Hong Xiuquan

Hong Xiuquan

   Hong Xiuquan nació el 1 de enero de 1814 en el seno de una humilde familia de granjeros en un pueblecito de la provincia de Guangdong. Su familia hizo auténticos sacrificios para proporcionarle una educación, así que Hong se formó hasta donde sus escasos recursos económicos le permitieron. En 1836 se encontraba en Guangzhou para hacer un examen cuando se topó con Edwin Stevens, un misionero evangélico que estaba predicando el cristianismo. Gracias a Stevens y sobre todo a su traductor, Liang Fa, Hong tuvo acceso a algunas traducciones y resúmenes de la Biblia, aunque en un primer momento no les hizo demasiado caso. Por cierto que Hong no superó el examen en aquella ocasión.

   Al año siguiente, cuando Hong volvió a suspender ese mismo examen, sufrió un colapso nervioso que desembocó en toda una suerte de sueños vívidos que interpretó como visiones místicas. En estos sueños Hong vio a Confucio siendo castigado por su falta de fe, fue visitado por un anciano y por ángeles que lo transportaron al cielo, donde se encontró con una especie de hermano que le entregó una espada y un sello mágico y le pidió que limpiara China de los demonios. Después de estas visiones Hong abandonó definitivamente los estudios y se convirtió en maestro. Años después, recordando la precaria formación cristiana que había adquirido, identificaría al anciano con Dios y al hermano con Jesucristo. Esta interpretación le llevó a pensar que él era hijo de Dios ‒y hermano pequeño de Jesucristo‒ y que le había sido encomendada la tarea de transmitir la palabra de su Padre y de destruir el culto a los falsos ídolos.

   Así fue cómo empezó a quemar, junto a los primeros conversos, todas las estatuas y libros confucianos y budistas que iba encontrando en su camino ‒lo que provocó la ira de las autoridades locales‒, al tiempo que predicaba su religión, un culto conocido con el nombre de «Adoradores de Dios», que era una curiosa y personal interpretación del cristianismo, basada sobre todo en los escritos de Liang Fa.

Batalla de Wangjiakou (1854)

Batalla de Wangjiakou (1854)

   No tuvo grandes dificultades para ganarse el favor de la etnia Hakka, que vivía en unas lamentables condiciones y veía en sus palabras un rayo de esperanza. Para finales de la década de 1840 ya había conseguido reunir a una cantidad bastante considerable de fieles. En 1850 la secta, con un número de seguidores comprendido entre los 10.000 y los 30.000, empezó a militarizarse peligrosamente, convirtiéndose en una suerte de guerrilla. Ante esta alarmante situación las autoridades ordenaron que se disolviera de inmediato. Como Hong se negó a hacerlo fueron enviadas tropas imperiales que sus fieles consiguieron derrotar sin grandes problemas, dando así comienzo a la sangrienta Rebelión Taiping. Tras esta primera victoria Hong proclamó el «Reino Celestial de la Gran Paz» y se declaró a sí mismo como «Rey Celestial». Más adelante establecería la capital en Nankín e iniciaría un ambicioso programa de reformas.

   Las tropas de Hong, bautizadas con el nombre de «Ejército del Amor», actuaban de forma sangrienta e implacable, movidos por una disciplina extrema y un fanatismo ciego. En 1856 llegaron a formar parte de sus filas aproximadamente un millón de soldados, una cifra que para 1860 habría que situar cerca de los tres millones. Ese mismo año, tras un intento fallido de tomar Shanghai, las fuerzas del gobierno de Qing, ayudados por funcionarios occidentales, empezaron a ganarles terreno a los rebeldes. La Rebelión Taiping se prolongó hasta 1864. Después de comprender que no podría vencer Hong decidió quitarse la vida, el 1 de junio de ese mismo año.

   La guerra producida a raíz de las visiones del que se consideraba hermano menor de Jesucristo ha llegado a considerarse como el conflicto bélico más sangriento antes de la Segunda Guerra Mundial. Las fuentes más fiables estiman el total de muertes en 20 millones de personas, aunque existen algunas fuentes que elevan la cifra hasta los 50 millones.

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