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En numerosas ocasiones nos hemos posicionado en La piedra de Sísifo a favor de escribir a mano ‒puedes ver ejemplos aquí, aquí, aquí o aquí‒. Ahora, en un momento en que los centros educativos se están volviendo cada vez más digitales, un nuevo estudio sobre el cerebro realizado por la NTNU, la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, muestra que escribir a mano ayuda a los niños a aprender más y a recordar mejor. La profesora Audrey Van der Meer y su equipo, que ya habían analizado la actividad cerebral de veinte estudiantes en 2017, ahora publica un estudio en el que ha examinado la actividad cerebral en doce jóvenes y doce niños.

Ambos estudios han utilizado la tecnología de electroencefalografía (EEG) para rastrear y registrar la actividad de las ondas cerebrales. Los participantes usaron una capucha con más de 250 electrodos conectados y que permite recoger los impulsos eléctricos del cerebro cuando está activo. Tras un examen por persona de cuarenta y cinco minutos, los resultados mostraron que el cerebro de los participantes, jóvenes y niños, era mucho más activo cuando se escribía a mano que cuando se hacía en un teclado.

«El uso de lápiz y el papel le da al cerebro más ‘ganchos’ para colgar sus recuerdos. Escribir a mano crea mucha más actividad en las partes sensoriomotoras del cerebro. Muchos sentidos se activan al presionar el lápiz sobre el papel, al ver las letras que escribes y al escuchar el sonido que haces al escribir. Estas experiencias sensoriales crean contacto entre diferentes partes del cerebro y abren el cerebro para el aprendizaje. Aprendemos mejor y recordamos mejor», dice Van der Meer. Esto hace, añade, que «cuando escribes una lista de compras o notas de clase a mano recuerdes mejor el contenido después».

Van der Meer admite que estos resultados suponen un verdadero reto, ya que inciden en la necesidad de que los niños usen sus manos para dibujar y escribir a edad temprana, especialmente en la escuela. Según un estudio de 2019, los adolescentes pasan una media de siete horas enganchados a las pantallas, y otro estudio de 2018 relacionó estos hábitos con un aumento en los niveles de ansiedad y depresión. Si ya de por sí el tiempo de ocio de los niños y jóvenes ya incluía pantallas, ahora esta tendencia se ve todavía más reforzada por el énfasis que se le está dando desde la escuela a las nuevas tecnologías. «Teniendo en cuenta el desarrollo de los últimos años, corremos el riesgo de que una o más generaciones pierdan la capacidad de escribir a mano. Nuestra investigación y la de otros muestran que esto sería una consecuencia muy desafortunada», dice Meer. Es por eso que advierte que deberían establecerse directrices nacionales que garantizaran que los niños reciban al menos un mínimo de formación en escritura a mano. Tal vez parezca exagerado, pero en Noruega y Finlandia muchas escuelas se han vuelto completamente digitales y ya no trabajan con la escritura a mano.

En el debate sobre la escritura a mano o el uso del teclado en la escuela, algunos expertos creen que los teclados generan menos frustración en los niños, ya que permiten que los niños escriban textos más largos y hacen que estén más motivados. Según Van der Meer, «aprender a escribir a mano es un proceso un poco más lento, pero es importante que los niños pasen por esta agotadora fase. Los intrincados movimientos de las manos y la forma de las letras son beneficiosos de por varios motivos. Mientras que si se usa un teclado, se usa el mismo movimiento para cada letra, escribir a mano requiere controlar la motricidad fina y los sentidos. Es importante poner el cerebro en un estado de aprendizaje con la mayor frecuencia posible […] Si no desafiamos a nuestro cerebro, no podrá alcanzar su máximo potencial. Y eso puede afectar el rendimiento escolar».

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