccionarios, que recogerían el significado estándar y denotativo de cada palabra y de su etimología, que nos da cuenta de la evolución histórica de su significado y de su forma, ejemplificándolo con los nombres de lugares y de personas.

La última parte del libro se detiene en lo que la revolución tecnológica ha supuesto para el lenguaje (es quizá la parte que se ha quedado un poco más desfasada, porque la primera edición del libro es de 2010 y la década que hay por en medio pesa ya sobre la cuestión tecnológica), así como un batiburrillo de temas en los que se detiene en distintos usos del lenguaje (con especial mención al lenguaje literario y a la necesidad de desarrollar un estilo propio) y, por último, ofrece un punto de vista bastante general sobre la lingüística y sobre la lingüística aplicada.

Con El pequeño libro del lenguaje Crystal demuestra, de muchas maneras, que el lenguaje es algo en constante cambio. Las palabras y los usos van y vienen. El ejemplo perfecto son los diccionarios, que quedan desfasados cada cinco años (tratar de mantenerlo después de ese tiempo es como tener un móvil antiguo). Aunque su punto de vista a veces roza lo catastrófico, cuando habla, por ejemplo de la muerte de las lenguas, su enfoque es fundamentalmente optimista. Así, se muestra a favor de los mensajes de texto, ya que aunque admite que suponen una corrupción de las normas, para poder hacerlo primero hay que saber cómo se escribe. Erudito, pero al mismo tiempo divulgativo, con un punto de humor que lo hace muy agradable, el libro de Crystal tiene un enorme valor para todo aquel que quiera saber cómo funciona el lenguaje y, sin duda, nos brindará un buen puñado de datos y curiosidades para embobar a cualquiera en una conversación.

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